AQUEL OTOÑO
MARIO
J. MARTÍNEZ M.
PRIMERA EDICIÓN
2020
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La Biblioteca Nacional de Nicaragua en calidad de Agencia de ISBN,
declara que bajo el siguiente número de ISBN quedará registrado el siguiente título, identificando
como editor responsable a: Mario
Martínez.
(6/10/2020; 0059060; Mario Martínez Marenco ; US$ 30.00)
N
861.44
M385 Martínez Marenco., Mario J. Aquel otoño / Mario J. Martínez N.
- Managua, 2020.
134 p
ISBN 978-99964-0-814-
1. NOVELA
NICARAGUENSE-SIGLO XXI
2. LITERATURA
NICARAGUENSE Managua, 7 de
Octubre de 2020
Nota del autor:
Todos
los nombres, vicisitudes y diálogos, que aparecen en esta novela son ficticios.
Cualquier nombre parecido con la realidad es pura coincidencia
Casa impresora: SERFOSA.
MANAGUA , NICARAGUA Diseño de portada: Mario J. Martínez Marenco
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INTRODUCCIÓN
La vida de todos seres humanos no es igual, cada persona
tiene su propio camino e historia, la vida que aquí relato en esta novela, está
llena de vicisitudes, en donde predominan, la guerra, los sufrimientos, el
dolor, amor, odio y el perdón.
El ser humano es adaptable a cualquier circunstancia
adversa, está preparado para aceptar su propia realidad que vive, se acostumbra
a la lucha por la sobrevivencia, y a su entorno que le rodea, es un ser que la
cual, unos viven el presente, otros se aferran al pasado, pero siempre en
cualquiera de las circunstancias tratamos de no rendirnos ante las
adversidades, hasta que un día la muerte toca la puerta sin avisarnos el día ni
la hora.
En esta novela encontraremos varias facetas de la vida por
la cual algunos seres humanos han pasado y otros no. Es una de tantas historias que muy
probablemente muchos jóvenes de los años sesenta tuvieron que pasar durante la
guerra del Vietnam. Nuestro principal protagonista, quién siguiendo la
tradición familiar de su padre y abuelo, quienes habían peleado en la primera y
segunda guerra mundial, al llegar a la edad del servicio militar obligatorio,
se enrola como un soldado más, en la guerra del Vietnam.
Llega a aquel mundo en donde, el temor el odio y la muerte
están presentes, en plena juventud en el infierno de la guerra en tierras
lejanas descubre su primer amor a primera vista, el cual los lleva hasta
convertirse, en un amor de juventud sin límites.
El tiempo corre sin detenerse, porque así es la realidad,
el tiempo y la vida caminan juntos de la mano. Este veterano habiendo vivido el
sufrimiento y angustia de la guerra y su primer amor de juventud y amores
posteriores, vuelve aparecer en su vida, el dolor y sufrimientos que lo
persiguen como una sombra hasta el final de existencia.
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Su vida ha trascurrido entre penas y alegrías. Pensando en
lo atormentado de su vida, sentado en un parque frente al mar, dando de comer a
las gaviotas, se envuelve en un largo y retrospectivo y laberíntico soliloquio,
narrándonos sobre su agitada existencia durante sus últimos cincuenta años de
su vida.
El viento y la suave brisa del mar acompañado de su perro
Saigón, más el gaznar de las gaviotas como exigiendo más pan a su asiduo
visitante, no interrumpen su solitaria narración dejando al veterano envuelto
en su pasado.
Un profundo pitazo de un barco arribando a puerto, lo sacan
de su éxtasis, retrospectivo de su vida, es aquí donde termina la narración,
acordándose que tiene una cita con su médico de cabecera, quién termina de
darle como a un toro de lidia, la última estocada final de su vida.
Es aquí en donde en este momento al final de su existencia,
de forma inesperada en que Dios pone las cosas en su lugar, viene a encontrase
con su pasado que dos horas, nos ha narrado en la banca del parque frente al
mar. Es aquí en donde la vida le da esa gran oportunidad de reencontrarse con
su pasado perdido. Es en este momento crucial en donde llega el desenlace al
final, de su existencia, es cuando el odio, rencor y perdón toman su lugar,
dándole la novela un giro inesperado.
Se acerca el otoño, el cual parecía marcar un derrotero en
las mayores vicisitudes en su camino, llevándose al final de su existencia, una
de las más agradables y satisfactorias sorpresas de su vida, un día antes de su
cumpleaños, el veterano habiendo logrado obtener parte de sus sueños, partía
satisfecho de este mundo, viendo desde la ventana del hospital caer, las hojas
de un viejo álamo, él sabía que había llegado al último otoño de su vida.
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La suave brisa del mar se sentía hasta el lugar en
donde estaba sentado junto a su perro de servicio Saigón, en una banca de
concreto el teniente Frederick Jones, debajo de unos frondosos álamos y abetos,
sembrados a lo largo del parque costero de Long Beach en California a orillas
de la entrada de la bahía que da al puerto. Ya había llegado el otoño y las
hojas caídas formaban un manto amarillo en el suelo en la que una u otra ráfaga
de viento, levantaban del suelo, para caer de nuevo lentamente sobre el césped.
Frederick Jones, como era su costumbre todos los días, como
un monje solitario junto con su perro Saigón, por las mañanas como un reloj
inglés, antes de las seis de la mañana cruzaba por el área peatonal de W.
Shoreline Drive. para dirigirse al parque de la bahía desde donde se miraba el
puerto, aquél recorrido como de tres cuadras lo disfrutaba tanto, era para él
un sitio de recreo agradable, qué le ayudaban a mitigar sus penas remontándolo
al pasado. Era un parque tranquilo en donde a través de sus andenes transitaban
jóvenes corriendo, haciendo ejercicios, enamorados agarrados de las manos y
otros paseando con sus mascotas. El borde de los andenes de concreto estaba
sembrado con flores, de todos los colores, todas hermosamente cuidadas por los
jardineros de la municipalidad.
Frederick siempre se dirigía un costado del parque, en
donde todos los días se sentaba en el mismo sitio, para observar la entrada y
salida de los barcos al puerto, así también disfrutaba de la majestuosa salida
del astro rey cuyos rayos, al reflejarse sobre las piedras de la bahía emitían
hermosos destellos de luz dorados, que al proyectarse sobres las aguas de la
bahía, formaban unidos un haz de luz tenue pero encantador, paisaje que
disfrutaba el asiduo visitante desde que era un niño, aquella mañana las
corrientes de aire en libertad provenientes del mar, traían, un aire fresco que
penetraba hasta sus pulmones.
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Frederick siempre llevaba consigo, su
chaqueta de cuero, un bastón labrado de madera fina que terminaba con una
delicada montura de cabeza de león hecha de marfil con dos imitaciones de
diamantes incrustados en sus ojos. Este bastón era una herencia de su padre
Rick Jones, que un amigo se lo había obsequiado en la segunda guerra mundial,
este soldado, había estado en África y lo habían enviado a unirse al regimiento
de mi padre en el desembarco en Normandía.
A este viejo amigo mi padre Rick le había
salvado la vida, arrastrándolo herido en combate a un lugar seguro, en
agradecimiento le había regalado aquél bastón, el cual le contó, a mi padre,
que aquel preciado regalo, tenía su historia, le contaba su amigo que mientras
el combatía en el norte del África bajo las órdenes del General Patton, llegó a
una aldea solitaria al este de su campamento, y se encontró con una mujer sola
y dos niños, su esposo había salido a buscar
alimentos para la familia, las tropas alemanas estaban cerca y él se llevó, en un vehículo
militar a la mujer y los niños al refugio de su campamento para protegerlas del
fuego enemigo, a los dos días regresó a la aldea con la mujer y los niños, y
encontró al viejo llorando desesperado creyendo que su familia había sido
asesinada o secuestrada por las tropas alemanas, en hombre después de
agradecerle, entró a un cuarto dentro de la cabaña y le llevó un bastón, el cual le dijo que era
un obsequio de agradecimiento, agregando, que ese bastón había pertenecido al
jefe de su tribu ya fallecido que este bastón había pasado por varias
generaciones el cual simbolizaba la jefatura de su tribu, y que su padre había
sido el último jefe de esa aldea.
Le contaba que su padre jefe de la
tribu antes de morir le dijo, ahora tu eres el jefe. Al llegar la II guerra
mundial, la tribu huyó al centro del África, la aldea se había quedado vacía
yo, me quedé solo con mi familia ya no había tribu, por lo cual no tenía razón
de seguir guardando aquel símbolo de las viejas tribus africanas. Fue así como
había llegado a las manos de mi padre aquel bastón.
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Recordaba cuando el viejo Rick contaba esta historia del
bastón, que colgaba en la pared de la sala como un trofeo más. Mi padre me
decía, este bastón, cuando yo muera no lo botes guárdalo o úsalo que es un
regalo muy preciado, además es probable que, existan otros pocos regados en
algunas tribus en ese continente. Quién me iba a decir que aquel bastón con
tanta historia era ahora mi soporte, que me ayudaba a caminar por mis lesiones
dejadas por la guerra del Vietnam, el cual luzco con mucho orgullo junto a mi
perro de servicio Saigón el cual es mi única compañía.
Esta visita cotidiana al parque de donde se miraba el
puerto era una vieja costumbre desde
niño, cuando con mis padres visitaba este sitio, no podía faltarnos una bolsa de pan para darle de comer a las
gaviotas a orilla de la bahía, aquellas aves serían la cuarta o quinta
generación desde esa época, sin embargo
reconocían a su asiduo visitante desde muchos años atrás, pareciera que
me estuvieran esperando, se juntan en el mismo lugar y con sus característicos
graznidos, se arremolinan y pelean a picotazos, por los pedazos de pan, que les
daba.
Me senté cerca de la banca donde
acostumbro a hacerlo a disfrutar del hermoso, regalo de la naturaleza, después
de esta rutina casi cotidiana siempre acostumbro a quedarme un rato para
disfrutar de la brisa fresca del mar, después me regreso, a mi hogar o me
dirijo, en autobús público a hacer alguna diligencia personal.
Esta vez opté por quedarme un rato más de lo acostumbrado,
y bajo la sombra de aquellos álamos y abetos, y la suave brisa del mar, como un
niño me quedé dormido en la banca.
En aquel momento mi mente, comenzó a volar recordando, lo
que había sido mi vida cincuenta años atrás, cuán rápido se había ido el tiempo
hasta esa fecha, todo se quedó atrás, y así el teniente Frederick Jones,
comenzó su mente a volar libremente como las gaviotas de la bahía, mientras mi
compañero de soledad Saigón se echó a mis pies, el pitazo de un barco entrando
al majestuoso
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puerto de la bahía, me había medio despertado, haciéndome
recordar las enormes olas del Pacífico Oriental del Vietnam.
Mientras mi mente seguía transportada
a esos años, unas cuantas gaviotas que habían quedado con hambre continuaban
revoloteando a su alrededor graznando en su incomprensible lenguaje, como
exigiendo más alimentos a su habitual visitante, quien sin hacerles caso se
volvió a dormir para continuar con mis recuerdos, mi perro Saigón echado a mi
lado acostado en el césped también parecía disfrutar del paseo.
Y así en aquella mañana fresca de
otoño el teniente Frederick Jones comenzaba con su largo recorrido a través del
tiempo: Mi padre Rick Jones, fue un viejo veterano de la segunda guerra
mundial, condecorado con la medalla del honor por su valentía en el campo de
batalla en territorio francés, después del feroz y multitudinario desembarco de
Normandía de las tropas aliadas conocido en la historia " como el día
"D". El viejo me decía: ves estas medallas aquí, fueron ganadas con
sangre, en nuestras trincheras después del gran desembarco de los aliados, y de
escalar aquellos farallones verticales frente al mar, en las Costas de
Normandía, la lucha se tornó feroz, las tropas alemanas, tenían meses de estar
esperando nuestra invasión y estaban en mejor posición que nosotros, bajo este
infierno una vez en territorio francés, la lucha sería tan terrible, como
nuestro desembarco. Y así fuimos ganando terreno poco a poco, las heridas y raspones no importaban, la lucha
era por la supervivencia, en el que tiene más coraje, mi padre estaba
acostumbrado a ser un soldado rudo, y así en nuestra avanzada, me fui revistiendo
de valor y con la adrenalina al tope, me lanzaba, de trinchera en trinchera,
salvé a muchos soldados arrastrándolos a lugares seguros, siempre estuve al
frente como los valientes, así mis superiores al ver mi valentía, recomendaron
inmediatamente mi ascenso a cabo, después a sargento y por último a
teniente, fui condecorado con la medalla
"
Estrella de plata" al valor en acción frente al enemigo y otra por los
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servicios distinguidos al ejército, al llegar a New York
recuerdo con qué orgullo, lucia mi padre sus medallas en su uniforme en el día
de los veteranos de guerra.
Mi madre Ruth Calvany una profesora de idiomas de una escuela secundaria del área de New York soltera de veinte y ocho años a quién mi padre había conocido en un bar en una noche fría, cuando soldados y el pueblo celebraban con júbilo el final de la segunda guerra mundial, esa noche el teniente Rick Jones ocho años mayor que ella, no sólo había disfrutado bailando y tomando cerveza con soldados del ejército que habían regresado de la guerra, sino, que se había enamorado a primera vista de mi madre Ruth, quién estaba sentada en otra mesa del bar con unas amigas, me contaba mi viejo: fue de esos amores que con la primera mirada hace palpitar más fuerte el corazón, y la mente te dice esta es tu pareja, no la dejes escapar es tuya, la invitó a bailar y desde aquella noche sus vidas se juntaron para siempre. Después del disfrute de aquella de festejo, risas y alegrías Ruth, quién tenía una vida independiente, le invitó a su departamento que rentaba en las afueras de New York en la que pasó la noche, mi padre en esa época seguía sirviendo al ejército, meses después aquella maestra de pelo rubio, tez blanca y una sonrisa a flor de labios, contraería oficialmente matrimonio con mi padre Rick Jones en la ciudad deNew York.
El matrimonio se quedó ocho meses en New York disfrutando
de aquella gran ciudad. Es cuando mis padres deciden trasladarse a vivir en los
Ángeles California, después de rentar un año, un apartamento en los Ángeles
California, con los ahorros de ella como maestra, y de mi padre como supervisor
de carga en el puerto Long Beach, lograron adquirir una modesta vivienda
ubicada en Bird way Street del área de Long Beach.
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En pleno otoño un veinte de octubre del año 1947 llegué al
mundo, me bautizaron como Frederick Jones, del mismo nombre de mi abuelo
paterno ya fallecido el cual no conocí, él babia muerto muchos años atrás,
había peleado en la primera guerra mundial no alcanzando ver los honores a su
hijo su hijo Rick Jones, después de la II guerra mundial.
Crecí como un niño normal juguetón
con las facilidades económicas que mis padres me podían dar, tenía mi cuarto
solo y mi guitarra con la cual pasaba horas ensayando y leyendo aventuras
infantiles, desde muy temprano adquirí disciplina dado el carácter fuerte de mi
padre, logré, adquirir disciplina y lo cual me ayudaron a desenvolverme rápido
en la escuela alejándome de los vicios de las drogas que a otros muchachos de
mi edad los llevaría a la perdición.
Recuerdo a mi padre Rick en sus días
libres con una camiseta y gorra militar la cual decía veterano, la cual lucía
con orgullo, los fines de semanas con mi madre Ruth Calvany y yo, cuando veníamos
a este mismo parque de la bahía del puerto, mi madre se ponía a caminar a
observar las flores del parque, mientras mi padre y yo con nuestros guantes de
beisbol y pelota nos poníamos a tirar algunas lanzamientos, ella siempre
llevaba una bolsa de pan para las gaviotas, nos sentábamos en esta misma banca
donde estoy y después de un rato
regresábamos a casa para que mi madre preparará nuestro almuerzo, aunque
ella al comienzo sabía muy poco de cocina, después de casarse, se había
convertido en una experta culinaria preparándonos delicias que hacían disfrutar
a nuestros paladares, era una experta en preparar unas chuletas de puerco en
salsa con papas fritas, como disfrutaba yo ese almuerzo, ella sabía que aquél
era mi plato preferido.
Hasta este momento, mi vida estaba
llena de recuerdos unos alegres como los que viví siendo niño y otros tristes
como los de cualquier persona, ¿me preguntaba en mi interior----? cuántos años
has vivido Frederick, por cuántas cosas has tenido que pasar?
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Entre los recuerdos tristes de mi adolescencia están la
muerte de mi madre Ruth Calvany a muy corta edad, parece que ella no había
quedado bien después de la cesárea que le realizaron en mi nacimiento, se
quejaba de dolores de estómago constantemente, razón por la cual en compañía de
mi padre siendo yo un niño visitábamos frecuentemente al ginecólogo lo que
resultó en un cáncer uterino, fueron días angustiosos para mi
padre asistiendo a sus sesiones de quimioterapia que le hacían vomitar,
perder peso y botar su hermoso cabello
rubio, y así lentamente su situación fue poco a poco empeorando, convirtiéndose
su vida en una pesadilla.
Hasta que un día su débil cuerpo no pudo resistir más,
aquella terrible enfermedad la había vencido, su muerte le había llegado a la
temprana edad de cuarenta años. La muerte de su adorada Ruth nos, hundió a mi
padre, Rick y a mí en un dolor de esos que es muy difícil de vencer y que sólo
el tiempo puede borrar.
Yo era un niño de tan sólo diez años, pero ambos sentíamos
aquél vacío de su presencia, mi padre Rick un hombre entero de cuarenta y
ochos, años de estricta disciplina militar, trataba de disimular aquel dolor
que escondía en su condición humana, hasta que llegó el momento en que no pudo
más y se quebró, como quién derriba un árbol gigantesco, y tratando de
apaciguar su profunda pena por la muerte de mi madre, se lanzó a los brazos del
Dios Baco. Fueron para mi días difíciles de mucha angustia, de regaños constantes de mi padre motivado por su pena, el ya no era el mismo, yo me encontraba en esos
momentos en un mundo solitario, en donde sentí que todo se derrumbaba a mi
lado, mi único consuelo eran algunos amigos de escuela y Michelle Dickson, una
profesora de literatura amiga mi madre que daba clases de la misma escuela en
donde mi madre enseñaba, conociendo de
mi soledad los fines de semana y los días de vacaciones, me llegaban a traer ella y su esposo Gregory
muy de seguido para llevarme a su casa, el matrimonio solo tienen una hija muy
pequeña de nombre Fanny, mientras su pequeña hija se
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divertía con sus muñecas con sus amiguitas, yo
disfrutaba de aquella estadía leyendo en la biblioteca que tenía la
señora Dickson varias colecciones completas de muchos autores entre ellas: del
gran visionario Frances Julio Verne, el cual recuerdo haber leído varias veces: La vuelta al mundo
en ochenta días, viaje al centro de la tierra, veinte mil leguas de viaje
submarino, etc., también tenía una colección completa del gran dramaturgo
inglés William Shakespeare y su Romeo y Julieta, del francés Víctor Hugo, de James Joyce y su protagonista ficticio de
Robinson Crusoe y del gran Ernest Hemingway y su historia de coraje y
triunfo del viejo y el mar.
Tras la partida de mi madre, mi vida
a los diez años se había partido en dos mitades me sentía solitario y
confundido, mi único refugio eran la escuela y la casa de la señora Dickson,
mientras mi padre seguía en su estado depresivo, hundido en el mundo del
alcohol, ahogando su dolor que sólo él lo podía expresar. No me podía imaginar
cómo un hombre tan disciplinado en el ejército y de carácter fuerte, estuviera
en aquel mundo perdido en el vicio.
Después de dos años como una corriente indomable que nos
había arrastrado a los dos, por la muerte de mi madre, con la ayuda de Dios que
nunca abandona al que sufre, más el soporte de sus amigos veteranos de las
fuerzas armadas y compañeros de trabajo del puerto, mi padre entra a un
programa de rehabilitación para alcohólicos, quienes logran sacarlo del
infierno depresivo en que se encontraba encerrado.
Así el viejo Rick logró superar esta etapa obscura de su
vida, a sus cincuenta años vuelve a ser el hombre que era antes, aquellos dos
años fueron los más oscuros que habíamos pasado en nuestras vidas, con el
tiempo las penas parecía que se iban quedando atrás, sin embargo, mi mente aún
guardaba el recuerdo de mi madre cuando siendo un niño de cinco años y venían
aquellas grandes tormentas acompañadas de furiosos relámpagos que cubrían el
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cielo como un manto oscuro, y los furiosos truenos con sus
relámpagos y rayos luminosos sacudían nuestra casa, yo me envolvía entre las
sábanas de mi cama y mi madre llegaba silenciosa a mi cuarto y para no
despertarme, se acercaba para cobijarme, mientras yo me hacía el dormido, y
hasta que llegaba la calma de la tempestad me sentía liberado.
A los cincuenta años mi padre Rick, un hombre moldeado por
la dureza de la guerra y castigado físicamente por el licor, una vez
recuperado, vuelve a tomar las riendas de nuestro hogar y responsablemente
termina de darme el último soporte que un hijo necesita en la etapa más
importante de su adolescencia, como lo hacen las aves que saben cuándo sus polluelos están ya listos para alzar
vuelo del nido por su propia cuenta.
Yo contaba tan sólo con doce años,
los Estados Unidos de Norteamérica entra formalmente a la guerra del Vietnam,
para muchos norteamericanos aquella era una guerra cruda, e
injustificada, a causa de esas decisiones que los políticos
toman sin medir las consecuencias futuras, era una guerra interminable en donde no había, ni vencedores ni
vencidos.
Este realmente era un conflicto ajeno de grandes
proporciones lejos de nuestro territorio, en la cual los Estados Unidos se ve
envuelto, para evitar la expansión del comunismo en todo el continente
asiático, tras perder Francia la guerra de colonización de Corea y Vietnam.
Vietnam del norte liderada por Ho Chi Minh con el apoyo de la Unión de las
Repúblicas Soviética (URSS) y China comunista tratan de forzar a Vietnam del
sur para la unificación los dos Vietnam en un solo estado comunista.
Mientras tanto yo arrimaba como un barco después de una
tormenta a la edad de 18 años ya era un joven, como un ave recién emplumada,
pero con la mentalidad de adulto, las penas me habían forzado a madurar más
rápido, por la disciplina militar de mi padre
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me había hecho un hombre, también había adquirido una gran
afición a la lectura, mis días solitarios en casa de la señora Dickson me
habían permitido fortalecer mis conocimientos, en mi escuela secundaria, con la
ayuda de señora Dickson había conseguido una beca en la prestigiosa Universidad
de Berkeley en California para obtener una licenciatura en literatura.
Pero como son las cosas del destino al cumplir mis
dieciocho años por la ley del servicio militar obligatorio, tenía que
inscribirme en el ejército Norteamericano, además siendo hijo de un veterano de
la segunda guerra mundial, no podía fallar a los deseos de mi padre, quién se
sintió orgullo el día que llené mis documentos de reclutamiento militar, aunque
el sabia lo duro que era la guerra, en la cual el coraje, y la valentía, a
veces se quiebran en el campo de batalla enseñándonos la fragilidad del ser
humano, sin embargo en el fondo el viejo Rick se sentía orgullo, ya que su hijo
estaba siguiendo sus pasos y las de mi abuelo en defensa de esta gran nación
aunque fuera por causas diferentes por las que él y mi abuelo habían peleado en
Europa.
Después de un rudo entrenamiento de
seis meses en la base militar muy cerca de cumplir mis diecinueve años llegué a
despedirme de mi padre, cuanto orgullo sintió el viejo Rick al verme
vestido de militar, siguiendo sus pasos, listo para partir al frente de
guerra del Vietnam, le di un abrazo, aquella fue una despedida honrosa llena de
lágrimas de padre e hijo, cuánto hubiera deseado que mi madre Ruth hubiera
estado presente para darme la bendición sobre aquella aventura que hoy me
tocaría vivir.
Sin embargo, tenía la fe de que ella me estaba bendiciendo
desde el cielo, agarré mi mochila de soldado y me dirigí a casa de la profesora
Michelle Dickson amiga de mi madre, y a quién le debía tanto después de su
muerte, considerándome como un hijo más, con lágrimas en los ojos la señora
Dickson me abrazó, dándome la bendición que no había recibido de mi madre, sacó
de su biblioteca
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personal dos libros: El Mercader de Venecia de William
Shakespeare y los Miserables de Víctor
Hugo, me dijo te los doy con todo mi amor, porque se de tu afición a la
literatura, para que los leas en tus ratos libres ya que no pudiste cumplir tus sueños de ir a
la Universidad, dándole las gracias por todo lo que había hecho en mi vida, me
despedí de ella de su esposo Gregory y
de su hija Fanny, aquellas personas quiénes habían sido mi familia con la cual había convivido años atrás en los
momentos más difíciles de mi vida.
Días después en la misma bahía que
da frente al parque, en la que desde niño venía con mis padres a jugar
pelota, darle de comer a las gaviotas y ver pasar frente a la bahía aquellos
barcos gigantes del mar rumbo al puerto, en el otoño de ese año a mis
diecinueve años estaba abordando el portaviones USS Princeton el cual se había unido
recientemente a la flota de guerra del Pacífico con base en el puerto de los
Ángeles California.
Aquella tarde de otoño el gigantesco
portaviones, repleto de tropas, aviones, helicópteros y víveres, salía de su
base con rumbo a las agrestes olas del mar de la China frente a las costas de
Saigón capital del Vietnam del Sur.
A la salida del puerto el portaviones
lanzó un ronco y profundo pitazo, indicando que dejábamos el puerto rumbo a
Vietnam, cientos de personas y familias, en el parque del puerto y las costas
de los Ángeles con banderas norteamericanas despedían a sus hijos que partían a
la guerra, mientras aquél gigantesco portaviones, se alejaba hacia mar abierto,
cortando como una cuchilla de afeitar, las frías olas del Pacífico.
Aquel día al morir la tarde cuando los rojos rayos del sol
se despidieron sobre el horizonte en su caminar de un día más, el Princeton se
fue alejando de la costa, hasta que las luces de la ciudad se fueron perdiendo
como quiebra platas en el horizonte, ya los últimos rayos de sol se habían
escondido, cubriendo el cielo con el manto obscuro de la noche, las nubes
apenas dejaban ver las
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pocas estrellas de la gran bóveda celeste, en donde tan
sólo se escuchaba el ruido de los motores del portaviones sobre las aguas, el
viento soplaba en ráfagas fuertes, lo que obligó a la tripulación de la
cubierta a guarnecerse dentro de las instalaciones de él.
En esos momentos sentía alegría y
nostalgia, alegría porque me sentía realizado al saber que estaba defendiendo
mi país y que en mi edad adulta que había comenzado yo sería el único dueño de
mis triunfos o derrotas.
Al mismo tiempo me sentía triste, porque dejaba mi hogar,
mis amigos y a mi padre solo, con sus recientes heridas aún no
sanadas tras la pérdida de mi madre, también extrañaría a
la profesora Dickson a la que debía tanto. En aquel instante se vinieron a mi
mente aquella frase que había leído de niño en las aventuras de Robinson
Crusoe " La inteligencia es la capacidad de adaptarse a situaciones
nuevas" y verdad que para mí esa sería una situación nueva que me
presentaba la vida y a la cual debía de adaptarme.
Fueron dos largas semanas de travesía, llenos de
tempestades y calor del mar que se convirtieron en una eternidad, mientras en
el portaviones, aprovechaba para leer en mis ratos libres y a socializar con
los novatos que hoy también al igual que yo comenzaban una nueva experiencia como
la mía.
Después de aquella larga travesía de dos semanas,
comenzamos a ver algunas solitarias golondrinas de mar volando a la par del
Princeton, unas en parejas y otras en
grupos a ras de las aguas, casi besando las espumosas olas que iban dejando los
motores del portaviones en la popa, aquellas pequeñas aves de mar buscado
sardinas, parecía que salían a recibirnos dándonos la bienvenida a tierras
extrañas, anunciado la cercanía a tierra firme, lo que significaba que nuestro
destino en el Vietnam del Sur frente a las costas de Saigón estaban ya cerca.
Frederick continuaba en aquél
retrospectivo sueño de su vida en la banca del parque, las gaviotas seguían
revoloteando a su alrededor exigiendo más comida, ya el pan que llevaba se
había agotado, y el astro rey comenzaba a levantarse sobre mi cabeza emitiendo
sus novicios rayos de luz, anunciando la llegada de un nuevo día, en su
necesaria misión de darle luz y vida a nuestro insólito planeta.
Sin importarme el tiempo ni el constante graznido de las insaciables gaviotas, esperando por más pan, se alejaron a las rocas al ver que ya no había más comida para ellas, mientras yo continuaba en mi éxtasis retrospectivo, recordando mi vida de muchos años atrás.
Llegamos al punto de desembarco
frente a las costas de Saigón, aquello era un asunto de locos, me recordaba el
gran alboroto de los muchachos tras la última campanada, saliendo de la escuela
en su último día de clases.
Antes del desembarco nos reunió un
capitán a cargo de las novicias tropas a bordo, explicándonos el orden del
desembarco.
Yo sé que ustedes vienen de un rudo
entrenamiento de seis meses, pero esto en muy distinto, tendremos que pasar por
otro entrenamiento de ocho semanas más. Eso se lo explicarán en tierra, estoy
aquí para la logística del desembarco, primero bajarán el equipamiento de guerra
y avituallamiento, eso durará un buen rato, después bajarán las tropas con sus
armas asignadas y sus mochilas, entiendo que aquí hay soldados asignados a
diferentes divisiones, ustedes ya saben cuál es su división, así es que
tengamos un poco de paciencia mientras llega nuestro turno, después de esperar
un buen rato regresó el capitán y en voz alta dijo: recojan sus armas y
mochilas ya es nuestro turno, comenzaremos el desembarco, para unirnos a sus
comandos ya asignados, su comando está señalado con letras indicados en los
camiones así es que bajaremos en orden, un sólo comando a la vez, yo esperé
hasta que llegara mi turno, me habían asignado el comando bajo la 23 División
de infantería, el capitán se despidió deseándonos buena suerte.
Subí a uno de los camiones asignados para de la 23 División de Infantería llamada también como la "División Estadounidense", al cabo de una hora llegamos a nuestro campamento, ya nos estaban esperando con comida y aplausos, muchos soldados de esta División estaban contentos, unos serían llevados al puerto, otros iban con permisos, otros serían relevados con tropas frescas, era un ir y venir de tropas.
Me
asignaron en pabellón " C " dirigido por un teniente de nombre Robert
Moore, quién nos esperaba a la entrada del pabellón para entregarnos el número
del camarote en su unidad, días después platicando con el teniente
Moore, nos enteramos de que éramos graduados de la misma escuela
secundaria en los Ángeles, después de
platicar un rato hicimos un recorrido mental de los profesores, y compañeros y
las facilidades de nuestra escuela. Robert Moore aunque era cinco años mayor
que yo, no se le habían olvidados los viejos recuerdos de su escuela, así fue
surgiendo una amistad entre nosotros, me contó que llevaba tres años asignado a
ese pabellón, ya que después de llegar a la 23 División, en una misión
había sido herido en un pie y que por eso renqueaba un poco, le subieron al
rango de teniente y le dejaron en el campamento en el área administrativa
asignado al pabellón " C ".
Una vez ya acomodados en nuestros respectivos pabellones,
recibimos instrucciones de ir a las carpas de salud, allí seríamos vacunados
para el tétano y paludismo a cada soldado nos dieron lidocaína para las ingles
irritadas y un frasco de emulsiones para piojos garrapatas y ladillas.
Aquellas ocho semanas fueron de duro entrenamiento en donde
principalmente nuestros instructores se enfocaron en los métodos y tácticas de
defensa para cada grupo de combate.
A la décima semana, fui asignado con un grupo de soldados
unos novatos como yo y otros experimentados, era mi primera misión de combate,
un capitán dirigía la patrulla de reconocimiento del área,
el objetivo de nuestra misión era el
de incursionar las áreas a donde no se habían enviado tropas antes, ni se creía
que habían avanzado las tropas del Vietcong, era la primera vez que me iba a
enfrentar a un enemigo real, aquella primera incursión de tres semanas no fue
tan mala al comienzo no tuvimos
enfrentamientos directos sino más bien disparos esporádicos que se escuchaban
en la lejanía, nuestra misión era acompañada por dos médicos y camilleros que
dormían en dos vehículos blindados del ejército, su misión era darnos
asistencia médica a los soldados, también venían en el grupo dos
radio operadores quienes eran los que mantenían las comunicaciones con el
centro principal de operaciones de la División.
En el grupo se dio una gran
camaradería, por noches en los radios portátiles escuchábamos las noticias de
la guerra y música de rock de esa época, en las casas de campaña individuales,
detrás de las barricadas donde dormíamos, siempre había uno que otro soldado
inconforme que gritaba " apaguen esa radio queremos dormir" así
transcurrieron las primeras semanas, en los siguientes días seguimos en
avanzada llegamos a sitios casi despoblados, el capitán y dos sargentos que
acompañaban la patrulla nos repetían no se fíen, no platiquen con nadie.
A la tercera semana sin enfrentamientos, nuestro principal
enemigo hasta el momento habían sido los mosquitos los cuales nos obligaban a
recurrir a carpas de campaña individuales con mosquiteros para evitar los
piquetes de los insectos, las pomadas dadas en la enfermería se nos habían
agotado.
Recién habían salido los rayos de sol, cuando un radio operador de avanzada, le avisó al
capitán que grupos camuflados, cubiertos de ramas, se estaban acercando al
área, inmediatamente nos pusimos en posición de combate en las trincheras que
habíamos cavado, se escuchó una gran explosión acompañada de una lluvia de
balas que salían de varias
19
direcciones, estábamos en la segunda
línea de combate, no escuchamos más detonaciones y nuestro radio operador había
perdido la señal con el grupo de avanzada.
Al rato comenzaron a caer granadas y morteros sobre la
segunda línea de avanzada en la que yo estaba, nosotros respondimos de igual
forma, el capitán dio instrucciones al radio operador que enviaran los
helicópteros UH-1 en ayuda, aquello era un infierno, una lluvia de balas caían
sobre nosotros como un torrencial aguacero, nosotros firmes en nuestras
posiciones, cuando recibimos la orden de replegarnos a la tercera trinchera de
combate, mientras llegaban los refuerzos, sin duda aquella era una lucha feroz,
seguimos defendiéndonos del enemigo,
este parecía ser superior en cantidad al nuestro.
De pronto escuchamos una gran
detonación, un mortero había caído a poca distancia de nuestra área, varias
esquirlas, me habían alcanzado en el brazo izquierdo, y la espalda las cuales
me comenzaron a sangrar profusamente, yo seguí disparando, manteniendo mi
posición, aguantando el dolor hasta donde podía, aquel mortero había herido a
otros tres soldados en la misma trinchera.
De pronto comenzamos a escuchar el ruido de los
helicópteros UH-1 que llegaban a nuestro auxilio vi pasar a dos abriendo fuego sobre las posiciones enemigas
y otros dos bajaban al área cerca del vehículo blindado de enfermería, las
camilleros llegaron y comenzaron a transportar al área de los vehículos
blindados, un médico apresuradamente me puso unas compresas en la espalda y un
torniquete en el brazo izquierdo para detener la hemorragia, se bajaron del
helicóptero otros soldados de nuestra base a reforzar nuestras posiciones, los
heridos entre los que yo estaba fuimos subidos en dos helicópteros, en el que
iba yo, levantó vuelo llevando cuatro heridos de regreso a nuestra base
militar. Llegamos al campamento, allí nos esperaba una ambulancia, dos heridos
graves eran transportados de urgencia en el mismo
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helicóptero a un barco hospital
manejado por los ingleses anclado en la bahía, mientras a otro soldado con
heridas no graves y a mí nos llevó la ambulancia a la carpa de salud de nuestro
regimiento. Inmediatamente nos bajaron en camillas y nos ubicaron en diferentes
cubículos, a mí me toco el número diez, llegaron dos enfermeras a quitarme las
botas enlodadas y la ropa sucia de combate una de ellas la más joven rompió con
una tijera mi uniforme del soldado,
dejando mi joven y fornido cuerpo al descubierto a merced de la
enfermera, mientras ella auscultaba con
su estetoscopio mi respiración, ya me habían limpiado las heridas y colocado un
catéter endovenoso en mi brazo, para administrarme suero y sangre, al poco
tiempo se apareció un médico quien después de examinar mis heridas, dijo que no
eran de gravedad y que allí podía ser atendido, la esquirla de la espalda, dijo
el galeno que era superficial me inyectó un anestésico local, procedió a
limpiarme con un hisopo con yodo, sentí que una larga pinza penetró en mi
herida y con ella extrajo varias esquirlas las cuales por suerte se hablan
alojado superficialmente, después procedió a suturar, dio orden a una de las
enfermeras para que me limpiara el área afectada con agua oxigenada y vendara
la herida, después me examinó el brazo izquierdo, y dijo: está herida si es más profunda le va
doler un poco más ya que tendré que abrir más la herida, agregando que
afortunadamente no se ven roto los huesos ni tocado mis tendones, ni venas importantes,
el médico después de inyectarme un anestésico para adormecerme el brazo,
procedió a abrir el área con el bisturí y comenzó a sacar las esquirlas, del
brazo, con la ayuda de una de las enfermeras reparó el área dañada en la parte del músculo y me cerró la herida con
varios puntos, después anotó en la tableta indicando los medicamentos que me
pondrían para evitar una infección, antes de retirarse me dijo: ya verá soldado
que todo saldrá bien , lo suyo no es grave. Tengo que ir a ver a otros heridos
que están llegando. Una de las enfermeras se quedó conmigo y me dijo con
palabras de aliento, aquí lo cuidaremos mejor que en su casa, me han
21
encargado de su salud, puso su
delicada mano sobre mi hombro y agregó, veo que tienes piquetes de bichos en todo
el cuerpo y demás tienes una gran ampolla con una ligera infección en tu pie
derecho, la cual te curaré.
Por el dolor y las heridas de mi cuerpo no me había fijado
en aquel rostro delicado, era una enfermera joven alta con unos ojos azules
como la mar y una cabellera rubia que escondía detrás de una cola y un gorro
para evitar una infección a los pacientes.
Aquel ángel que Dios había puesto a
mi cuidado comenzó con la paciencia de un arqueólogo, a curarme cada una de las
pequeñas picaduras de insectos y la ampolla infectada de mi pie derecho. Sentí
sus delicadas manos con guantes rozando mi piel, me puso una pomada para
desinfectar los piquetes y cuidadosamente me vendó la parte infectada de mi pie
y me dijo que me lo limpiaría cada día.
Entre la lámpara que alumbraba mi pie vi sus delicados ojos
y sus mejillas rosadas como un atardecer, así comenzó una ligera conversación
donde yo me atreví a preguntarle-----? cómo te llamas princesa?, respondió
Janet Biltmore con una voz delicada y nerviosa, volví a preguntarle-----?de
dónde era y me dijo: soy una enfermera graduada y que vivía sola con su abuela
Sara Biltmore en el área de San José al norte de San Francisco en California y
que llevaba más de tres años de estar en el lugar sirviendo como enfermera, agregando
a nuestra conversación a como dijo el médico en unos pocos días saldrás
caminando a tu pabellón, es muy probable te den un buen tiempo de descanso.
Fue entonces que ella me dijo; hemos estado platicando un
rato, pero tú no me has contado nada de tu vida, no sé ni cómo te llamas, lo
necesito para ponerlo en el pabellón de entrada, con el número de este
cubículo, por si alguno de tus amigos viene a visitarte.
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Le respondí: mi nombre es Frederick
Jones, agregando voy a cumplir veinte años, soy hijo del teniente Rick Jones,
un veterano condecorado de la II guerra mundial, vivo en los Ángeles
California en el área de la bahía de Long Beach muy cerca del
puerto del atracadero de los barcos de guerra de donde salí en el portaviones
Princeton, desembarque hace más de seis mes aproximadamente, en ese instante se
vino a mi mente el relato de mi padre
Rick cuando conoció a mi Ruth Calvani, recién llegado de la II Guerra Mundial,
agregando en la conversación, mi madre era una profesora de secundaria ya murió
hace cuatro años, que pena dijo ella y se quedó callada en señal de lástima.
Después de mirarla fijamente sentí un
ligero palpitar en mi pecho al ver aquella bella enfermera llena de juventud,
en señal de agradecimiento y motivado por su atracción personal, atrevidamente,
agarré su delicada mano dándole las gracias por gran la compasión hacia mí,
ella me miró directamente a mis ojos e inmediatamente su mirada penetró en la
mía como un suave rayo de luz, diciéndome, es mi deber como enfermera no tiene
por qué darme las gracias.
Aquél inesperado encuentro por
razones fuera de mi voluntad me había dejado casi sin hablar, en mi novicia
vida nunca había visto una mujer tan bella, con una dulzura y juventud
radiante, en ese instante sentí una sensación de amor tan profunda, parecía que
aquel amor a primera vista había sanado mis heridas con su presencia, sentí
hacia ella una atracción, inmensa, no sentía el dolor de mis heridas, parecía
que aquella joven enfermera me había curado con sus delicadas manos.
Yo era un novato no sólo en la guerra
en donde estaba, sino durante mi época de mis estudios en la secundaria, había
tenido muchas amigas y enamoradas, de esos amores pasajeros que se van como las
nubes del cielo que pasan y se alejan una detrás de las otras sin dejar huella,
este último encuentro me había dejado casi sin respiración.
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Ese día ya pasada la tarde, después de
darme en sus manos una sopa con pollo con verduras y los medicamentos recetados
por el médico para el dolor, me arropó cuidadosamente y me dijo que al lado de
la cama había un recipiente para mis necesidades, revisó que todo
estuviera bien, apagó la luz del cubículo y me dijo con voz suave: buenas
noches Frederick descansa, si tienes algún problema no vaciles en apretar el
botón del timbre de emergencia que está al lado de tu cama este va directo a la
enfermería .
Esa noche casi no pude dormir porque el efecto de la
anestesia local ya había pasado, le di gracias a Dios porque lo mío había sido leve, por otro lado no podía
borrar en mi mente el haber caído en manos de una mujer tan bella y adorable,
en ese instante de meditación, se me vinieron a la mente pasajes de su vida, lo
que le contaba su padre el teniente Rick Jones que al conocer a su madre Ruth una noche fría en
un bar de New York, en donde estaba con otros soldados celebrando el triunfo de
la II guerra, y que al mirar a la mesa de un lado intercambió miradas con mi
madre, su mirada se clavó en la mía, como un rayo de luz, así me contaba mi
padre como había encontrado la mujer de
su vida, su instinto de hombre duro le decía, síguela, lucha, no la dejes ir no
pierdas esta maravillosa oportunidad que Dios ha puesto en tu camino, pelea por
ella como si estuvieras en combate, no te rindas, que este mundo está hecho
para los valientes no para los cobardes, también mi mente recordaba a Hemingway
en su libro " el viejo y el mar" en donde a pesar que aquél pescador,
lo creían un viejo inútil y salado, había tenido la valentía de luchar sólo y
en aguas profundas contra un gigantesco pez más grande que su barca, ganándose
el respeto y admiración del resto de pescadores, mi instinto me decía después
de aquellos recuerdos, que pasaban como un rayo en mi mente, que a él también le había pasado como a
mi padre, no se podía quitar de encima
aquella mirada tierna de aquella enfermera que recién acababa de conocer, mi
interior me decía, ella es la
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mujer que buscas, lucha con todas tus fuerzas como lo
hiciste en el campo de batalla, no te dejes vencer que naciste para
triunfar, en este lugar en que me encuentro no tienen lugar los perdedores ni
los cobardes, y así me fui quedando poco a poco dormido, entre mis sueños de
amor y el dolor de mis heridas.
Muy temprano al romper el alba escuché el acostumbrado
clarinete militar a lo largo del campamento despertando a las tropas, yo estaba
exento de asistir.
Como a las siete de la mañana entraba al cubículo número
diez, Janet, venía hermosamente luciendo su traje de enfermera bien planchado
con su cabellera cubierta por su gorro, buenos días señor Frederick luciendo
una sonrisa a flor de labios, me preguntó : ---- ?como paso usted la noche?
----- le respondí con un poco de dolor, pensando en mis recuerdos y
especialmente en ti, ella se sonrojó y me preguntó------ ? y por qué en mí ?,
es muy sencillo le dije, me dolía más tu ausencia que mis heridas, eso pronto
te pasará, eres muy joven, preocúpate ahora por sanar , tomándome el pulso y la
presión me dijo todo está normal, y lo apunto en la tablilla colgada a la
entrada del cubículo, agregando, en un
rato viene el doctor a ver cómo van tus heridas, primero te limpiaré y después
te traigo el desayuno, gracias le respondí.
Pacientemente con mucho cuidado Janet
procedió a realizarme, una limpieza, me llevó un cepillo y pasta dental para
que me limpiara los dientes, mientras ella sostenía una palangana, para que me
pudiera enjuagar mientras yo seguía mirando su delicado rostro.
Al rato se apareció el médico, quitándome los vendajes de
la espalda y del brazo izquierdo vio que todo iba bien, revisó la tablilla y,
escribió algunas anotaciones dando instrucciones para que me cambiaran algunos
medicamentos, le dijo a la enfermera limpia bien las heridas con agua oxigenada
póngale un antibiótico en el suero y lo vuelve a vendar, si doctor contestó
Janet.
25
El médico se fue a ver a otros
pacientes antes de retirarse me dijo: todo va bien, creo que mañana te
pondremos a caminar un poco, gracias doctor, respondí.
Como a las once de la mañana llegó al pabellón de
enfermería mi amigo y jefe del pabellón “C" teniente Robert Moore, buscó
en la pizarra de entrada mi nombre y el número del cubículo en donde yo estaba,
una enfermera le dijo: el soldado Jones, está aquí recto en el cubículo diez
llegado al sitio señalado entró, y dijo buenos días, buenos días contestó Janet
quién estaba terminando su trabajo, hola soy el jefe del pabellón en donde está
el soldado Jones la enfermera respondió ya termino, voy a dejarlos solos para
que platiquen a su gusto, gracias dijo el visitante.
Bueno amigo, estas son las cosas que
nos deja la guerra, afortunadamente ya me enteré que tus heridas no son graves,
gracias Robert por venir a verme, agregando sólo son esquirlas procedentes de
un mortero, tuviste suerte, dos de tus compañeros fueron llevados en
helicóptero al barco hospital, me informaron que uno de ellos falleció, y el
otro fue operado de emergencia y tuvieron que amputarle una de sus piernas, el
otro sólo sufrió heridas leves, así es que fuiste afortunado al no estar tan
cerca de ese mortero.
----- Y como está el pabellón "C"? pregunté a mi
amigo Robert -----bueno está medio vació, la mitad del regimiento está en diferentes
operaciones de combate. Cuando salgas de todo, vamos a ir a tomarnos unas
cervezas a un bar en un poblado cerca de aquí, está bien de acuerdo le
respondí. Después de platicar un rato me dijo, bueno amigo te tengo que dejar,
hay muchas cosas que hacer en el pabellón, se dieron un apretón de manos y su
amigo Robert se fue. Así pasaron dos días mis heridas seguían sanando, la
enfermera Janet siempre estuvo a mi lado cuidando de mí, dijo: Frederick tengo
instrucciones del doctor que camines un poco, para que no te entumas, además
26
el cuerpo se tiene que acostumbrar a
su posición normal, esto es parte de la terapia, Janet agarró cuidadosamente
del brazo derecho a Frederick le ayudó a ponerse de pie y con la ayuda de un
andarivel dieron una ligera caminata por el pabellón. -----? y mi otro
compañero del pabellón herido donde esta preguntó
Frederick? ---- estaba en el cubículo veinte contestó
Janet, ayer le dieron de alta porque sus heridas eran muy leves, agregando
parece que a ti te tocó la peor parte.
A las cuatro semanas, mis heridas habían sanado, entró el médico y después de
revisarme me dijo: Mr. Frederick ya firmé la orden de su salida, ya las heridas
han sanado más rápido de lo que esperaba, así es que esta tarde, te irás a tu
pabellón, gracias doctor por su ayuda, estamos aquí para eso muchacho,
agregando he ordenado a tus superiores un descanso de ocho semanas, tienes que
venir cada dos días durante dos semanas para revisar la herida y poderte quitar
los puntos, la enfermera Janet te atenderá.
Y así durante dos semanas estuve llegando al pabellón de
enfermería a curar mis heridas, aquélla visita cada dos días se me había
convertido en un sueño, ya que tenía la oportunidad de ver a Janet, la joven
enfermera que me había robado el corazón. De esta forma fue naciendo entre
nosotros una amistad que más tarde se convertiría en amor. Disfrutaba sintiendo
sus delicadas manos curando mis heridas que poco a poco
iban desapareciendo, después de cada curación me quedaba un rato,
platicando de nuestras vidas, disfrutaba de aquél momento, en el cual mi
corazón se aceleraba, como un motor a la máxima velocidad, clavaba mi mirada en
aquellos tiernos ojos, aún no le había dado a saber que me había roto el
corazón desde el primer instante que la vi, logré decirle que mi curación había
sido milagrosa por la suavidad de sus manos, en una parte de la plática me dijo
quiero enseñarte unas fotos para que conozcas a mi abuela Sara, fue a su cuarto
y se apareció con varias fotos, en una de ellas aparecía sentada en las piernas
de su abuela como de cinco años con un
vestido amarillo de flecos y un gran lazo en su cabello rizado del mismo color
de su vestido, en otras cuando cumplió sus quince años con un bello traje
amarillo y con una sonrisa juvenil, rodeada de sus amigas de colegio, entonces
le dije pareces una mariposa amarilla, ella sonrió y me dijo si tú lo dices,
bueno le respondí desde hoy en adelante serás : " mi mariposa
amarilla" después de esa conversación en momento de compulsión originado
por la emoción de un hombre al borde de la locura, nervioso le pregunté---Janet
tienes novio o compromiso con alguien---- no me respondió, agregando a la
conversación : no crees Frederick que es muy temprano para hablar de esto ?,
recién nos acabamos de conocer, mi abuela sabiamente me decía "el amor es
como una montaña, que debemos de comenzar a escalar desde su base, y así cuando
el amor toque las puertas de tu corazón, ambos tienen que ir escalando la cima
del amor, van a encontrar dificultades, tropiezos que se encuentren en su
subida, si ambos ponen de tu parte con paso firme y lentamente cuidándose el
uno al otro, podrán llegar a la cúspide del amor, es hasta entonces tu pareja y
vos podrán decir que han triunfado. -------! ¡No! le respondí, discúlpame con
todo el respeto a tu abuela, yo no estoy de acuerdo con esa filosofía, el amor
no tiene altura como las montañas, ni horario. ni límites, cuando se adhiere al
corazón, o se desborda como un río, no hay nada ni nadie que lo pueda detener,
te puedo preguntar algo Janet?---- si dilo quiero agradecerte por todo lo que
has hecho por mí, el próximo domingo nuestro pabellón tiene libre y tengo
pensado con mi amigo Robert ir al pueblo más cercano a celebrar mi curación es
un bar decente que el conoce a tomarnos
unas copas y después regresamos
temprano,? quieres unirte a nosotros? agregando me ha dicho extraoficialmente
que dentro de ocho semanas, nuestro regimiento saldrá en misión en la zona más peligrosa de la guerra, así es
que quiero disfrutar de mi permiso de recuperación que me han dado, para
divertirnos antes de partir al frente.
Ante aquella propuesta Janet, se quedó unos segundos
pensativa respondiendo, me parece bien que nos divirtamos un rato, tenemos
mucho trabajo en esta División, agregando, quisiera que una amiga del área de
enfermería nos acompañara ella y yo tenemos libre este domingo, no hay problema
respondió Frederick así mi amigo Robert no se sentirá solo, llegaré este
domingo a como a las diez de la mañana a traerlas.
Terminada la ligera conversación
agarré su delicada mano y dando señales de caballerosidad le besé su mano
derecha y le dije: gracias, Janet, por aceptar mi invitación.
Salí del área de enfermería con una
alegría en reflejada en mi rostro, aquel amor que había surgido de mi estadía
en enfermería y de posteriores curaciones me habían hecho enloquecer, por ahora
sentí
que nuestra amistad seguía prosperando, miraba en ella su dulzura y su
belleza, hasta el momento había sido, como quién mira al cielo una estrella en
el firmamento y se conforma con tan sólo verla, porque sabe que no se puede
tocar.
Llegué al pabellón con una cara de felicidad, ----? como te
fue me preguntó el teniente Robert jefe de la unidad, respondiéndole----mejor
que nunca, ya mis heridas han sanado, ahora sólo me quedarán unas cicatrices,
pero te traigo la mejor noticia, este próximo fin de semana en agradecimiento a
la enfermera Janet que me cuidó, la invité a salir a tomarnos unas copas al
pueblo más cercano que tú me hablabas a donde llegan los soldados y clases,
ella aceptó mi invitación con la condición que iría acompañada de otra
enfermera amiga suya así es que tendrás
compañía, además quiero que sepas que toda
esta invitación va por mi cuenta. El teniente Robert, se quedó pensando,
y me dijo, ---- bueno, no me parece mal, los novatos de mi pabellón tienen libre
este domingo, déjame ver al capitán de todos los pabellones, para ver si no
tiene nada urgente que resolver este domingo, está bien amigo espero que no
haya problemas. Al rato se apareció el teniente, ya consulté, y no hay
problemas sólo me recordó de la conducta y
responsabilidad que como soldados tenemos que mantener yo
le respondí, te prometo que no habrá problemas, mil gracias, amigo. Muy temprano el día domingo yo ya estaba de
pie, fui a la mesa de desayuno con mis compañeros busqué mi mejor gala militar,
me perfume limpié mis botas, busqué en los alrededores y recogí un manojo de
florecillas amarillas y las junté, después
salí a buscar a mi amigo al pabellón
" C " y cuadrándose le dije teniente estoy listo, está bien,
voy a ver que todo esté en orden, y recogeré el vehículo asignado a mi unidad.
A las
diez de la mañana el teniente Robert, y yo salimos al pabellón de enfermería
recoger a Janet, quien con otra
amiga estaban ya esperando a sus anfitriones.
Buenos días dijo el teniente, ¿estamos listas muchachas?
--- Creo que sí, ----respondió Janet, les presento a mi compañera Lucy Banfield
del área de enfermería, ambas venían con su traje blanco de enfermería.
Me bajé del vehículo militar y con gesto caballeroso bese
en la mejía a ambas invitadas, abrí la puerta delantera del vehículo militar y
ayudé a subir a Lucy dándole el asiento junto al teniente, después abrí la
puerta trasera y agarrando a Janet del codo ayudé a subirla al asiento trasero,
ante mis ojos ella se veía preciosa con
su pelo amarrado con una moña colorida, haciendo una reverencia de
caballerosidad le di el ramo de florecillas silvestres que había recogido esa
misma mañana muy cerca del campamento y le dije, estas flores silvestres
significan que la belleza está en lo natural y simple como tú eres.
El vehículo arrancó dejando atrás una nube de polvo los,
pabellones se fueron quedando en el tortuoso camino de tierra, rumbo al pueblo
más cercano en donde sin peligro alguno ya que estaban en tierra del dominio
del ejército norteamericano, en
30
donde los fines de semana, llegaban
soldados acantonados en varias divisiones a disfrutar de los bares y de las
muchachas de la vida fácil, quienes se peleaban buscando al mejor postor.
El teniente Robert, viejo conocedor
del lugar dijo: vamos a un sitio que yo conozco en donde hay un mejor ambiente
y además buena comida atención y música para el que desee bailar, agregando a
este lugar por lo general solo acuden el personal de la 23 de la División de
Infantería.
Efectivamente el lugar era tranquilo,
un bar con una rockola un piano una pista de baile muchas mesas, unas en áreas
privadas y otras al centro del restaurante frente al bar.
Los cuatro nos sentamos en un área
más privada alejada del bullicio, del bar, bueno dijo Frederick a divertirnos,
hay que disfrutar por un rato porque el mañana nadie lo sabe, agregando ya
saben que esta invitación va por mi cuenta.
? Comenzaremos pidiendo una botella
de vino, o ¿prefieran cerveza ¿nosotras preferimos vino dijo Janet, el teniente
Robert y Frederick se quedaron mirando, preguntándole al teniente Robert -----
vos que preferís Robert? ----- yo cerveza, en ese caso pedimos una botella de
vino y una jarra de cerveza para nosotros.
La música de la rocola resonaba en el
medio ambiente, los soldados en su mayoría comenzaron a entonar canciones de
moda de los Estados Unidos.
Llegó la mesera vietnamita con la carta de servicio y nos
dijo: ¿ya regreso para tomarles la orden, en un inglés machacado pero
entendible, se volvió a parecer y nos preguntó ---- qué les puedo ofrecer? yo
respondí------ una botella de vino de los mejores para las damas, y una jarra
de cerveza americana, para nosotros, después nos trae la carta para la comida,
----está bien respondió.
Al rato
apareció con la orden, cada uno agarró sus copas, yo como anfitrión abrí la
botella de vino y serví a Janet y a su amiga Lucy, después agarré la jarra de
cerveza y le serví a Robert.
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Levantamos nuestras copas las juntamos al aire y tocándose
unas con otras dijimos al unísono " salud por nuestra amistad", acto
seguido comenzamos a platicar de cosas triviales de nuestras familias que
habíamos dejado atrás, en aquel gran país, del Norte de América, platicamos
recordando nuestros años de estudios secundarios y nuestras aventuras de
escuela.
El tiempo corría rápidamente, como
aquellas pequeñas golondrinas de mar que había visto antes de la llegada a
puerto.
No quitaba mi mirada sobre Janet, admirando su belleza
radiante comparable como el mejor de los amaneceres, por su lado el teniente
Robert, comenzó a entrar con más confianza con Lucy Banfield e inesperadamente
le agarró la mano y le dijo, no perdamos tiempo vamos a bailar, venimos a gozar
no es así, y se levantaron a la pista de baile al lado del salón, lo cual me
animó y agarrando suavemente la mano de Janet le dije: yo también te
invito a bailar. La música de rock de la época dominaba el ambiente del bar,
era una pieza suelta en la cual solo intervienen nuestras manos y piernas
siguiendo el ritmo de moda.
Al rato me moví hacia la rocola deposité unas monedas y
puse una balada romántica, con el fin de poder, acariciar entre mis brazos
aquella flor que recién tan sólo semanas atrás había conocido, me arrimé
suavemente a su pecho y sentí como su corazón latía aceleradamente junto al
mío, me atreví y le murmuré algunas palabras dulces al oído " Janet, te lo
juro esto es lo mejor que me ha pasado en mi vida, nunca me imaginé, que en
medio de esta guerra interminable, encontraría la mujer de mis sueños: ella se
sonrojó haciendo más rosadas sus mejillas, sus ojos azules como el mismo mar ,
me miraron fijamente, y guardó silencio
.
Estábamos en el mes de octubre había comenzado, el otoño,
época en que los árboles dejan caer su vieja vestimenta color amarillo,
mientras aquel silencio de Janet significaba para mí un sello de amor
imborrable, agregándole, seguiré los consejos de tu abuelita,
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te lo juro que lucharé tan fuerte en el campo de batalla,
como lo haré para ir escalando la cúspide de tu amor.
Ella sonrió y me dijo ojalá sea en serio tu promesa,
agregando primero tendremos que sobrevivir a esta pesadilla bélica. Yo le
respondí, te prometo que así será, no me cansaré, hasta conquistar
completamente tu corazón, y acercando su boca a su sonrojada mejilla me atreví
a robarle un beso fugas de sus dulces labios rojos, detrás de aquél inesperado
y apasionado beso robado se dejó vencer
cálidamente, como las flores que se rinden ante el inmenso frío, en aquél
instante me sentí el hombre más afortunado de la tierra, como aquellos
guerreros en los torneos medievales montados en sus caballos, cubiertos de
armaduras protectoras, quienes exponían su vida peleando por un amor o por
honor usando largas varas de madera, el vencedor, se bajaba de su caballo, se
despojaba de su armadura que cubría su rostro y quitándose la cinta amarrada en
la vara se acercaba a la dama por la que había luchado, ponía un pie en tierra
y besándole la mano le ponía la cinta al cuello en señal de sumisión a su amor.
Mientras todo esto transcurría mi
amigo el Robert se había apartado a un corredor al lado del bar, a platicar
privadamente con la hermosa Lucy, mientras Janet y yo regresamos a mesa y
levantando nuestras copas juramos para que aquel amor nacido de pronto como una
rosa que al amanecer saca a relucir sus colores, le dije al oído te aseguro que
este amor, crecerá con el tiempo como los pinos verdes del norte de nuestro
país.
Mi amigo y su nueva conquista, que no se si habrá sido como
la mía, se acercó con Lucy agarrados de la mano
con una sonrisa que lo decía todo, volvimos a llamar a la camarera y le
pedí la carta de servicio, la comida Vietnamita es muy rica en la que abundan
los mariscos, pero también por la
cantidad de tropas que llegaban aquél lugar, tenían comida Americanizada, cada
quién optó por un plato diferente, Janet pidió un pescado a la Vietnamita, se
miraba
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muy rico adornado de legumbres y papas lo cual decían. era
el mejor platillo del lugar, su amiga Lucy pidió unos camarones empanizados, el
teniente Robert optó por otro pescado como el de Janet, y yo que aún no
ambientado todavía a la comida vietnamita pedí un filete de carne con papas
fritas.
En el lugar donde comíamos había una
ventana con un abanico de techo de aspas hechas de cañas de la región, mientras
la brisa suave comenzó a penetrar por las ventanas de aquél pintoresco lugar,
dando señales que una inesperada tormenta se acercaba, la cortina de bambú se
movía
con el viento, nosotros continuamos con nuestra conversación. Al rato la
ligera tormenta amainó dejando caer una ligera briza, que trajo un
característico olor a tierra húmeda, parecido al de las aldeas de tierra, el
viento se volvió manso, pero aquél penetrante de olor a tierra mojada quedó
impregnado en el ambiente.
Las dos jóvenes parejas al escuchar los dulces acordes del
piano tocado hábilmente por el pianista que había llegado a su turno de la
tarde, estaba iniciando su jornada musical, con un suave Blue de música
norteamericana, nos levantamos a la
pista de baile para continuar con nuestro disfrutar del día.
Nuevamente mi pecho se volvió a juntar con el de mi adorada
Janet, esta vez sentí el mismo latir de su pecho que había sentido antes, y con
la suavidad de quien acaricia un bebé, me acerqué más a su pecho caliente y ella
suavemente recostó su mejilla con el olor de su perfume Chanel, se quitó la
pañoleta y moviendo hacia atrás su bella cabellera, puso su cabeza sobre mi
hombro, cerró suavemente sus ojos azules, y así aquella inolvidable melodía,
hubiera deseado que durará para siempre. Después de este éxtasis divino, me
pidió que quería ir al tocador de las mujeres y acercándose a su amiga Lucy le
dijo que le acompañara, mientras tanto nosotros nos dirigimos a la mesa a
terminar la poca cerveza que aún quedaba en la jarra.
34
Mientras tanto sabiendo la costumbre femenina que siempre
se quedan platicando y maquillándose en las áreas de los baños, mi amigo
Robert y yo nos salimos a uno de los
corredores laterales del bar que daba a la calle, la briza ya había pasado
y las bicicletas adaptadas para
pasajeros, jaladas por pequeños hombres sudados con sus característicos
sombreros de cono hechos a mano de bambú, continuaban con su rutina cotidiana,
llevando pasajeros de un sitio a otro, fue entonces cuando Robert y yo comenzamos
a tener una plática de amigos, le di las gracias por traernos aquél sitio al
mismo tiempo que le expresé mis sentimientos hacía Janet, y que para mí era un amor que esperaba no perder, Robert
sonrió y me dijo, mira amigo tu eres un novato en estas cosas, del amor, yo
llevo cuatro años de estar en este infierno, viendo pasar cuerpos semi
mutilados y otros en una bolsas plásticas rumbo a su destino final, este lugar
huele a muerte, pero es nuestro deber llegar final si es posible, te voy a
confesar, ya me he acostumbrado a esta vida de guerra y dolor, estos cuatro
años que llevó estuve en varias
misiones, en la que en una de ellas recibí una bala Vietnamita a mi pie, hasta
que al fin me ascendieron sirviendo en este campamento, durante este tiempo he
visto pasar tantas mujeres bellas, como estas mariposas como las que estamos
tratando de conquistar el día de hoy, las he visto de todos de todos los
tamaños y colores, unas buenas, otras falsas y mentirosas, vienen a este infierno,
aun así no sabes cuánto me he divertido con ellas, las viven rotando de un
regimiento a otro, muchas me han dejado la miel de sus labios en los míos,
también muchas de ellas se han entregado a mí, ellas lo saben, viven su mundo
privado sujetas a las reglas de la ordenanza militar, haciendo su trabajo
eficaz y útil, allí donde ves, la gran mayoría de ellas son casadas por eso ves
que salen en grupos separadas de los hombres, su astucia e inteligencia es
superior al nuestro, espero amigo, que a ti te vaya bien, con tu nueva mariposa
conquistada, el día de mañana, quizás cuando regreses de tu próxima misión al
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campamento probablemente algunas ya no estarán aquí porque
las viven rotando de un campamento a otro y ya no regresan más ya verás cómo es
la vida del soldado en este infierno, te aseguro que te acostumbras a ella, el
ser humano es adaptable ante cualquier circunstancia por buena o mala que sea.
Además te confieso que estoy casado, mi esposa se llama
Rita Ford nos casamos dos años, antes de unirme al ejército, agregando vive en
San Diego California con sus padres, me
tiene un niño y me escribe cada mes
enviándome fotos de ella y mi hijo el cual está creciendo aceleradamente en mi
ausencia, yo le cuento de lo duro de esta guerra, pero la animo a decirle que
esto pasará pronto y que volveré a mi
hogar a terminar de ver crecer a mi hijo, por eso mi amigo si quieres escuchar
un consejo te digo basado en mi experiencia, toma las cosas en calma, no te
dejes ir tan rápido que en esta vida todo es pasajero, sigue adelante
disfrútala si puedes hasta el último minuto, yo también trataré de divertirme
con esta nueva mariposa que llegó a mi jardín ésta mañana.
Yo escuchaba atentamente al
mi amigo Robert, y le dije nunca
esperé este relato ni consejos tuyos, los tomaré en cuenta, te juro que me has
conmovido, pero esto en particular que a mí me está sucediendo, no sé si se lo
debo a mi novatada en asuntos de mujeres, pero en el fondo de mi corazón me
dice que este es un amor diferente, es cariñosa y sincera, lo he visto en su
mirada, en su sonrisa, y apostaré mi futuro en ella. Está bien me dijo Robert
nada está escrito en el camino de la vida, nada es infalible, la vida está
llena de colores y matices como el arco iris, también está lleno de piedras y
peligros, pero no te preocupes, las mujeres son impredecibles como cada día,
sigue adelante con tus metas eres joven y estoy convencido que esta guerra
pronto acabará, como esa lluvia fugas que vimos caer hoy y después llegó la
calma y vuelve a salir el sol brillante, sólo te voy a pedir un favor de
amigos, confiabilidad en todo esto que hemos conversado francamente, Lucy será
para mí una mariposa más que llegó a mi huerto, es muy
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probable que la tuya amigo sea diferente, sinceramente te
deseo la mejor de las suertes le dijo el teniente Robert, dándole un fuerte
estrechón de manos.
Recién había terminado aquella franca conversación entre
amigos, Robert miró su reloj y dijo vamos a la mesa que ya nos queda poco
tiempo para regresar al campamento.
Al poco rato salieron Janet y Lucy,
ambas traían una cara de felicidad, me imaginé que es muy probable que ellas
también estuvieron platicando sobre nosotros dijo Robert.
Les pregunté si querían algún café o postre, Janet dijo yo
prefiero un café, me han dicho que el café Vietnamita es uno de los mejores del
mundo, yo también dijo Lucy, en todo caso vamos todos a pedir un café, llamaros
a la camarera y pidieron un café, leche y azúcar, al rato la camarera se
apareció con una bandeja de porcelana con un juego de escudillas tazas y un
pichel grabados con bellas figuras orientales, en las que no podían faltar los
dragones y los pictóricos gallos, como parte del arte de la cultura oriental.
Terminada aquella deliciosa comida, y tarde de diversión,
llamé a la camarera para que le llevara la cuenta, saqué varios billetes de
dólares y le dije quédese con el cambio.
Nos levantamos de la mesa y dándome
las gracias caminamos al vehículo para regresar al campamento, le dije a mi amigo si podía detenerse unos
minutos en una pequeña tienda en la entrada al pequeño poblado, me bajé y les
dije, voy a comprar unos cigarrillos, vio en una urna llena de artesanías
orientales con bellos adornos de plata y coral,
le dije al vendedor deme ese juego de aretes y collar de coral y cuatro
cajas de cigarrillos, me guardé en la bolsa de mi pantalón las prendas de
artesanía y salí del local con la bolsa de cigarrillos me monté en el
vehículo que me esperaba frente de la
tienda y continuamos por la misma ruta de aquél camino de tierra compactada,
reparada por el cuerpo de ingenieros del ejército de los Estados Unidos.
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El teniente Robert detuvo el vehículo, en un recodo de la
carretera muy cerca del mar, e invitó a sus acompañantes a observar el bravo
mar que chocaba contra los farallones dejando una espumosa corriente, en donde
un grupo de gaviotas se hundían en las enormes olas y después de conseguir su
presa, se venían a posar sobre aquellos farallones en donde tenían sus nidos,
unos gaznaban a la entrada de sus cuevas como anunciando a sus polluelos que
llegaba con comida.
Así fue transcurriendo lentamente la
tarde de aquel domingo inolvidable lleno de aventuras de diversión y besos, ya
las primeras sombras de la tarde comenzaban a agonizar sobre las lejanas y
agrestes montañas de aquella bella región del Vietnam, muchos vehículos pasaban
de regreso por el camino dejando atrás una nube de polvo, eran soldados y
militares de rango que volvían del poblado adonde habían estado y de otros
sitios un poco más lejanos.
Volvimos a montar al vehículo militar rumbo al campamento en unos
cuantos minutos ya llegamos, dijo Robert, bueno amigos creo que nos hemos
divertido un poco ya estamos en el campamento militar ahora a descansar un
poco, para tener energías para mañana.
Llegamos al pabellón de enfermería, me bajé del vehículo y
caballerosamente como era mi costumbre enseñada por mi madre, ayudé a bajarse
del vehículo a Janet y a Lucy. Me dirigí a Robert y le dije, déjame aquí unos
minutos yo iré caminando hasta el pabellón dentro de un rato, está bien nos
vemos por allá. Janet y yo nos sentamos en una banca de madera a un lado de la
carpa del pabellón de enfermería, mientras Lucy entró a su habitación, metí mi
mano en la bolsa de mi pantalón, saqué un pequeño envoltorio, eran el collar y
los aretes de plata y coral que acababa de comprar en la tienda vietnamita y le
dije, esto lo compré para ti, ella bajó su cabeza y yo suavemente, como quien
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agarra una rosa le coloqué el collar
en su delicado y perfumado cuello, mientras ella se ponía los aretes, ella
sorprendida por mi caballerosidad, en un momento de sorpresa acercando sus
bellos labios rojos, me regaló de improviso con un beso intenso, el cual
disfruté como nunca en mi vida, yo con más pasión agarrando su delicada cabellera
respondí, con otro beso tan profundo como las aguas del mar.
Abriendo sus bellos ojos después de aquél encuentro
inesperado me dijo: Frederick cuanto te agradezco, pero no esperaba esto, y en
una pausa recordando las palabras de su abuela me dijo, "apenas hemos
comenzado a subir la colina, más adelante, mientras escarpemos más la cima te aceptaré todo, ?---- no crees que vamos
muy rápido Frederick?------ no, le respondí mi corazón me dijo que eras mía desde
el primer momento que te vi y te aseguro que te seguiré hasta el final del
mundo si fuera necesario.
Como un gesto de cariño y de amor naciente, Janet, se sacó
del bolsillo de su blusa la pañoleta de seda colorida que había llevado para
sostener su rubia cabellera, y me la puso en el cuello, agregando: cuando estés
en campo de batalla en los momentos más difíciles, y sientas temor, amárratela a tu cuello, que eso te hará
sentir más fuerte al recordarme, y así me sentirás a tu lado, se dieron el
último beso de despedida, y me retiré feliz a mi pabellón, mi día había
concluido con una victoria, de aquél amor el cual nunca esperé venir a encontrar en tierras tan lejos
de mi país.
El astro rey ya había desaparecido detrás de las montañas
al oeste, las luces del campamento se habían encendido, me fui feliz al
camarote de mi pabellón, saqué uno de los libros que me había regalado la
señora Dickson en mi despedida, me puse a leer y cansado me fui quedando
profundamente dormido, entre mis sueños, sentía que había ganado mi primera
batalla ante aquel amor con el que nunca había soñado antes.
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Al romper el alba sonó el clarinete llamando a filas, el
despertar me agarró con el libro entre mis manos, todos mis amigos del pabellón
se levantaron casi corriendo, me acordé que yo estaba exento por ocho semanas para
mi recuperación total, mientras mis compañeros corrían para iniciar hacia la
duchas y al comedor para comenzar los primeros entrenamientos físicos del
batallón, yo sin prisa, arreglé mi camarote tome una de las duchas colectivas y
me fui al comedor, mientras mis amigos ya estaban en el campo de entrenamiento,
continué leyendo, y por la tarde pasada la jornada del día, me dirigí al
pabellón de enfermería a visitar a Janet, esa era mí la mejor parte del día,
nos sentamos en la misma banca en la parte no visible del campamento, y entre
plática y planes terminamos fundidos en abrazos y besos apasionantes como dos
jóvenes de secundaria.
Fueron aquellos días de los mejores de mi existencia,
verdaderamente aquél era un amor intenso, que crecía cada
día más, yo le daba bromas y le decía creo que hemos llegado a la copia de la
montaña, como dice tu abuela, ella se reía y me respondía, ya casi estamos en
ella. Otras noches por lo general los sábados y jueves nos juntábamos para ir
al pabellón en donde se proyectaban películas a las tropas, algunos llegaban
solos, otros con sus parejas, y así transcurrieron los días en medio de la
guerra, los que no estábamos al frente no la pasábamos tan mal, sobre todo si
tenías compañía. Aquellas ocho semanas que estuve en recuperación, se habían
ido volando como las golondrinas de mar a mí llegada al puerto de Saigón.
Durante algunos fines de semanas mi amigo, Robert, la enfermera Lucy Banfield
quienes se habían hecho amigos, Janet y yo, continuamos saliendo los domingos
al pequeño pueblo a divertirnos a bailar y a comer.
Mi amigo Robert y Lucy nos llevaban ventaja, quizás por su
experiencia en cosas del amor, realmente yo sentía que iba más lento, quizás
por mi novatada, siguiendo los pasos del consejo de la abuela de Janet.
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Hasta que un día no pudimos más,
nuestra reciente pasión hizo explotar nuestras hormonas, como un volcán, era ya
la última semana que me quedaba de descanso, estaba prohibido por el reglamento
acciones amorosas dentro del campamento, pero como Dios pone las reglas y el
diablo las deshace, con la ayuda y
alcahuetería de Lucy Banfield, quién me permitía entrar al pabellón de
enfermería por la parte trasera en uno de los cubículos desocupados, mientras
ella vigilaba, Janet y yo nos fundíamos en un amor profundo, hasta llegar al
éxtasis de la vida, aquella parecía una locura de dos estudiantes enamorados el
uno al otro, después el cubículo quedaba en un silencio profundo, nuestro amor
había alcanzado las estrellas, habíamos llegado a aquella cúspide del amor, como
decía la abuela de mi prometida, perdidos como dos adolescentes, yo sentía que
habíamos nacido el uno para el otro. Después de platicar, me despedí de ella
llamándole buenas noches mi pequeña" mariposa amarilla" sonrió y me
dijo está bien, me gusta que me llames así al rato me dirigía mi pabellón, a
mis 20 años aquella había sido una de las mejores noches de mi vida adulta.
Este encuentro apasionado se siguió repitiendo, faltando tan solo una semana
para reanudar mis entrenamientos, para mi próxima aventura bélica.
Fue una semana de ensueños de amor de
caricias mutuas de besos de sonrisas y abrazos, cuando me di cuenta de que, en
dos días para regresar a los entrenamientos, el amor me había hecho perder la
noción del tiempo.
Al día siguiente terminada mi licencia de ocho semanas, el
clarinete del día me hizo despertar para iniciar a la rutina al igual que el
resto de la tropa.
Había que comenzar los ejercicios y entrenamiento de armas
en el campamento, la actividad volvió a dar paso a mi vida de soldado, había
que seguir y cumplir con las instrucciones de los superiores, la llegada de la
noche era una eternidad, pensando en aquel amor
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que sin pensarlo me había caído del
cielo como un ángel, tan sólo me daba tiempo de visitar los fines de semana,
sentía que aquella chispa del amor se estaba apagando lentamente, como una
chimenea que da calor al hogar en tiempos de frío, me sentía solitario como el
Robinson Crusoe que había leído en la biblioteca de la señora Dickson, en
aquella isla a la salida del río Orinoco. Tanto Janet como yo teníamos deberes
y responsabilidades que cumplir dentro de las filas del ejército por lo tanto
no podíamos vernos.
Había comenzado para mí una lucha
diferente en donde no había amor si no odio contra el enemigo del Vietcong, el
capitán de la guarnición nos informó que el general encargado de toda la 23
División de Infantería conocida como la División Estadounidense, llegaría al
campamento para darnos una charla sobre nuestra próxima misión ya que el
Vietcong, continuaba avanzando lentamente hacia el Sur.
Aquella noche no dormí pensando en
que muy pronto dentro de dos semanas tendría que ir de nuevo al frente, también
mi mente giraba en torno a Janet, tenía que darle esa mala noticia.
Al día siguiente la corneta como de
costumbre, nos hizo despertar muy temprano, me alisté lo más rápido que pude,
arreglé mi camarote, fui a las duchas compartidas, me puse mi uniforme de
combate, y en unos minutos estaba junto a mis compañeros del pabellón listos
para la llegada del jefe del comando de nuestra división.
Efectivamente a las diez en punto arribó al sitio en un
vehículo grande blindado de vidrios obscuros seguido de otros carros militares,
en la misma carpa en donde se pasaban las películas a la tropa, con una tarima
al fondo, entró el general de la 23 División terrestre, todos los presentes
sentados en sillas portátiles nos pusimos de pie y en posición de saludo
militar ante un superior del ejército. Siéntense dijo por el micrófono con voz
firme de superioridad.
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Valientes soldados americanos, soy el
general William Smith comandante de la 23 División de infantería; preguntando
en voz alta, ¿saben todos ustedes a lo que hemos venido?, "si respondimos
todos," bueno dijo el General estamos aquí para combatir, y luchar por la
defensa y libertad, por el peligro que significa para nuestro país el avance
del comunismo en esta región.
El enemigo cada día va ganando
terreno, por lo tanto, debemos estar preparados para evitar su avance, ellos
ahora tienen armamentos más modernos y sofisticados proveídos por la URSS Y
China Comunista, armamentos más sofisticadas que las que usaron, hace poco
tiempo en la aldea AP-BAC en donde perdimos 14 helicópteros y el 40 % de
nuestros soldados de nuestra división. A pesar de su armamento más sofisticado,
el enemigo sigue usando el sistema de guerra de guerrillas, el cual les ha dado
buenos resultados, pero si usamos la logística y las estrategias que han
aprendido, hoy estoy seguro de que los haremos retroceder y vencer. No voy a entrar en las tácticas de combate,
esas se las darán mis subalternos que están al frente de las operaciones,
espero que en dos semanas estaremos preparados para la gran ofensiva.
Por otro lado entre ustedes hay
veteranos que conocen ya las tácticas de nuestros enemigos, también hay
veteranos que a pesar de ser heridos en combate siguen en pie de lucha sin
doblegarse, a esos llamo yo con orgullo "soldados de la patria", hoy
aprovecharé mi llegada, no sólo para avisarles de esta gran operación, sino
también a rendirle honor a quien honor merece, por lo tanto antes de terminar
esta charla, iré llamando a diez soldados de este campamento que han defendido
con honor nuestras trincheras, el General de Brigada, llamó a su ayudante, para
que le pasara un bulto en donde comenzó a sacar las condecoraciones recomendadas
por el capitán de este campamento.
El General Smith fue llamando al estrado a cada uno de los
diez condecorados, entre estaba yo, aquello me tomó por sorpresa, cuánto
hubiera deseado que el viejo Rick Jones hubiera estado aquí
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presente viendo orgulloso a su hijo
recibiendo en su pecho la medalla
" estrella de plata por la recompensa al valor en acción frente al
enemigo" igual a la que él había recibido mi padre años atrás durante la
segunda guerra mundial, así mismo me fue entregado un pergamino en donde se me
otorgaba mi ascenso rango de sargento primero. Así mismo hubiera deseado que su
adorada Janet estuviera en aquel momento, pero las circunstancias no le
permitían, ella estaba en el pabellón de enfermería atendiendo a los heridos de
la guerra.
La breve visita del comandante
terminaría con: ¡un grito del General! ¡Viva el ejército norteamericano !, bajo
un sólo coro se escuchó, ¡VIVA! Se pusieron de pie y bajo los acordes del himno
de los Estados Unidos, el jefe del comando de la 23 División de infantería se
retiró a dar otras charlas y condecoraciones a otras unidades del ejército
distribuidas en esa región del Sur de Vietnam.
Pasada la ceremonia, el Capitán del
campamento, les dijo a los soldados, felicitaciones, esta tarde la tienen
libre.
El ahora Sargento primero Frederick Jones, salió con una
cara de alegría, siendo felicitado por sus compañeros, su amigo Robert, jefe
del Pabellón " C " le dio un cálido abrazo, y le me dijo: bueno
Sargento usted se ha ganado con sangre y dolor su medalla y su nuevo
nombramiento.
Inmediatamente el ahora Sargento
primero, salió casi corriendo al pabellón de enfermería para enseñarle a su
prometida su reluciente medalla colgada a su pecho, entró, buscó a Janet quién
se había tomado un ligero descanso, la encontró y mostrándole su primera
medalla ganada en combate, y su pergamino en donde se me acreditaba mi nuevo
rango a sargento primero, nos fundimos en un abrazo lo cual aprovechó Frederick
para darle un beso en aquellos labios rojos, agregando, este domingo iremos al
pueblo a celebrarlo, agregando, no todo son buenas noticias, a partir de mañana
entramos en una nueva fase de entrenamiento con el nuevo armamento que nos
llegó, y dentro de dos semanas la mitad de la tropa de este regimiento sale al enfrentamiento
con el enemigo entre la lista estoy yo, así es que tendremos que esperar, para
ver qué sucede, trataremos de disfrutar estas dos semanas antes de mi partida,
un par de lágrimas salieron de los ojos azules de Janet, rodando por sus
rosadas mejías cayeron sobre el uniforme del ahora Sargento.
Nos despedimos y susurrándole al oído
le dije: dile a Lucy que esta noche vengo al pabellón, y después de otro beso
salió rumbo al pabellón “C”, en donde había una celebración, aquello parecía
una algarabía como niños en una piñata.
Aquél sería en
principio de una pesadilla que nunca había soñado, después de
dos semanas de duro entrenamiento de los instructores sobre el uso del nuevo
armamento que habían recibido, sumado al entrenamiento de nuevas tácticas de
guerra, enseñanzas de lucha de cuerpo a cuerpo, de sobrevivencia en los
pantanos, etc., para nuestro regimiento la gran mayoría jóvenes novatos era
una pesadilla, yo con mi
experiencia estaba preparado para
el combate, sin dudas a mi corta edad ya
era un veterano. Por mi rango me
asignaron para ayudar a los superiores a dirigir aquellas extenuantes prácticas
rutinarias.
Mi próximo cumpleaños se acercaba, cumpliría mis veintiún
años, durante ese tiempo me mantenía en constante comunicación por correo con
mi padre, por lo menos una vez al mes me llegaba su correspondencia, hacia dos
últimos meses me extrañaba no haber recibido ninguna carta del viejo Rick, no
sabía nada de su vida. Transcurridas dos semanas aquella mañana fue como las
demás, al toque de corneta, estábamos de pie, fuimos a las duchas y después al
comedor, el jefe del pabellón dio las instrucciones que preparamos nuestras
mochilas, con todos nuestros atuendos de combate, ya que por la tarde llegaron
los helicópteros a recoger a las tropas para la misión, íbamos por tiempo
indefinido, hasta que llegaran nuevos refuerzos, ya todo estaba preparado para
la salida.
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Me dirigí a mi
pabellón a recoger mi mochila y mi fusil de asalto un M16 y mi casco, antes de
despedirme de mi amigo el teniente Robert le abracé y nos dimos un fuerte
apretón de manos, le entregué una carta en un sobre cerrado que había preparado
el día anterior para su prometida y le dije por favor cuida a mi Janet, me cuadré ante él, acto seguido me
dirigí al sitio en donde ya las tropas estaban llegando, en el área de la
pista, habían estacionados cuatro helicópteros CH-47C, uno de ellos
iba equipado con paracaidistas especializados los cuales serían los primeros en
posicionarse en la avanzada del resto de las tropas de infantería. Comenzamos a
subir y en unos minutos el helicóptero en donde iba yo, estaba levantando vuelo
como un ave pesada, que trata de ganar altura, dejando atrás el
campamento. Otro de estos mismos helicópteros llevaba el resto de la tropa y el
cuarto llevaría la artillería la pesada con dos médicos,
enfermeros y pertrechos de guerra, una vez dentro en su interior sólo se
escuchaba el ruido de los motores los cuales me impedían platicar con mi
compañero al lado mío.
Atrás quedaba el campamento, desde del costado del
helicóptero podía ver el grupo de pabellones blancos y el resto de las
instalaciones, las cuales se fueron perdiendo en el horizonte hasta desaparecer
de nuestra vista, abajo se miraba la verde vegetación que cubría las montañas y
los pantanos de arroz como un inmenso campo de pelota de grandes proporciones.
Nuestro regimiento fresco de combates
remplazaría en el campo de batalla a soldados levemente heridos o que llevaban
mucho tiempo de estar defendiendo en sus trincheras la avanzada del Vietcong.
Nunca olvidaré aquél primer vuelo de casi una hora alejado de la base de
operaciones, ya otras unidades estaban en el sitio esperando a los helicópteros
para llevar de regreso a la base principal los heridos, los caídos en combate
eran transportados en unidades separadas iban en bolsas cerradas, los soldados
de regreso a la base con heridas menores y otros motivos eran dejados por
último para darle prioridad a los que requerían atención médica de inmediato.
Por fin llegamos al sitio indicado, después de acomodarnos
en las trincheras iniciamos un breve descanso y almuerzo de latas preparadas
para el ejército, tras un breve descanso comenzó nuestro camino de avanzada con
el resto de la tropa que había permanecido durante semanas en tierra, tratando
de detener la avanzada del enemigo, cargamos nuestras pesadas mochilas que
pesaban más de 100 libras y así lentamente comenzamos a avanzar en la ruta
trazada antemano, hicimos un alto en el camino en donde pasaremos la noche. Muy
temprano continuamos a lo largo de un camino, yo presentía que aquella
excursión iba directo a un enfrentamiento el cual nunca me imaginé, nuestro
regimiento llevaba dos equipos de transmisión los cuales reportaban a la base
sobre nuestra posición de avanzada, llegamos a la primera aldea fabricada con
materiales de bambú, parecía tranquila, unas cuantas mujeres cargando niños amarradas
a sus espaldas, otras llevaban
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sus pertenencias en carretas de maderas huyendo de aquel
infierno, teníamos instrucciones de no hablar con esta gente, a pesar de que el
regimiento llevaba dos instructores que hablaban vietnamita no estaba permitido
platicar con ningún que no fuera de nuestra tropa De pronto vino la orden de
tirarnos suelo y tomar posiciones de combate, un comando de Vietcong estaba
tratando de detener la avanzada en aquella aldea, comenzó un infierno de lucha
no sabíamos de donde provenían los disparos y morterazos, aquello parecía una
fiesta de fin año, las balas no sabíamos de qué dirección venían, los primeros
heridos de nuestro regimiento comenzaron a ser llevados en camillas hacía dos
vehículos blindados en donde estaba el personal médico para darles atención
primaria y evaluarlos, el capitán a cargo de las tropas de avanzada dio
instrucciones a los radio operadores para que dieran las coordenadas de
localización del combate, para que enviaran dos helicópteros UH-1 con ametralladoras para transportar varios heridos graves y
ayudarán con su artillería y dos aviones de combate artillados con bombas al
área en donde estaba el enemigo,
seguimos cautelosamente en la
avanzada, movilizándonos en pequeños grupos a un lugar seguro para evaluar su
situación mientras tanto, la incesante lluvia de balas seguía cayendo sobre
nuestra posición, el intenso combate continuo, a lo lejos se escuchaba el ruido
de los helicópteros artillados que llegaban a reforzar nuestra posición bajo
las coordenadas brindadas por los radios operadores.
Después de más de dos horas de
intenso fuego los helicópteros UH-1 dejaron caer bombas incendiarias Nepal las
cuales en un inicio de la guerra habían sido prohibidas usarlas en contra del
enemigo, estas bombas producían un gran daño por cuanto incendiaba todo lo que
estuviera a su alrededor.
Después del intenso fuego, se dio una tregua y la
artillería enemiga parecía haberse silenciado, fue entonces en donde por
primera vez me di cuenta de la efectividad del apoyo aéreo en este tipo de
combate. Todo hacía indicar que el grupo de avance enemigo había huido no
sabíamos en qué dirección, el sistema de guerrillas del Vietcong era muy
inteligente atacaban en masa, salían de escondites debajo de la tierra o
camuflados en las ciénagas como simples cultivadores de arroz, nos causaban bajas y después se
dispersaban a sus campamentos, tenían la gran ventaja sobre nuestras tropas que
ellos conocían el territorio palmo a palmo, en cambio nosotros solo disponemos
de mapas del sitio, éramos como ciegos perdidos en un inmenso bosque.
De aquella segunda incursión que yo recuerdo como si
hubiera sido ayer, de ochenta hombres del regimiento habían resultado dos
soldados muertos y ocho heridos. Seguimos avanzando por aquella jungla
impenetrable, bajo circunstancias difíciles, ataques de mosquitos, pantanos
etc., aquí los días y las horas no contaban, se pierde la noción del tiempo,
así como en un instante también se puede perder la vida, nos deteníamos
ligeramente para descansar, al caer la noche armamos nuestras ligeras carpas de
lona de la armada para protegernos de la lluvia, y de los mosquitos.
Después de semanas
de caminata y de cruzar varias aldeas la gran mayoría de ellas
abandonadas por sus habitantes y de uno que otro encuentro esporádico sin
daños a nuestras tropas, sin imaginarnos se nos venía una de las partes más
difíciles del combate, en las ciénagas, este es un país en donde la mayoría del
territorio plano esta cultivado de arroz, la cual era la principal alimentación
de aquel empobrecido país en guerra, el problema era que aquellas ciénagas tan
grandes como el océano se volvieron interminables, los mosquitos se estaban
dando gusto sobre las partes descubiertas de nuestros cuerpos, las dificultades
de caminar sobre el lodo con las armas en alto tratando de conservarlas limpias
más el peso de la mochilas, nos hacía avanzar lentamente, a veces extenuados a
pesar de nuestra preparación física nos obligaba a tomar un descanso en aquel
mar interminable en las ciénagas de
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arroz, en aquellos sitios, en donde se suponía que solo
había en su mayoría mujeres y niños cultivando o cosechando el arroz con sus
sombreros cónicos de bambú, de pronto el enemigo se aparecía del interior de
las ciénagas, eran comandos suicidas que causaban muchas bajas a nuestras
tropas, inclusive era difícil el rescate de los compañeros caídos o heridos en
combate debido al terreno fangoso en donde solo los helicópteros podían llegar.
Las tropas seguíamos avanzando, los
pertrechos y refuerzos llegaban por paracaídas lanzados desde los aviones de
abastecimiento los cuales dejaban caer en las áreas pantanosas llenando el
cielo como serpentinas de colores.
Fueron días difíciles, duros,
amargos, que no quisiera volver a vivir, cuantos compañeros de combate vi
partir mutilados o en bolsas para ser llevados fuera de combate.
Llevábamos tres meses de luchas y combates feroces en aquella jungla, sobreviviendo a los horrores de la guerra, a diario, los enfrentamientos cuerpo a cuerpo, creo que la lucha por la sobrevivencia, te saca fuerzas ocultas en nuestro interior, es lo más terrible que el ser humano puede pasar es ver caer a tus amigos y a mismos enemigos, luchamos en una tierra desconocida, sin fronteras en sitios inhóspitos y en las aldeas, en donde sólo quedaban los niños y mujeres que sembraban su sustento, disparamos a todo aquello que se moviera o pareciera un enemigo, sin preguntar sin retroceder, era una lucha del más astuto y fuerte, nosotros como país dominante, como potencia, teníamos la tecnología a nuestro alcance los hombres, pero no la experiencia ni el amor a su tierra ni el coraje de aquellos pequeños asiáticos de ojos rasgados y piel amarilla tostada por los ardientes campos de cultivo de arroz, ellos tenían a su favor la astucia y el conocimiento absoluto de su territorio y la convicción que su lucha era de ellos, no les importaba morir por sus ideales nosotros luchábamos por una orden y por obediencia militar, para sobrevivir sin motivación más que por una condecoración, muchas de las cuales se daban
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póstumamente, pero al final éramos soldados que estábamos
cumpliendo nuestro deber, me sentía un mercenario en tierra extraña en donde
había tanta pobreza, en conclusión, esa es para mí la verdad que guardaba en
silencio.
La guerra también se había vuelto
cruel, el odio de los soldados al ver caer heridos o muertos a sus compañeros
de combate y amigos, pierden la razón, llegaban a los pequeños poblados y con
sus encendedores les pegaban fuego a las aldeas de caña de bambú, ya
abandonadas por sus habitantes huyendo de la guerra.
Después de ocho meses con nuestras
botas y uniformes enlodados, malolientes
con nuestros cabellos largos que salían debajo de nuestros cascos, durmiendo
mal, picados de insectos, teníamos que estar a la expectativa porque en
cualquier momento en forma inesperada estábamos en territorio del enemigo, se
nos vino en encima una de las avanzadas
más grandes del Vietcong, aquellas eran
tropas enfurecidas con mejor armamento con el apoyo Chino y Soviético
como lo había previsto el General Smith en su charla a las tropas, meses atrás, fueron varios días de incesantes
luchas, los helicópteros iban y venían llevando heridos y muertos, y dejando
caer comida y avituallamientos bélicos, no había tregua ni descanso, la noche
era como el día, dormíamos por turnos unas pocas horas. Al caer la noche los
destellos de las luciérnagas se confundían con las luces dejadas por los
morteros y bombas de nosotros y del enemigo.
Una tarde en plena acción, me encontraba en una trinchera
con seis soldados y un radio operador, cuando se vino una avalancha de
enemigos, otros grupos estaban a corta distancia, nos defendimos peleando hasta
el agotamiento físico, la superioridad del enemigo era mayor a la nuestra,
nuestras ametralladoras calibre 50 no paraban de su martilleo constante, el
radio operador pidió refuerzos brindando las coordenadas del ataque, nuestros
fusiles y ametralladoras se calentaban por el constante uso.
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En el fragor del combate un mortero
cayó a pocos pies de nosotros, alcanzando al radio operador la explosión le
había casi arrancado una brazo me sentí aturdido por aquella explosión, por el
momento no sentí dolor, pero vi que mi pierna derecha había sido destrozada a la mitad del fémur ,
enseñando el hueso tendones y arterias por las cuales mi sangre salía a
torrentes, como una llave de agua abierta, al rato, moviéndose entre las
trincheras que nos protegían, escuché la voz de los camilleros que llegaron de
rastras casi debajo de las balas, y se llevaron al radio operador, primero para
auxiliarlo. Recuerdo que uno de los camilleros me gritó sargento síganos, les
grité "no puedo caminar" me
arrastré entre las balas buscando una mejor protección en la trinchera, vi a mi
lado los otros dos soldados novatos uno con la cabeza casi destrozada no se
movían y el otro con una herida en uno de sus brazos, regresaron casi de
arrastra los camilleros y me dijeron, sargento venimos por usted, casi no
recuerda mi mente continuaba aturdido, por mis oídos salía sangre, fui llevado
con dificultad hasta una de las unidades blindadas en donde estaban los médicos
un poco retirados del área de combate, escuche al otro radio operador pidiendo
refuerzos de la aviación y helicópteros para llevar a los heridos, uno de los
médicos en medio del combate me puso algodón y gasas presionando fuerte sobre
mi pierna casi destrozada me inyectó con morfina, y me hizo un torniquete
para detener el flujo de sangre que salía de mi pierna, por un instante sentí
un ligero alivio, miré aun lado del camión blindado, vi un joven de rostro juvenil herido en la
barbilla , como queriendo balbucear
algo, el ruido de los motores y las balas no dejaban oír lo que quería decir,
la lucha continuó los heridos seguían llegando en camillas, el vehículo
blindado de enfermería se alejó un poco más del área de combate, dejando en el
sitio al otro vehículo, al poco tiempo oímos llegar un helicóptero, al cual
fuimos transportados seis soldados heridos, estábamos ya en camino a nuestro campamento, llegados al sitio había
perdido mucha sangre, estaba casi inconsciente y también había perdido mi
audición de uno de mis oídos.
52
Al enterarse Janet que entre los heridos recién llegados
estaba yo, dejó a un paciente en manos de otra enfermera y desesperadamente
llegó, al helicóptero, en donde yo estaba, con lágrimas en sus tiernos ojos se
acercó, agarró mi mano y dándome consuelo me dijo, no te preocupes, todo va a
salir bien, yo agarré su mano fuertemente, y me dio un beso en mi mejia, casi
no escuchaba sus palabras de aliento, en mi cuello sucio y ensangrentado
llevaba puesto la pañoleta que ella me había regalado, en ese instante llegó un
capitán con voz de mando dijo, el sargento está muy mal no puede ser atendido
aquí, también el otro soldado con fractura en brazo enseñando el hueso y los tendones
deben ser llevados al barco hospital inglés anclado en la bahía, los otros
cuatro pueden bajarlos cuidadosamente y llevarlos al pabellón de enfermería,
siguiendo las instrucciones llegaron los camilleros y bajaron a los cuatro
soldados con heridas menores.
Cuando hubiera deseado mi querida
Janet que me hubiera quedado en el pabellón de enfermería, pero esas eran las
instrucciones superiores, pensando ella, recapacitó, quizás el capitán tenga
toda la tenga razón aquí no tenemos las facilidades, para atender este tipo de
heridas graves. El helicóptero me llevó al barco hospital, anclado en el
puerto, abajo quedaba su adorada Janet a quién Frederick no pudo casi
reconocer, el dolor invadía todo su cuerpo, había perdido mucha sangre, el
médico del helicóptero me puso una bolsa de sangre y suero mientras llegaban al
barco, no se atrevió a remover el torniquete, para evitar un colapso del herido
por la pérdida de sangre, lo mismo hizo con el soldado herido en el brazo.
Janet visiblemente afectada, con
lágrimas que corrían por sus mejillas, regresó a su puesto de trabajo para la
atención de los cuatro soldados recién llegados.
Al cabo de un rato el helicóptero estaba bajando en la
cubierta del barco hospital con los dos heridos, inmediatamente fuimos
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llevados en camilla al área de emergencia para ser
evaluados por los médicos, el pulso y la respiración están bajos, dijo la
enfermera de turno, al médico este dio las órdenes, hay que llevarlos de
inmediato a un cuarto, limpiarlos para tomarles una placa y llevarlos al
quirófano.
En el quirófano después de las placas procedieron de
inmediato a atenderme, el dolor invadía mi cuerpo, el médico de turno dijo a
las enfermeras póngale al teniente anestesia total, para que procedamos, este
paciente, lleva mucho tiempo con el torniquete y su pie comienza a ponerse
morado.
Removiendo las compresas y el
torniquete, procedieron a la operación de tratar de restaurar aquella herida la
cual había cortado algunas arterias y venas de importancia, el fémur de su
pierna estaba astillado.
El médico llamó a otro colega y le
dijo, parece que el daño de los músculos y el fémur en muy grande, además paso
mucho tiempo con el torniquete puesto, y esto pone en peligro el resto de la
pierna, creo que será mejor amputarla, por de pronto mientras decidimos, ya
logramos parar la hemorragia, ordenó a las enfermeras, póngale morfina sangre y
suero, no podemos enyesarle, hasta de estar seguros que sus heridas sanen, por
de pronto voy a alinear el fémur con una tablilla a ambos lados de la pierna
temporalmente, mientras decidimos qué hacer.
El médico, ordenó antibiótico ya
veremos su progreso, luce joven, dijo el médico veremos qué decisión tomamos,
por el momento llévenlo a la sala de recuperación y mañana, según su condición
le llevan a un cuarto.
Al día siguiente me trasladaron al cuarto número 2-8 en el
segundo piso del hospital flotante, cuidadosamente los enfermeros lo pasaron a
una cama, en unos minutos llegó el médico a ver el avance del herido, para ver
qué decisión tomarían
54
me conectaron a un monitor para seguirle el ritmo cardiaco,
y me pusieron otra bolsa de suero y sangre.
Mientras tanto en tierra en el campamento a donde estaba
asignado, el sargento su adorada Janet recurrió al pabellón "C" a
buscar al teniente Robert para pedirle su
apoyo, le pidió el favor para que el
próximo fin de semana que se acercaba pidieran un permiso para visitarme en el barco hospital, no te
preocupes Janet yo me encargo de eso el, próximo sábado iremos al barco para
ver a nuestro amigo, estoy seguro que se recuperará, agregando en broma, los
Angelinos tenemos las siete vidas del gato, para suavizar las cosas y darle un
poco de esperanza.
Al día siguiente de la intervención y con más información
radiológica, el medico que me atendía, llegó con dos enfermeras al cuarto
número 2-8 del hospital administrado por los Ingleses, buenos días soy el Dr.
Richardson el que le operó ayer, su caso no es fácil sargento Jones, estamos
haciendo todo lo posible para salvarle su pierna, tiene el fémur astillado hay
muchos músculos destrozados, creo que no nos queda más opción que el de
amputarle su pierna lo cual le impedirá
seguir en el frente de guerra, aquí no tenemos los equipos necesarios para
tomar otra opción, así es que dentro unos días
le someteremos a cirugía, por eso no le puse yeso a su pierna, créame
que esta es la mejor opción, así una vez recuperado podría volver a su país,
pero esta última decisión la tomaremos en
una junta de médicos que tendremos, por de pronto ese es mi criterio.
Vamos a limpiarle el vendaje el galeno notó, que había un poco de mejoría, le
dijo a las enfermeras me limpiarán con
agua oxigenada y me cambiaran el vendaje de mi pierna mientras decidimos su
caso, seguiremos poniendo morfina para
el dolor y antibióticos, anotando las órdenes en la tablilla de apuntes, verá
que todo sale bien, dándole un poco de aliento al paciente, gracias doctor. ,
aproveche para decirle, doctor, no
escucho nada del oído izquierdo no me funciona, no se preocupe por eso
vamos darle prioridad a su
55
pierna, mañana examinaremos de nuevo su herida y le
cambiaremos el vendaje, gracias doctor le respondí.
El sábado muy temprano a la hora de visitas, estaban
llegando al barco, Janet, iba con su vestimenta de enfermera acompañada de
amigo el teniente Robert, se registraron en el área de visitas del hospital y
buscaron en la lista de pacientes para ver el número del cuarto en donde estaba
yo y el nombre del médico que estaba atendiendo, se dirigieron al elevador al
segundo piso al cuarto número 2-8. Abrieron la puerta suavemente yo estaba
medio adormilado por los medicamentos para el dolor, inmediatamente abrí los
ojos, y mi mirada se iluminó al ver a su prometida Janet y a su amigo el Robert, ella se acercó suavemente y me dio un
beso, sobándome la mano me dijo, ya verás que pronto estarás bien, mi amigo
Robert me dio una palmadita en el hombro y me dijo, mira Frederick, aquí estás
mejor, que en el campo de batalla, te cuento que nuestras tropas hicieron
retroceder al enemigo, aunque las fuerzas de inteligencia dicen que vendrá otra
avalancha del Vietcong, así es que esto aún no termina.
En ese instante entró la enfermera de turno, le llevaba la
comida en una carretilla al paciente, saludando dijo soy la enfermera a cargo
del sargento, mucho gusto respondió a los visitantes, somos amigos del
sargento, yo soy enfermera del pabellón de una de las unidades de la División
23 de tropas terrestres y el teniente Robert Moore jefe del pabellón
"C" a donde está el sargento Jones mientras usted hace su trabajo, me
gustaría hablar con el doctor, Richardson para saber la condición de su
paciente, la enfermera pidiéndole ayuda a otra persona del hospital, le dijo
por favor, lleve a la señorita a la oficina privada del doctor Richardson, yo
me quedo aquí con Frederick dijo Rick.
Janet se dirigió a la oficina privada del doctor, toco la
puerta, y se escuchó adelante, ella se presentó al médico y le dijo soy la
amiga de su paciente, sargento Jones, mi nombre es Janet Biltmore del
56
pabellón de enfermería de la División
23 de infantería, mucho gusto respondió el galeno, preguntando---- en qué puedo
servirle, preguntó Janet, ------? Doctor. cómo está el estado del sargento
Frederick? -------El médico respondió su situación es delicada, esta
entablillado, pero su fémur está astillado trate de alinear los huesos lo más
que pude, pero le diré la verdad necesita una reconstrucción de su pierna casi
en su totalidad, unimos todas las venas y arterias de su pierna para detener la
hemorragia, pero perdió mucha sangre, y además hay un desgarramiento muscular
es muy intenso, el día que vino estuvimos a punto de amputarle su pierna, pero
le dimos chance para evaluar con mis colegas esa opción, es un hombre joven
podría ser mi hijo, casi suplicando al médico Janet le dijo, doctor él es muy
joven por favor doctor no le amputen su pierna sería su fin, él es mi
prometido, si usted lo envía a California quizás allá puedan salvarle su pierna
allá hay hospitales especializados, el médico se quedó un rato pensativo, sí
creo que tiene razón, no había pensado en esa alternativa, voy a hablar con el
jefe de cirugía, si el acepta y hay espacio en el próximo vuelo de mañana le
prometo que lo enviaremos en un avión a
California con otros soldados heridos yo creo que él es muy joven para
arruinarle la vida, solo con una operación reconstructiva de su fémur y
músculos se podría salvar su pierna, lo más probable es que vaya a necesitar de
varias cirugías reconstructivas en este hospital no tenemos todas las especialidades,
gracias doctor Richardson, le agradezco todo lo que ha hecho por mi prometido,
de nada a sus órdenes respondió el médico, no sabe cuánto lo siento.
Janet dejó la oficina del galeno con
su corazón y con cara de aflicción reflejada en su rostro, ella sabía que
quedaría sola, y que quizás no lo volvería a ver a su prometido, camino
pensativa por los pasillos del hospital y se volvió a dirigir al cuarto número
2-8. Ya de regreso al cuarto la enfermera se había ido, y sólo estaba nuestro
amigo Robert con quien Frederick, había hablado un buen
rato, ella se acercó jalo una silla para estar más cerca de
mí, en ese
57
instante mi amigo Robert dijo: voy a dejarlos solos para
que platiquen, voy aprovechar para dar
un recorrido para conocer el barco, una vez solos, ella me agarró fuertemente mi mano, y me
dijo, ya hablé con tu médico de cabecera parece que lo convencí, me prometió
que hablaría con su superior y que si había cupo te enviarán, mañana mismo por
avión a California, a un sitio especializado en reconstrucción ósea y muscular
así es que ten paciencia y ánimo, preocúpate del presente, que del futuro no
sabemos, ya pensaremos, hoy es un nuevo día, para ti, y para mí, peor están los
que siguen en el campo de batalla, recuerda que Dios hace y deshace las cosas,
hoy tu estas a la voluntad de él, reza porque la medicina y la oración van de
la mano, conozco tu fortaleza yo sé que
no te rendirás, por mí por tu padre que
espera ansioso tu retorno, tras aquellas palabras de ánimo, le agarro su mano,
y le dijo: no sabía que tenías tanta fe, ella me respondió soy una creyente
cristiana que fui educada en un colegio católico, bajó su cabeza luciendo su
bella cabellera dorada escondida detrás de su gorro de enfermera, me dijo que
la acompañara para rezar un Padre nuestro y un Avemaría, pidiendo a Dios por su
recuperación.
Guarde silencio unos segundos y le respondí en voz pausada,
sacando palabras entrecortadas por efecto de los medicamentos, y le dije:
Janet," mi mariposa amarilla", no sabes lo que me duele, más que mis
propias heridas, el dejarte sola en este lugar, en estas últimos meses tu
ausencia me dolía, no me había acostumbrado a estar sólo, en el campo de
batalla, te confieso que ni un instante dejé de pensar en ti, ni en los
momentos más crudos de la guerra, me sentía como las aves que vuelan solitarias
buscando una compañía que les de calor, tengo fe que pronto saldré de esta
prueba, mira aún llevo en el cuello tu pañuelo que me diste, cuantas veces al
tocarlo me acordaba de ti para sentirme a tu lado, agradezco a Dios que me haya
puesto en tu camino, tú has sido mi faro de luz, mi guía mi consuelo en todos
estos momentos difíciles.
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Al escuchar aquellas palabras hermosas que nunca antes las
había oído salir de mi boca, se levantó de la silla y con la delicadeza de una
dama, me dio un abrazo, busco mis labios resecos por los medicamentos y los
juntó a los míos por unos segundos, ahora fui yo el que me quebré, no sabía si
aquél sería el último beso a la mujer
que amaba, un par de lágrimas rodó por mis mejillas tostadas por ardiente sol
después de ocho meses en los campos Vietnamitas, traté de ocultar mi tristeza,
volví a agarrar su mano y delicada y esta se fue deslizando suavemente sobre la
mía, agregándole amor mío, no te preocupes, estaremos en constante comunicación
te lo prometo mi adorada Janet, ella se acercó y quiso decirme algo al oído,
pero ella calló.
De pronto por los altoparlantes el
hospital anunciaba la terminación de las horas de visitas, ya no había tiempo
para más, nos volvimos a dar un beso profundo en ese instante entraba al cuarto
mi amigo, Robert, estrechó mi mano y me dijo, no te olvides de nosotros,
estaremos en comunicación le respondí, en aquel instante mi mano y la de mi
adorada Janet ya se habían separado, aquellos dos jóvenes que se amaban tanto
tenían que despedirse.
Vi salir a Janet secándose sus
lágrimas que habían rodado sobre sus frescas mejillas, aquella era una
despedida triste para ambos, como me dolía dejarla sola, hubiera preferido
haber perdido la vida en el campo de batalla, ya que con la muerte se van
nuestras penas y dolores.
Al día siguiente en una camilla, fui transportado por un
helicóptero a la pista de aterrizaje junto a otros heridos graves, quienes
seríamos trasladados en un avión Hércules C-130 a un hospital en California, en
aquel instante pensé que dejaba atrás parte de mi vida en ese lejano país en
guerra, habían pasado más de tres años de lucha, pero también lo que sin lugar
a duda lo que más extrañaría sería su adorable Janet.
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El avión alzó vuelo hasta alcanzar
las nubes, dejando atrás aquel paisaje tan hermoso, pero lleno de tanto odio
entre dos pueblos en conflicto había permanecido en el Vietnam del sur más de
tres años. Durante el vuelo de más 15 horas el enfermero a cargo de los
pacientes me inyectó dos veces con morfina para calmar el dolor de mis heridas,
medio adormilado el capitán a cargo de la nave nos avisó, que estábamos por
llegar a la estación aérea del cuerpo de infantería de Marina " El
Toro" al oeste de los Ángeles California, inmediatamente fuimos
trasladados en un helicóptero a diferentes hospitales del área, a mi llevaron
al Hospital de Veteranos en el área de los Ángeles muy cerca de la casa de mi
padre.
Al llegar fui ubicado en al piso tres del cuarto número
3-210, Inmediatamente a mi llegada dos médicos y dos enfermeras estaban
evaluando mi situación, la anestesia local y mi oído izquierdo dañado, apenas
medio podía escuchar lo que platicaban los médicos, estaban revisando una
carpeta que había enviado en mi vuelo el Dr. Richardson del barco hospital
anclado en la bahía del Vietnam del Sur.
Lo único que apenas alcancé a oír es que esperaremos que
llegue el cirujano ortopedista del centro para ver que ver la decisión que
tomaremos. Como dos horas después se apareció el cirujano ortopedista del
Centro Hospitalario, con la carpeta en sus manos, acercándose a mi cama me
preguntó,------ Sargento Jones como se siente, -----muy adolorido doctor, ya
revisé su expediente, vi que tan sólo tiene veinte y tres años, aunque sus
heridas y fracturas del fémur son graves, no se preocupe, mañana mismo lo
estaremos sometiendo a cirugía, para reconstruir el fémur, su recuperación será
lenta, es muy probable que tengamos que intervenir varias veces para hacerle
algunos injertos para que los músculos de su pierna vuelvan a funcionar, de
aquí y con terapia usted saldrá caminando, medio adormilado le respondí,
dándole las gracias doctor, él médico ordenó que me pusieran más morfina y antibióticos, para que pueda
descansar bien esa noche.
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El ortopedista abandonó el cuarto, al
rato, se apareció una enfermera a colocar una bolsa de sangre en la que inyectó
no sé qué medicamentos para el dolor, me preguntó,----- quiero llenar su
expediente ya que está incompleto, quiero saber su nombre completo el de sus padres el teléfono y la dirección donde
viven, o si está casado el de su esposa para avisarle, después de darle la
información,---- respondí soy soltero,
me urge hablar con mi padre, ya que hace más de dos meses que no he recibido
correspondencia de él, no se preocupe con este teléfono que dio, le llamaré
para que se comunique con usted.
El teléfono de casa de su padre el
viejo Rick, repicó por un rato y nadie lo levantó, gracias le dije a la
enfermera, el viejo debe estar dormido o visitando algún amigo, de todas
maneras, gracias le dije a la enfermera, de nada contestó ella, si necesita
alguna ayuda, sólo pulse este botón e inmediatamente vendré a atenderle.
Esa tarde casi, como a las cinco, sentí que alguien llegaba
al cuarto era la enfermera que le llevaba la cena del día acomodó la cama
subiendo un poco, dígame hasta dónde puede aguantar me preguntó, y poniendo la
bandeja en mi en una mesita me puso la
cena, a base de líquidos, de todas maneras había perdido el apetito, dice el
doctor que tome líquido solamente, porque mañana en la mañana entra a cirugía,
gracias le dije a la enfermera, hágame el favor de volver a llamar a mi padre, aquí está el teléfono, la
enfermera volvió a marcar el número, el teléfono repicó por varios minutos,
ella me dijo, lo siento nadie lo levanta, -----tiene a alguien más a quien
quisiera llamar ? fue entonces cuando se acordé, de la señora Dickson la amiga
de su madre a la que tantos favores le debía,----- si le respondí mi amiga la
señora Michelle Dickson, el problema es que no tengo su número esta es su
dirección, la enfermera me dijo si desea la puedo localizar en el directorio
telefónico de la ciudad, para que hable con ella, al rato la enfermera llegó a
retirar la bandeja, tan sólo había comido
61
una gelatina y un jugo de manzana, sacando de su bolsillo
la enfermera me dijo:
Sargento Jones, encontré en el
directorio el número de la señora Dickson, quiere que le llame, por favor
respondí, al momento mi amiga estaba contestando el teléfono, asustada me
preguntó, ¿----Frederick en dónde estás hijo?,----- en el hospital de veteranos
en los Ángeles,---- y porque estas allí,? fui herido en combate y hace dos días
me transportaron al hospital, mañana mismo iré a visitarte, no creo que se
pueda mañana le dijo Frederick , porque me van a intervenir tengo mi pierna
derecha pierna casi desbaratada así es que le voy a dar el número de mi cuarto
para que venga otro día, cuando el médico diga que puedo recibir visitas, está
bien respondió la señora Dickson, agregando, deseo que me haga un gran favor,
desde hace dos meses escribí a mi padre y no me contestó ninguna de las cartas,
la enfermera a tratado de llamar dos veces y nadie responde en la casa, guardó
una pausa y me dijo, voy a tratar de averiguar, yo te llamaré después. Te
visitaremos cuando el hospital lo permita, gracias, señora Dickson, no sabe
cuánto le agradezco, usted ha sido siempre un ángel para mí, no muchacho tú
sabes cuánto te queremos respondió la señora para nosotros, eres casi un hijo,
gracias le respondí, y colgué el teléfono.
Dado el efecto de los anestésicos, dormí tranquilo aquella
noche, a la orilla sobre su cama la enfermera le había puesto lo necesario por
sus necesidades, recordándome que así no podía ir al baño.
Al día siguiente muy temprano llegó
la enfermera, buenos días Sr. Jones, ---- cómo pasó la noche, ----- bastante
bien gracias.
Vengo a hacerle una limpieza, el médico dejó anotado que no
debe comer nada, sólo un poco de líquido, para evitar problemas por la
anestesia total que le pondrán hoy, está bien-----y como está del dolor ---me
ha comenzado a doler de nuevo, ----- no se preocupe voy a darle algo después
que lo deje limpio, me dijo la enfermera:
62
-----Podría hacerme un favor? -----
por supuesto señor, vuelva a llamar a este número de casa de mi padre, volvió a
marcar la enfermera, le pasó el teléfono que estaba junto a la mesa de noche,
este repicó, varias veces, y de nuevo nadie respondió, gracias le dije a la
enfermera.
¿Por su mente pasaron varias ideas, estará enfermo? Ya me
hubieran avisado, que extraño el nunca sale por tanto tiempo de la casa, bueno
averiguaré más tarde o mañana después que me recupere de la cirugía.
A las once de la mañana, estaba siendo llevado en una
camilla a uno de los quirófanos de aquél inmenso Hospital, comenzaron a
prepararme para aquella delicada intervención, al rato ya estaba completamente
anestesiado, entró, de tal manera que no recuerdo cuando entraron les médicos
al cuarto de cirugía, de inmediato procedieron a la delicada operación de mi
pierna, él médico me había explicado que iban a cortar parte del fémur
astillado y empatar con una pieza de platino atornillada a los lados, la
operación duraría más de seis horas le había dicho el galeno.
Cuando me desperté ya estaba en la
sala de recuperación, aquí me pusieran sangre y suero y analgésicos inyectados
en la misma solución directo al catéter, el galeno dio instrucciones de
conectarme a un monitor para ver mis signos vitales agregando de acuerdo con su
reacción, él me dijo: en un día lo transferimos de nuevo a su cuarto,
efectivamente me vine despertando a media noche, adolorido y con los efectos de
la anestesia general por la cirugía.
El Doctor Lake se apareció temprano
en su ronda, y me pregunto----- cómo se siente Sargento ---- muy adolorido
doctor y con ganas de vomitar, no se preocupe esos son efectos de la anestesia
que le pusimos le vamos a dar algo para eso, va a tomar líquidos y mañana lo
trasladaremos a su cuarto. Pregunto Frederic------ como esta mi pierna doctor,
----- vamos bien, este es el primer paso le pusimos dos platinas atornilladas a
su
63
fémur, eso lo molestará por unas
semanas, el resto del músculo dañado no podemos hacer nada hasta que se recupere del fémur, después vendrán otras
cirugías reconstructivas de los músculos de la pierna, eso lleva tiempo serán
otros cirujanos especialistas en reconstrucción de tejidos musculares los que
se encargaran de usted, ----pero usted está sano es fuerte y joven y estamos
haciendo todo lo posible para salvarle su pierna, no se preocupe vino a uno de
los mejores hospitales de los Ángeles, gracias doctor Lake, le contesté. Lo
veré mañana por ahora todo va bien, le mandaré más analgésicos para el dolor,
tome algo de líquidos y procure descansar.
Al día siguiente alrededor de las cinco, fui trasladado al
tercer piso al cuarto asignado 3-210, llegó la enfermera me tomó la presión me
conectó a una máquina para monitorear mis signos vitales, puso el suero y los
analgésicos recetados por el médico, me dijo dentro de media hora le traeré de
comer, gracias le dije.
Al día siguiente
apareció el doctor Lake, y después de ver las condiciones de su
paciente, me dijo, ya me puse en contacto con el cirujano de reconstrucción de
tejidos del hospital, en cuanto hayas sanado procederemos a programar las
operaciones de reconstrucción, eso te lo explicará el especialista, por de
pronto permanecerás varias semanas en este hospital hasta tu recuperación,
gracias doctor Lake,---- puedo hacerle una pregunta,----- si con todo gusto,
respondió el cirujano, puedo recibir visitas, si por supuesto, sólo tienen que
registrarse en el pabellón principal para que les den el número de tu cuarto,
ya vendrá la enfermera para hacerte una limpieza de la herida, después de la
curación puedes llamar a tu familia, gracias doctor. Ansioso por saber de mi
padre, volví a pedirle a la enfermera, que, si me hacía el favor de llamarle,
marcó el número y de nuevo, nadie respondió a su llamada, esto me preocupaba
mucho, el no tener noticias de su padre, le pedí a la enfermera que le marcará
64
el número de su amiga Michael
Dickson, quien respondió a la llamada, pasándome el teléfono, la saludo y le
dije que ya había salido de recuperación, que estaba llamándole por si quería
visitarme, ella me respondió, hoy por la tarde me alisto y salgo para el
hospital mi esposo se va a poner muy contento cuando sepa la noticia de tu
regreso, él no podrá ir a verte porque está todavía trabajando, nos vemos más
tarde,
Como a las dos horas estaba llegando
al hospital, su amiga y soporte de sus días difíciles la señora Dickson, tocó
la puerta y con cariño me besó la frente y me dijo, cuanta falta nos has hecho
muchacho, bueno usted sabe en la guerra el tiempo pasa volando pase más tres
años en ese infierno, no terminaría de contarte lo terrible de ese sitio, he
estado dos veces hospitalizado, pero la primera vez no fue tan grave, unas
cuantas esquirlas de un mortero, a las dos semana ya estaba en pie, fui
condecorado y ascendido al rango de sargento, me enviaron al frente de batalla
en donde permanecí ocho meses, pero esta vez no tuve suerte como la primera
vez, esta sí que fue en serio, un mortero me destrozó la pierna derecha, la
cual querían los médicos amputarla en el hospital en Vietnam, pero gracias a
Dios y a los ruegos e insistencia de mí prometida la enfermera Janet Biltmore,
el médico del hospital decidió que me
trasladaron a aquí, es hospital excelente en el cual gracias a Dios parece que me recuperaré, ya verás que es así hijo,
ten fe que todo saldrá bien , agregando el doctor Lake que me operó, espera que
el hueso sane pronto para iniciar otras operaciones de recuperación de los
tejidos y músculos que perdí, no sé cuánto tiempo permaneceré en este hospital,
estoy muy agradecido, bien atendido, no
me puedo quejar de la amabilidad y profesionalismo de cómo me han tratado,
agregando hay algo que me preocupa
señora Dickson,----- si dime, por favor----- quisiera preguntarle por mi
padre he tratado por tres días seguidos de comunicarse al teléfono de casa y no
responde ? a sabido usted de el, hace dos meses que le escribí por última vez
y no respondió a mi cartas .
La señora Dickson nerviosa agarró fuertemente mi mano, y
con voz entrecortada le dijo: Frederick, tu padre ya no está con nosotros, hace más de dos meses falleció,
de un infarto cardíaco repentino, con alguna frecuencia me comunicaba con él
para saber cómo estaba, pero como sabes su carácter fuerte de militar, solo me
respondía que bien, después de saludar y preguntar por mi familia colgaba, el
día de su muerte, una vecina lo miró caer a la entrada de su casa, ella llamó
al 911 según me dijo, él ya iba muy mal,
fui de prisa a su casa, pero ya no estaba, se lo habían llevado al
hospital tratando de revivirlo, pero no pudieron hacer nada por él había sido
un infarto fulminante.
Brotaron unas lágrimas en los ojos de la señora Dickson me
dijo lo siento mucho hijo, agregando, mi esposo Gregory y yo fuimos a la
funeraria, él ya tenía todos los servicios pagados de antemano, la funeraria se
encargó de todo.
Estuvimos presente en sus honras
fúnebres asistieron muchos veteranos de guerra y compañeros de trabajo del
puerto, lo despidieron como él lo
hubiera deseado, fue un entierro con honores, mientras un soldado entonaba con
su corneta, anunciando su despedida,
tres salvas al aire disparados por soldados despedían a tu padre, mientras la
bandera con su fondo blanco estrellado fue removida de su ataúd, mientras en
aquél momento el viento arrastraba una ligera brisa, y así tu padre el teniente
Rick Jones bajaba lentamente a su última morada, después la de ceremonia, como
no había ningún familiar presente,
acepté en nombre tuyo la
bandera doblada de los Estados Unidos
para que la conservará hasta que tu regresaras, yo te la daré cuando hayas
salido de todo esto hijo, agregando sus restos descansan en la misma fosa de tu madre.
Después a los dos días, me dirigí al comando en tierra de
la armada en los Ángeles, te envié una carta, en la que te informaba sobre su
fallecimiento, pero parece que esa comunicación nunca llegó a tus
66
manos, a la semana me llamaron diciéndome que no te habían
localizado porque estabas en misión de combate, agregándo no te preocupes por
tu casa, llamamos a un cerrajero para que cambiara la llave de la entrada,
nosotros visitamos tu hogar un par de veces, todo está como tu padre lo dejó,
cubrimos los muebles de la sala con sábanas, lo demás toda estaba en orden.
Frederick acostumbrado a los horrores de la guerra de ver
mutilados, compañeros en bolsas plásticas, guardó silencio por unos segundos un
par de lágrimas nublaron sus ojos, por unos minutos aguanté el llanto y después
me quebré, con mis ojos humedecidos, agarré la mano de mi amiga Dickson y se la
besé en señal de agradecimiento, por todo lo que seguía haciendo por nosotros.
Ya sabes que después que te recuperes, seguiremos estando
contigo, te queremos como a un hijo, gracias le respondí, no sabe cuánto
hubiera deseado estar en la despedida de mi padre, yo lo se hijo, respondió
ella.
Bueno en un par de días regreso para que me sigas contando,
ahora debes descansar, ¿antes de irse me preguntó? Frederick necesitas
algo?,---- yo le respondí sólo necesito papel unos sobres y un lapicero, para
escribir a mi prometida y a mis amigos que dejé allá en el Vietnam, pasado
mañana te los traigo, te traeré un par de libros para que no pases aburrido,
gracias de nuevo, salúdame a su esposo Gregory y a su hija Fanny, se las daré.
Bueno hijo, vendré en un par de días a visitarte, para que sigamos platicando,
gracias, señora Dickson yo sabía que usted no me abandonaría, agregando ha sido
como una madre para mí, no sé cómo pagarle, por todo lo ha hecho por nosotros,
ella se agachó y volvió a darme un beso de despedida en la frente, ya verás que
pronto sanarás, continuaré rezando y viniendo a verte, no te abandonaré.
Después de tantos años, aquella
amable dama seguía dándome el apoyo, como una madre, caminó hacia la puerta con
su andar ya un poco lento por los años cerró la puerta, dejándome solo en mi
cuarto.
Después que ella salió, comencé a darle vuelta a mi mente
sobre el recuerdo de mi padre, los momentos difíciles y alegres que habían trascurrido en nuestras vidas,
sentía sentimientos encontrados por un
lado, los recuerdos de los momentos felices y tristes de nuestras vidas, me
sentía solo sin los consejos de un padre, por otro lado, me faltaba la presencia de mi adorada Janet, la mujer
que durante mi estadía en el Vietnam, me había hecho hombre, enseñándome que el
amor verdadero existe, aquella mujer que me había robado el sueño durante años
y que ahora, se quedó sola,
probablemente extrañando mis caricias y mis besos. En un silencio triste
aferrado fuertemente a mi almohada, comencé a llorar como un niño tratando de
desahogar mis penas que eran tan profundas como mis heridas,
Así transcurrieron dos días, los médicos esperaban que el hueso de mi pierna sanara, para
someterme a otras cirugías quizás más dolorosas que la primera, había perdido
el apetito, y rebajado no sé cuántos kilos, pero tenía que seguir luchando,
ahora mi batalla sería diferente, no contra el fiero enemigo del Vietcong, sino
que comenzaba una nueva lucha para sanar mis heridas, sabía que aquello no
sería fácil, a mi edad, seguía aferrado a la vida, sin dejarme vencer, era
joven y tenía las esperanzas de recuperar aquél amor lejano en aquellas tierras
hostiles y peligrosas.
A los dos días tal a como lo había
prometido la señora Dickson estaba entrando a mi cuarto, después de saludarme
como de costumbre con un beso en la frente, me entregó en una bolsita, papel,
sobres, lápices y dos libros de su librería personal para que Frederick se
entretuviera leyendo.
Gracias, señora Dickson sigo molestándola más, no hijo esa
no es
68
molestia, ----Dígame como están su esposo Gregory y su hija Fanny ---- Frederick, que te diré, Gregory
corriendo con asuntos de su oficina que no le da tiempo para nada, yo siempre
dando clases dentro de dos años tengo pensado retirarme y mi hija estudiando
duro en dos años termina la escuela secundaria y está entusiasmada porque le
han ofrecido una beca para estudiar Ciencias políticas qué es lo que a ella le
gusta, bueno agregando ahora hablemos de tu vida,------ como dice el médico que
estás---bueno me revisa todos los días parece que dentro de tres semanas
programará mi operación con otro especialista en reconstrucción muscular será
mi segunda intervención, la primera parece que está funcionando, la
reconstrucción del fémur está sanando rápido, pero esta segunda intervención me
ha dicho el médico que también es delicada,-----vas a ver que con favor de Dios
todo va a salir bien--gracias respondí.
Bien------ ahora termina de contarme de tus aventuras en el
Vietnam, ----- no terminaría si le detallo todo, sólo le digo que aquello es
terrible las noticias dicen que vamos ganando la guerra, pero yo que vengo ese
infierno creo que no es así, el Vietnam del del Norte y sus tropas populares
del Vietcong cada día ganan más terreno hacia Saigón, no le deseo a nadie el
estar en esa lucha, agregando no todo están mal, allá en aquél lugar tan lejos
de nuestras tierras, como son las cosas de la vida, en plena guerra, fui a encontrar el amor de mi vida, yo sé que
quizás fueron cosas de mi juventud pero me enamoré locamente agregando, cuando
el corazón te jala no lo puedes detener, fue un amor de esos a primera vista, a
como le sucedió a mi recordado padre con mi madre Ruth.
Es una linda mujer, me enamoré de
ella, su nombre es Janet Biltmore una bella mujer joven dulce, creo que Dios me
la puso en el camino, es dos años mayor que yo, se creó con su abuela en el
área de San José al Norte de California, estudió enfermería y ahora sirve al
ejército de los Estados Unidos en el mismo campamento en donde yo estaba, es de
esas mujeres inteligentes sencillas con un corazón de oro, fue para mí como
bálsamo durante mi primera hospitalización, fue un consuelo en mis momentos
duros de la guerra, como un oasis de agua fresca en medio del desierto, le juro
que lo que más me dolió el haberla
dejado sola en aquél lugar, que mis propias heridas, este pañuelo que mira que
llevo al cuello, me lo dio ella para que me sintiera acompañado de su
presencia, ahora ya está limpio porque le pedí a la enfermera que me lo lavara,
pero fue mi único refugio en los momentos más difíciles en los combates.
Señora Dickson aquello es un
infierno, cuánto me dolió el haberla dejado sola, durante mi último combate, en
cual quedé con la pierna destrozada, los
médicos querían amputármela, para ellos eso era lo más fácil, pero Janet peleó
como lo hace una leona por sus carros para que me la salvaran, y lo logró
aunque sabía que eso significaba nuestra separación física, pero le digo que si
vuelvo a caminar y me recupero, me volvería a alistarse en el ejército, para
estar a su lado.
La señora Dickson, calló por un
instante y me dijo, así muchacho, cuando el amor toca tus puertas, déjalo
pasar, y si esa va a ser tu felicidad bendita sea.
Gracias, señora yo sabía que usted me
comprendería. Siguieron hablando de otras cosas, y al rato la señora Dickson se
despidió de mí como de costumbre, con un beso en la frente, realmente era para
mí como mi madre desde niño nunca me abandonó.
Agarrando fuerzas y con el dolor de mis heridas, con papel y lápiz en mano comencé a escribir mi primera carta mi adorada Janet:
Aquella primera carta que envíe a mi querida Janet decía:
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Mi querida "mariposa
amarilla" llevo seis semanas en el Hospital de Veteranos en los Ángeles,
gracias a Dios y a ti, mi pierna parece que se recuperará lentamente, me han
reparado el fémur y ahora dentro de poco van a proceder a la reconstrucción de
los músculos y piel que perdí, estoy siendo bien atendido, no me puedo quejar.
Deseo decirte como extraño tus
delicadas manos de seda, desde cuando fui herido por primera vez, aún no he
podido borrar de mi mente tu bella figura y tu delicada voz, aún no me
acostumbro a tu ausencia, porque has dejado impregnado en mi piel, tu fragancia
sutil la cual guardo en mi corazón.
Te cuento que a mi llegada me
encontré de con la triste noticia de muerte de mi querido padre Rick Jones, fue
otro duro golpe para mí, ha sido un golpe detrás de otro, ahora más que nunca
me encuentro sólo en mi mundo frágil que se desbarata ante mis ojos cada día
que pasa, lo único que ha podido ahogar mis penas ha sido el recuerdo de
nuestros mejores días en aquellas tierras extrañas a nuestras costumbres.
Como te digo, sigo extrañado los
besos de tus labios rojos, los cuales me sabían a miel, como los gorriones que
al posarse en una bella flor extraen la parte más dulce de la vida de la flor,
para alimentar a sus crías.
No sabes cómo sigo extrañando tu
amor, me despierto a media noche y me parece sentir tu perfume y tus caricias.
Así como tus anécdotas por las
noches en aquella banca de enfermería, probablemente ahora solitaria, como me
hacías reír y ver al mundo diferente, aunque estuviéramos en aquel infierno.
Como extraño el calor de tu cuerpo y
escuchar latir fuertemente tu corazón junto al mío, como extraño aquellas
noches calurosas bajo el pabellón de enfermería, en la que nuestra pasión
llegaba al límite, aferrándome a tus brazos y a tu delicado cuerpo.
Hoy estoy aquí sólo en una cama,
cierro mis ojos tratando de distraer mi mente, pero tus ojos azules como el
mar, me siguen mirando y me persiguen en mis sueños, de los cuales no quisiera
despertar, y permanecer en ellos para siempre.
72
Durante mi despedida del hospital,
aquella tarde triste, quisiste decirme algo que era
importante, pero guardaste silencio por unos segundos, mi dolor y el tiempo
cruel no lo permitió, ahora, aunque estemos distantes, cuando me escribas,
puedes decirme lo que quieras, lo que tu corazón te dicte.
Mi pequeña "mariposa
amarilla", te prometo, que cuando llegue mi recuperación completa, estaré
de nuevo a tu lado, recuperando el tiempo que deje en mi camino, para seguirte
amando para seguir conquistando ese amor que nació ayer y el cual deseo que
perdure para siempre.
Cuando me escribas de regreso no
olvides de contarme como van las cosas en el campamento, saluda a nuestro común
amigo Robert Moore, dile que lo saludo y que doy las gracias por todo.
Firmo esta carta con la sangre de mi
corazón roto y la de mis heridas.
No quiero decirte adiós sino hasta
pronto.
Tu querido Frederick
A los dos días que regresó la señora
Dickson, después de platicar un rato, Frederick le dijo:
Señora Dickson quiero un gran favor,
he escrito una carta para mi prometida Janet, le pediré el gran favor que me la
ponga al correo, no te preocupes hijo, mañana mismo la llevaré a las oficinas
del correo más cercano, gracias le dije, usted siempre es mi ángel de la
guardia.
Tal a como le había anunciado el Dr.
Lake a las seis semanas estaba siendo conducido de nuevo a la sala del
quirófano, aquella sería la primera de varias intervenciones que requería para
la reconstrucción de la masa muscular de su pierna, ya el fémur había sanado.
El doctor Valerio, a cargo de la
operación me había explicado que extraerían parte de la masa muscular de mis
glúteos, para la reconstrucción de su pierna, así evitarían cualquier rechazo
del cuerpo. Aquella doble operación requería de un especialista y de muchas
intervenciones, yo ya estaba acostumbrado al dolor físico, aquél era uno más en
su vida, qué más daba, además yo estaba ansioso por volver a caminar, para
retornar a donde estaba mi querida Janet.
Fueron semanas de intenso dolor, uno
en la sala de recuperación los otros en su cuarto asignado 3-210, aquí seguían
llegando a visitarme con frecuencia mi amiga la señora Dickson y su esposo
Frank. Y así fueron pasando lentamente las semanas, mientras yo me desesperaba
cada día más al no recibir respuesta de su carta enviada a mi querida Janet.
A los días sorpresivamente llegó al hospital de veteranos
una carta de regreso del Vietnam con un matasellos, y una nota que decía,
recipiente no encontrado, la enfermera se la llevó a su cuarto y me la entregó
en mis manos, en la guardó en la bolsa que le había llevado la señora Dickson,
y con la mente confundida, revisé cuidadosamente la dirección del campamento y
del remitente, vi que todo estaba correcto.
74
Aquel día pasé triste, pensando en el rechazo de mi
correspondencia, mi mente aturdida comenzó a imaginarse, varias hipótesis,
habrán tomado el campamento, estará herida, la habrán matado los comandos
asesinos del Vietcong, dándole y dándole vueltas a su imaginación, como un loco
esquizofrénico.
Guardé silencio dentro de mis
adoloridos sentimientos sin decirle nada a nadie, comencé a escribir otra
carta, por si acaso había alguna equivocación en la anterior, pensaba en
silencio: debe haber algún error.
Escribí otras cartas de amor,
similares a las anteriores, y se las daba a la señora Dickson para que se
pusiera en la oficina de correos. A las semanas volvió a ocurrir lo mismo, las
cartas retornaban a mis manos, fue entonces cuando se me ocurrió escribir a mi
amigo, de mi pabellón el teniente
Robert Moore, saludando, le contaba de su situación de salud, de las dos
operaciones a que habían sometido, para recuperarme de mi pierna. Le rogué a mi
amigo que le investigara que había pasado con su prometida Janet Biltmore, que
el correo me había rechazado dos cartas, que le urgía saber de ella.
Le pidi el favor a la señora Dickson
para ponerla al correo de la ciudad. A las cuatro semanas llegaba una carta de
su amigo el teniente Robert, en la que
le preguntaba sobre mi pierna y me contaba del recrudecimiento de los
combates, me decía que tenía semanas de no ver a Janet en el campamento, que
había ido al pabellón de enfermería y que había hablado con la jefa del
pabellón y que esta le había dicho, que hacía dos meses la habían transferido a
otra unidad de enfermería en otro campamento más hacia sur, le pedí su
dirección y ella me dijo que no la tenía, pero que me la iba a conseguir en
unos días. Los días pasaban no tenía la forma de comunicarme con ella, más que
por correo, por lo menos aquella carta de mi amigo teniente Robert Moore me
había tranquilizado, sabiendo
que estaba en otro campamento brindando sus servicios de
enfermería, en aquél instante recordé las palabras de mi amigo Robert, en mi
primera visita al restaurante del pequeño poblado cerca del campamento,"
amigo, en este campamento, he visto pasar tantas mujeres bellas, como estas
mariposas como las que estamos tratando de conquistar el día de hoy, las he
visto de todos de todos las, razas y colores, unas buenas falsas y mentirosas, vienen a este infierno,
aun así no sabes cuánto me he divertido con ellas, las viven rotando de un
regimiento a otro" sin embargo pensé esta mariposa mía siento es diferente, la he mirado a sus ojos sé que su mirada es franca y sincera.
Y así fueron pasando los días lentamente, ya mis heridas
comenzaron a sanar, pero mi corazón seguía sangrando, al no tener noticias de
mi amada Janet.
En la mañana siguiente, se aparecieron a mi cuarto él el
doctor Lake ortopedista que me había operado el fémur y el doctor Valerio un
cirujano Hispano de mucha fama en cirugía reconstructiva en el área de los
Ángeles, quien me había realizado la penúltima intervención en el muslo de mi
pierna.
Después de saludarme me preguntaron cómo me sentía, yo les
dije bastante bien, revisaron la herida dijo, yo la veo bien, venimos a avisar,
que dentro de tres semanas el doctor Valerio realizará, tu última intervención,
esta vez será menos dolorosa que la anterior por cuanto solo se trata de
inserte un pedazo menor del musculo y de piel en del área afectada, agregando
después de esto, una vez recuperado, viene la fase de terapia física para que
usted pueda volver a caminar. Gracias les respondí a los cirujanos no saben
cuánto agradecido estoy por su
rápida y profesional ayuda, respondiendo el Dr, Valerio no se preocupe usted es
un hombre joven y verá que pronto se recuperará y volverá a su vida normal.
76
Aquellos cinco meses en el hospital de Veteranos habían
pasado rápidamente, finalmente había llegado el fin de aquellas dolorosas
operaciones, ahora vendría la etapa de recuperación y de terapia física en
donde tendría que luchar mucho para volver a caminar.
Fui trasladado a una nueva sección en el piso quinto, en
donde estaba el área de terapia y recuperación de los soldados. Aquello sería
el comenzar de otra lucha diferente a las que había librado hasta el día de
hoy, así es la vida está llena de etapas y vicisitudes, yo estaba acostumbrado
a librar otro tipo de batallas sabía que era joven y que poniendo todo mi
esfuerzo me podría recuperar rápidamente para volver a ser el mismo de antes.
A pesar de la devolución de las cartas de mi querida Janet,
mi mente durante el día y la noche no dejaba de pensar en ella, aun no me había
llegado la carta del mi amigo Robert del campamento en el Vietnam, quien estaba
investigando, el destino de mi querida, "mariposa amarilla”, con qué
angustia esperaba tener noticias de ella, los días pasaban y mi amigo Robert no
me escribía.
Por fin a los días llega la carta que tanto esperaba de mi
amigo en la cual me decía el sitio en donde había sido transferida mi querida
Janet, me dijo que estaba muy largo del campamento y que por lo tanto no podía
visitarla.
Escribí dándole las gracias a mi amigo por aquél esfuerzo
el cual aproveché para contarle sobre el progreso de mi pierna y que encontraba
ya en la fase de terapia.
Inmediatamente con la nueva dirección en mis manos, procedí
a escribirle a mi adorada, Janet, habían transcurrido diez meses desde que me
despedí de ella en el barco hospital en Vietnam. En carta le volvía decir lo
mucho que la extrañaba, que le había enviado varias cartas las cuales me
regresó el correo, le expresaba mis sufrimientos por su ausencia, de mi amor
con palabras dulces y recuerdos hermosos que no he podido borrar de
mi mente, no sabes cuánto te quiero y
extraño mi pequeña "mariposa amarilla", también le contaba sobre el
avance de mi curación que, gracias a ti por tu insistencia ante los médicos, mi
pierna se había salvado y que ahora estaba ya en última fase de terapia
intensiva, y pronto caminaría y si Dios lo permite, te prometo que regresaré a
buscarte, no puedo perderte ni dejarte sola en ese infierno. Puse la carta en
un sobre con la nueva dirección y como siempre la señora Dickson se la llevó al
correo.
A las cuatro semanas recibí una
carta, creía que era la respuesta de mi querida Janet, pero no era así, era mi
carta de regreso por correo, eso me entristeció mucho por cuanto, había perdido
la comunicación con mi adorada Janet. No me dejaría vencer e insistí en enviar
otra carta, en aquel instante se vinieron a mi mente las palabras de mi padre
que me decía: " Cuando encuentres el amor de tu vida, no la dejes ir lucha
por ella".
Las sesiones de terapia habían
comenzado muy intensas y llenas de dolor mi pierna derecha aún no podía
sostenerse sola, había que tenía que luchar duro, mi tenacidad y la ayuda de mi
terapista Susana Martél una morena de ojos verdes nacida en Puerto Rico,
especialista en terapia física en casos como el mío, brindó todo su empeño y
conocimientos para mi recuperación. Después de muchas sesiones de terapia, por
fin estaba con un bastón dando mis primeros pasos, me sentía feliz, me sentía
como un ave herida que acababa de sanar sus heridas recuperando su libertad,
listo para volver a volar. A las dos semanas de practicar, ya mi pierna, aunque
cojeando un poco estaba caminando solo con la ayuda de un bastón. El hospital
de veteranos había enviado una lista al comando central de los Ángeles dando,
informando de los militares que ya estaban recuperados. Dos días antes de darme
de alta el hospital, me llegó una invitación del cuerpo de infantería a los
soldados y clases que estábamos saliendo de recuperación, para que asistiéramos
a una ceremonia y un brindis en el pabellón principal del comando la carta la
firmaba, por el general a cargo de las tropas del Pacífico la base en los
alrededores de los Ángeles.
Recuerdo que para aquella ceremonia me puse mi traje
militar y mi condecoración de estrella de plata" recompensa al valor en
acción frente al enemigo" y mis barras que me acreditaban como sargento
primero.
En un vehículo del hospital
ocho militares heridos que habíamos terminado su terapia, fuimos
trasladados al pabellón central del comando, nos sentaron en primera fila, al
rato llegó un general, y bajo acordes marciales y un breve discurso, fuimos
siendo llamados a la tarima para recibir nuestra condecoración, yo subí a la
tarima apoyado de un bastón, me impusieron la medalla " Por servicio
distinguido del ejército", con un pergamino que acredita como teniente de
infantería de las fuerzas armadas de los Estados Unidos de Norteamérica.
Después de escuchar los acordes del Himno Nacional de los
Estados Unidos de Norteamérica, pasamos a un salón en donde nos esperaba un
almuerzo servido con vino y champán, a esta ceremonia habían asistido, mi
terapista Susana Martél y mi querida madre postiza Michael Dickson, quienes me
dieron un gran abrazo de felicitación
Me daban ganas de gritar, de llorar, abracé de alegría a la
señora Dickson y a mi terapista Susana le di un gran abrazo y un beso en su
mejilla, aquel abrazo me hizo recordar en un instante, los abrazos y caricias
con mi bella Janet.
Pasada la ceremonia al regresé al hospital, me dirigí con
mi bastón, al piso tres, en busca del doctor Lake, toqué su puerta y le di un
gran apretón de mano, agradeciendo, todo lo que había hecho por mí, y le dije:
gracias doctor, si no hubiera sido por usted, no estaría aquí saludándole, de
nada Frederick respondió el doctor si sientes alguna molestia no vaciles en
visitarnos, de la misma forma me despedí del Doctor Valerio y de las enfermeras
que con tanto cariño me habían ayudado a curar mis heridas.
Me dirigí a la administración para informarles mi dirección
postal por si me llegaba alguna correspondencia al hospital.
Al día siguiente luciendo sus dos condecoraciones en el
pecho, Susana se ofreció para llevarme a mi casa, ya la señora Dickson me había
llevado las llaves de la casa de mis padres, a mi salida me detuve observando
desde el exterior las instalaciones de aquél edificio las cuales me habían
servido de hogar por un buen tiempo, me monté en el carro de Susana y nos
dirigimos al viejo hogar de mis padres en donde había crecido, llegamos a mi
casa ahora solitaria, mi amiga Susana me
ayudó a quitar el cobertor a los asientos, y la invité a sentarse, todo estaba limpio y en su lugar tan solo un
poco de polvo, tal a como le había dicho su amiga señora Dickson.
Comenzamos a platicar a contarnos parte de nuestras vidas,
le dije de lo duro que era guerra, que aquello era un infierno, y que los
horrores que allí se vivían eran tan sólo comparable con los de la Divina
Comedia del Dante Alighieri, le conté de mis aventuras amorosas con mi
prometida Janet Biltmore la cual había dejado en el Vietnam , le conté que no
me había respondido a ninguna de mis cartas, y que estaba preocupado por ella,
le pidió el favor que averiguara cada semana si había correspondencia para él,
claro con todo gusto lo haré me respondió. Susana no sabes lo agradecido que
estoy contigo, no tengo como pagarte todo lo que hiciste para mi recuperación,
de nada contestó ella, ese es mi deber y mi trabajo. ?----- Y tú que me cuentas
de tu vida Susana le pregunté?-----ella respondió hay Frederick, mi vida
tampoco ha sido tan fácil, soy una hija
adoptada, de padres Puertorriqueños, ellos tuvieron otros hijos, cuando crecí
comencé a ver la diferencia del trato de mis padres adoptivos y yo, me daban
toda la carga de cuidar a los niños y todos los quehaceres del hogar, hasta que
un día no aguanté y me fui a vivir donde una amiga, quién me ayudó a salir
adelante consiguiendo un empleo en un restaurante en donde ella trabajaba,
su nombre es Isabel con frecuencia me escribe, yo he ido a
verla a Puerto Rico varias veces y ella también ha venido a visitarme es como
mi hermana, así es le dije: los amigos, que no son muchos por lo general hay
veces, te quieren más que tus propios hermanos, después de esta interrupción,
me siguió contando de sus padres adoptivos, no he vuelto saber de ellos, cuando
me gradué de terapista les mande una
invitación para que asistiera a mi graduación no aceptaron ir.
Después de concluir mi práctica
conseguí un empleo en una oficina privada de terapia, así pasé tres años con un
sueldo muy bajo y sin beneficios, hasta que un día me propuse a buscar una
plaza por los periódicos me enteré de una plaza vacante en rehabilitación en
este hospital de veteranos en los Ángeles, mandé mi hoja de experiencia, a los
días estaba recibiendo una llamada para una entrevista, y así es, lo que está
para ti, nadie te lo quita, y aquí estoy, ya llevo ocho años de servicio en
este hospital y tanto ellos como yo están satisfechos de mi trabajo
profesional, así es respondí tu eres una excelente terapistas, si pudiste
hacerme caminar en tan corto tiempo eso lo dice todo.
------y que ha sido de tu vida sentimental, le
pregunté?---- bueno mi amigo ese es otro rollo a como decimos en Puerto Rico, a
los veinte y ocho años me casé con un contador público llamado Alfonso Jiménez
de mí misma tierra, al comienzo todo iba bien , el de ocho años mayor que yo,
él estaba entusiasmado con tener hijos fue cuando me enteré, que yo no podía
engendrar por un problema en mi sistema reproductivo, desde aquél momento mi
vida se volvió un infierno, se dedicó a salir con sus amigos a tomar cerveza en
los bares, no me sacaba a ningún lado me dejaba sola en casa los fines de
semana, me trataba mal y me decía groserías, hasta que un día decidí romper con
aquella relación tóxica después de tres
años terminaremos en un divorcio, cada quién agarró por su lado.
81
Cuánto lo siento Susana tu luces una
persona decente tienes tu profesión y aún se reflejan en tu cara tus encantos
de mujer, eres joven y puedes rehacer tu vida con una persona que llene tu
corazón y te brinde el cariño que mereces, una persona sola como tú y yo, la
vida es así, como un nido vacío, siempre
hace falta el calor de una costilla en las noches frías, agregando, mi querida
amiga ya veo que a ti tampoco te ha ido tan bien en la vida, ella se sonrojó al
escuchar aquel piropo, agregando quiero agradecerte todo lo que has hecho por
mí, y deseo llevarte cenar a un buen restaurante, el problema es que aún no
tengo vehículo, por eso me urge buscar un empleo lo más pronto posible para
para recuperar mi vida tengo que ir banco a buscar unos fondos de ahorro que
dejó mi padre. No hay ningún problema Frederick, ---- dime cuando yo vengo a
buscarte, ----bueno respondí, cuando tengas tiempo así me da un tiempo de
organizarme en la casa. Bueno aquí está mi teléfono, tu me dices la hora en que
vengo a buscarte. Perdona que no te haya ofrecido nada, pero tengo tantas cosas
que hacer, tengo que limpiar el
refrigerador e ir al supermercado para abastecerse, no te preocupes contestó
Susana has todo lo tuyo, este viernes tengo libre si aceptas puedo venir a
echarte una mano en la limpieza de tu casa y de paso te llevo al supermercado y
al banco, no quisiera abusar de tu generosidad, le respondí, pero si lo deseas
te doy las gracias de antemano se despidieron con la promesa que el viernes
llegaría.
Comencé a darle un ligero recorrido
en aquella casa que me había visto crecer,
habían recuerdos de mi infancia y juventud por todos los rincones, mi
padre mantuvo hasta el último instante de su vida su disciplina, todo estaba en
orden, sólo con un poco de polvo en los cuartos, mi cuarto estaba intacto como lo había dejado antes de partir a la guerra,
de la sala colgaban, el bastón de agarradera de cabeza de león montado en plata con los ojos de diamante falsos, que
usaba mi padre del cual yo sabía toda su historia, también permanecían en la
sala fotos en la que sobresalía una foto grande de mi madre Ruth al lado de mi
padre vistiendo su traje militar con sus condecoraciones,
mi foto de graduación de la escuela superior cuando era adolescente y una urna
en la que mi viejo guardaba cuidadosamente sus condecoraciones ganadas en la
segunda guerra mundial las cuales limpiaba con frecuencia , en el closet del
cuarto de mi padre aún permanecía en orden, su ropa de civil planchada colgada
así como las chaquetas militares que lucía todos los años en el desfile del día
Memorable, en honor al día de los veteranos de guerra.
Estaba dando un recorrido por la casa, cuando el timbre de
la puerta sonó, era señora Dickson, le saludé y me dijo, llamé al hospital
pensando que todavía estabas allí, me dieron la sorpresa que te habían dado hoy
de alta, agregando, te traigo este pastel de chocolate para que celebremos tu
recuperación, yo sé que es tu pastel
preferido nunca lo olvido desde que eras un niño, unas sodas y la bandera
doblada tal a como me la entregaron el día del entierro de tu querido padre, la
abrace, y nos sentamos un rato a platicar.
Se asombró de ver lo rápido de mi recuperación no crea, le
dije, como usted vió el día de la ceremonia aun renqueo un poco de la pierna,
no me duele sólo si camino y la esfuerzo
mucho, pero me adaptaré a ello, le di las gracias lo que había hecho durante mi
recuperación en el hospital, no muchacho contestó no sabes el cariño que
guardamos para ti, agregando esto no te lo había contado para que no
entristecieras. Tú sabes que tu querida madre y yo éramos muy buenas amigas, un
día que estaba de visita en el hospital, cuando ella ya sentía que su vida se
le estaba agotando, con lágrimas en sus ojos, pidió a tu padre Rick, que nos
dejara solas en el cuarto por un rato ya
cansada y voz poco audible me dijo: Michael mi amiga, mi hermana, siento que mi
vida se me está acabando lentamente, quiero como amigas y casi hermanas que
hemos sido, que me ayudes a que mi hijo crezca sano y feliz, aquél triste día
le juré que no se preocupara que así sería, a los dos días ella se iba
satisfecha sabiendo que yo cumpliría con su promesa.
83
A pesar de ser un hombre curtido por los horrores de la
guerra, un par de lágrimas brotaron de mis ojos, me levanté de mi asiento, le
di un abrazo fuerte y un beso en la mejilla, los ojos de aquella señora también
se inundaron de lágrimas, aquella fue una tarde de recuerdos pasados que nos
habían trasladado al tiempo de mis años de infancia.
Al final antes de despedirse me preguntó en qué más podía
servirme, tú sabes que siempre estaré a tu disposición, para ayudarte en lo que
necesites, mañana jueves puedo venir ayudarte limpiar la casa, o llevarlo hacer
alguna diligencia, gracias le respondí, pero Susana Martél mi terapista
con quién me he hecho muy buena amiga,
vendrá el viernes que tiene libre a
ayudarme a limpiar la casa y llevarme a realizar algunas gestiones que
necesito, de todas maneras se lo agradezco de corazón. Lo que sí podría usted
ayudarme es llevarme a comprar unas flores para llevarlas a depositar a la
tumba de mis padres, han pasado tantos años desde que era un niño desde la
muerte de mi madre, que no recordaría el lugar en el cementerio en donde ella
descansa, con todo gusto mañana, vengo por la tarde para que vayamos al
cementerio.
seguí viendo los recuerdos, de la casa, agarré una pequeña
caja de madera vacía que tenía en mi cuarto, en donde guardaba las propinas que
me daba mi padre por barrer el patio lleno de hojarascas y sacar la basura a la
acera para que se llevara el camión Municipal,
puse cuidadosamente en aquella caja sobre mi armario el pañuelo que le
había dado su adorada Janet Biltmore antes de ir al combate y las cartas de
amor, de añoranza y desesperación dirigidas a su "mariposa
amarilla" y que le habían regresado
del correo, las guardé, como quien
guarda un tesoro.
Aquella noche casi no pude dormir,
trayendo a mi mente tantos recuerdos perdidos, en mi mente de mis padres y de
mi Janet que había dejado ya hacía casi
un año en tierras lejanas sufriendo los horrores de aquella guerra que no
terminaba.
Por la tarde como a las dos de la tarde, replicó el timbre
de la casa era la señora Dickson, con un hermoso ramo de flores rojas, señora
no esperaba que usted se sometiera a este gasto, yo pensaba ir con usted a
buscar las flores antes de ir al cementerio, respondió ella, muchacho, tú sabes
como yo quería a tu madre, pasé adelante, no mejor apúrate antes que nos agarre
la tarde, y así partimos al cementerio a buscar la tumba en donde descansan los
restos de mis padres, con todo el cuidado posible la señora Dickson y yo
depositamos las flores al pie de la lápida en donde aparecían los nombres de
ellos, me arrodillé frente a su tumba.
La señora Dickson puso su mano sobre mi hombro, en señal de
consuelo, entre sollozos y lágrimas, aquel hombre fuerte y curtido por la
guerra a pesar mi corta edad, recé en compañía de mi amiga un padre nuestro,
que mi madre me había enseñado desde niño.
Me sequé mis lágrimas, y nos regresamos al carro, le dije
Señora Dickson le invitó a comer algo en algún sitio, que usted conozca, desde
que me fui a la guerra, la ciudad ha crecido, tanto que apenas reconozco
algunos edificios, bueno dijo la señora Dickson, vamos a ir a un restaurante de
comida mexicana, que acaba de abrir cerca de aquí, está bien, así podemos
platicar un rato.
Nos sentamos en una mesa bajo una
sombrilla en la acera del restaurante, me dijo esta es una de las mejores
taquerías de la ciudad, yo he venido aquí como unas tres veces, siempre que
salgo con mi esposo Gregory, después de dar varias vueltas siempre terminamos
aquí, los tacos es su especialidad, te recomiendo los tacos al pastor, son una
delicia, los mejores que he comido que en otros sitios que he visitado, así es
que terminamos pidiendo tacos al pastor y unos refrescos.
Durante ese rato me preguntó, Frederick
como te está yendo con la señorita Martel que acabas de conocer, bueno es una
gran persona me ayudó en mi recuperación rápida, también nos hemos hecho muy
buenos amigos, como le dije mañana viernes ella llegará ayudarme en muchas
cosas que tengo que hacer.
La señora Dickson con cara de picardía me dijo, conoce primero a las personas muchacho, no
vayas tan de prisa, deja que la corriente del
río fluya a su velocidad, a propósito----- que has sabido de tu
prometida, que dejaste el Vietnam ?, agaché la cabeza y le respondí,---- nada
tengo como diez o más cartas que le he mandado y no he tenido ninguna respuesta
de ella, no sé dónde está, estoy en espera que me responda a mi última carta la
señora Dickson aconsejándome, como lo hubiera hecho mi madre me dijo: muchacho
el primer amor siempre llega con fuerza, como una tormenta y después se calma,
no te desesperes, ten paciencia quizás pronto vas a tener noticias de ella.
Yo le respondí, gracias por sus sabios consejos, así lo
aré, la señora, después de dejar el restaurante, me llevó de regreso a casa, la
volví a abrazar y le di las gracias.
El día viernes, muy temprano como a las ocho repicó el
timbre de la puerta, era Susana Martel mi amiga, con un moño en su pelo y una pañoleta de vistosos colores amarrada a
su pelo, un traje de flores de colores pasteles, moviendo sus caderas
rítmicamente traía un cubo plástico, un
mapo como dicen en la isla de Puerto Rico un cepillo y varios frascos
para la limpieza, buenos días me dije, aquí estoy mi amigo, veo que te acabas
de levantar, te traigo esta canasta de
las cosas básicas una cajilla de huevos pan mermeladas, frutas , chorizos jugo de naranja etc. para para que
desayunamos juntos, antes de empezar la limpieza, está bien, pasa adelante voy a tomar una ducha, mientras
tu preparas el desayuno.
Me tomé una ducha, me afeité y cuando salí, me encontré con
una mesa servida como hacía muchos años no miraba, vaya Susana veo además de
terapista eres experta en el arte culinario, ella me respondió vamos siéntate,
y aquella mañana disfrutemos de aquel desayuno, el cual aquella mujer hermosa y
adorable había hecho con todo su cariño, le di las gracias y ella me respondió
sé que estas sólo y es lo menos que puedo hacer por un amigo.
Aquél día después de ayudarme a limpiar la casa, Susana me llevó en su carro
hacer varias diligencias personales, fuimos a las oficinas de la administración
militar para informar de mi dirección para que me enviaran mensualmente mi
cheque, como teniente activo del ejército, informándoles que todavía me
encontraba en rehabilitación, después fuimos al banco en donde su padre tenía
guardados sus ahorros, siendo yo el único beneficiario de aquella cuenta, me
llevé una gran sorpresa al ver que la cantidad ahorrada era de $58.000 dólares probablemente para su vejez,
pedí en el área de servicios del banco que me transfirieron ese dinero a mi
cuenta que yo tenía en ese mismo banco también pedí que me enviaran por correo
un talonario de cheques bajo mi nombre, después de sacar, un dinero en
efectivo, nos dirigimos al supermercado para abastecer mi refrigeradora,
realmente aquél había sido un día muy ajetreado para mí y para mi amiga Susana.
Nos regresamos a la casa ya era tarde, nos sentamos en la
sala, saqué dos copas del anaquel de la cocina y abrí una botella de vino
tinto, y unos bocadillos, para disfrutar de su compañía, platicamos, recordando
parte de nuestras vidas, aquella reciente amistad comenzaba a crecer, y con los
meses se iba haciendo más sólida que una roca, con frecuencia llegaba a mi casa
con algún presente, poníamos el viejo tocadiscos de mi padre, a escuchar, la
música de su tierra, borinqueña, música con la que ella había crecido en su
natal Puerto Rico la cual había dejado atrás, con ella mi español iba mejorando
poco a poco, recuerdo un día de tantos me preguntó------ te gusta bailar la
salsa?, -----si le dije me gusta su ritmo, es muy bueno ----- ? quieres que te
enseñe algunos pasos ?, -----por supuesto, pero no tan rápido le respondí, son
pasos difíciles, además acuérdate que no puedo forzar mucho mi pierna, y así transcurrían los días, ella
me hizo un experto en salsa enseñándome, pasos difíciles para nosotros los
87
norteamericanos que somos tan rígidos en el baile, al poco
tiempo yo estaba ya moviendo mis caderas
rítmicamente, ella lo hacía tan fácilmente, sin dudas porque lo traía en su
sangre, a mi costó bastante tiempo llevar el ritmo, así mismo sus comidas preparadas
en casa se volvían cada día más
exquisitas, alimentando mi paladar con sus mejores recetas, con frecuencia
salíamos al parque frente al puerto, le enseñé a alimentar a las gaviotas tal a
como me habían enseñado mis padres, un día le pregunté----- sabes distinguir
entre las gaviotas machos y las hembras,---- no me respondió, para mi todas
lucen igual, pues no, los machos son más grandes y sus colores son más vistosos
que las hembras, bueno me dijo hoy he aprendido algo, disfrutamos del paisaje y
ver la entrada y salida de los buques que con frecuencia arriban al puerto,
visitamos con frecuencia aquél restaurante de tacos a donde me había llevado la
señora Dickson.
A pesar de la frecuencia con que salía con aquella mujer,
de piel canela y ojos vivarachos color de esmeralda, mi mente seguía aferrada
aquél amor olvidado " mi mariposa
amarilla" tenía las esperanzas que algún día llegará aquella carta tan
esperada, la cual nunca llegó, la última que le envíe había llegado de regreso
por correo, mis esperanzas se desvanecían lentamente, como las nubes que hoy
las ves y al poco rato se desaparecen por el viento, me sentía triste en
algunos momentos guardaba silencio pensando en los recuerdos inolvidables que
había dejado atrás, y en el compromiso que habíamos hecho durante mi estadía en
la guerra, sino hubiera sido por mi amiga Susana, no sé qué hubiera sido de mi
vida, dicen que la soledad mata más que una enfermedad, mi amiga no sólo me había ayudado a rehabilitar mi
pierna, sino que también era la persona que había a reanimar mi espíritu y mis
tristezas, llenando de esperanzas el vacío de aquél amor, perdido atrás en mi
destino.
Quién me iba a decir que el ahora con
mi rango de teniente, iba a comenzar una nueva vida, una nueva aventura, si no
hubiera sido
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por Susana probablemente hubiera
caído en una depresión como en la que cayó mi padre, hundiéndome como un barco
en alta mar, gracias a Dios ella había llegado a mi vida en el momento preciso,
cada día me enamoraba más de ella, me fascinaba ver sus ojos verdes como dos esmeraldas y su rítmico
caminar propio de las mujeres caribeñas, moviendo rítmicamente sus caderas, con
sus vestidos floreados y aunque ella era ocho años mayor que yo, lucía fresca su piel canela, habíamos desarrollado una gran química entre los dos,
fue cuando entonces dije !basta!, ya es hora que le respondas a su cariño, y
aunque sabía que no podía procrear, no nos hacía falta, el amor entre los dos
era lo más importante.
El tiempo siguió su curso inexorable, ya mis heridas sobre
la pérdida de aquel primer amor habían sanado, mis recuerdos se fueron
desvaneciendo de mi mente, como las luces de las costas de California en mi
viaje al Vietnam
Después de seis meses de conocernos,
nuestra amistad había ya rebasado los límites de esta, y así comenzamos a
querernos a cuidarnos a amarnos el uno al otro, sentía tanto aprecio por
aquella perla antillana, la cual me había devuelto a mi realidad como hombre, a
esas alturas, yo había logrado un empleo como instructor de las nuevas tropas en
el mismo campamento del comando del Pacífico en donde yo había salido como
soldado del cuerpo de infantería años atrás, ahora mi experiencia estaba
sirviendo a las nuevas tropas que pronto partirían aquél infierno en donde yo
había estado.
Con parte de la herencia de mi padre,
más mi sueldo como instructor y mi pensión como, teniente del ejército, había
comprado un vehículo nuevo en el cual me transportaba a mi trabajo todos los
días, y en el que frecuentamos salir Susana y yo.
Una noche mientras cenábamos en uno
de nuestros restaurantes favoritos frente a la bahía de la ciudad, delante del
público presente en el restaurante, me arrodillé frente a ella y sacando de mi
chaqueta una cajita, le puse en su dedo izquierdo, un
hermoso
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anillo de compromiso, con una esmeralda como el color de
sus ojos, recuerdo que ella vestía una blusa floreada y un hermoso lazo en su
pelo, el público presente en el restaurante aplaudió nuestro compromiso, le
agarré su mano delicada, la levanté del asiento y nos fundimos en profundo
beso, sin importarnos el público que animosamente aplaudía viendo aquella
entrega de amor.
Susana con una cara felicidad, había llegado a conquistar
mi corazón, mis recuerdos tristes habían quedado atrás, ahora un nuevo amanecer
estaba tocando las puertas de nuestros corazones. Rápidamente nos acostumbramos a una nueva vida como pareja,
parecía que el amor nos había estado esperando, acomodando las cosas en un
equilibrio perfecto, habíamos nacido el uno para el otro, nos respetamos
mutuamente, y aunque yo sabía que ella no podía tener hijos, lo más importante
era el presente, el gozo de nuestras vidas, aquella relación que no esperaba,
había llegado a mi vida, como las primeras lluvias de mayo, haciendo renacer
mis esperanzas, aquella " mariposa
amarilla" se había quedado perdida para siempre, era hora de iniciar una
nueva vida, borrando por completo las cosas del pasado.
Pasaron los meses, ella dejó su apartamento rentado y se
mudó al mío, donamos los viejos muebles de la casa de mis padres, adquirimos
unos nuevos, pintamos y decoramos la casa, como dos pajarillos que arreglan su
nido, mientras nuestro amor se solidifica cada día que pasaba nuestro jardín
seguía floreciendo sin límites.
Y así continuamos con una vida llena de felicidad,
caminábamos juntos agarrados de las manos, le abría la puerta del automóvil
para que ella se subiera, con muchas frecuencias íbamos al parque, a pasear por
sus coloridos andenes, siempre llevábamos una canasta con frutas emparedados y
refrescos, nos sentábamos en un mantel en aquella hierba fresca, en donde el
viento hacía mover su
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cabellera y su perfume competía con el olor de las flores
del parque despertando mis sentidos, después nos íbamos a ver pasar los barcos
de guerra que iban y venían con tropas y avituallamientos de guerra, y a darle
de comer aquella nueva generación de gaviotas que ansiosas nos esperaban los
sábados en la misma banca en donde muchos años atrás solía sentarme con mis
padres.
Un día de tantos platicando en un restaurante me
dijo:-----Frederick, no crees que ya es tiempo que formalicemos nuestro
matrimonio, ------por supuesto mi amor, dentro de tres, semanas visitaremos la
oficina del notario para que legalice nuestra relación,---- no sabes lo feliz
que me siento respondió ella , me gustaría que nuestra boda fuera en la orilla
de la playa, para recordar a mi tierra, por supuesto le respondí, así lo haremos, yo me encargo de todos los arreglos, ya que dispongo de más
tiempo que tú. Agregando quisiera que fuera algo privado, solo estén nuestros
amigos más cercanos, dos de mis compañeras de trabajo, y mi amiga Isabel de
Puerto Rico, no te preocupes esta semana le llamamos y le mandamos pasaje para
que esté presente, por mi parte dijo Frederick, yo invitaré a la Familia
Dickson los cuales han sido mi soporte de toda mi vida, y a mi jefe el capitán
Ferguson en donde doy entrenamiento, por supuesto dijo ella.
Y así en dos semanas yo tenía casi todo en orden, durante
mi tiempo libre, llamé a una compañía que se encarga de hacer todos los
arreglos para la boda civil, también había llamado al restaurante a orillas del
mar en donde me había arrodillado para entregarle el anillo de compromiso.
También le había enviado el boleto a su amiga Isabel para que estuviera
presente, y había enviado una tarjeta su querida amiga y madre postiza Michael
Dickson y su familia para que nos acompañará en nuestra boda.
Pasadas dos semanas a la hora de la
cena, le dije a Susana, ya está todo listo, con la excepción que este sábado
iremos a las tiendas a que escojas tu vestido que lucirás ese día.
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Isabel ya avisó que llega en la próxima semana, la iremos a
traer al aeropuerto y la acomodaremos en el cuarto de huéspedes. Te tengo una
noticia que darte, también he comprado dos boletos y reservado un hotel de
primera, para que disfrutemos nuestra luna de miel en Puerto Rico, también ya
he hecho los arreglos en mi trabajo para que alguien me reemplace, espero que
tú lo tengas pronto, hace un buen rato que no tomas vacaciones, en esta semana
puedes arreglar eso, ya no queda tiempo.
El sábado siguiente se llegó el día de la boda, Susana se
había comprado un traje blanco precioso con adornos y encajes, yo iría con mi traje de teniente de las fuerzas armadas y
mi kepis para las paradas militares, la
boda sería por la tarde todo parecía perfecto, dos líneas de candelas
encendidas que remataban en un arco circundado de flores frente al mar, en una
tarima el notario público leería los compromisos matrimoniales y sus derechos,
a los lados sentados ya esperaban los
pocos invitados elegantemente vestidos, ansiosos en espera de la llegada de la
limusina con los contrayentes, ya el notario público autorizado por la corte
esperaba en la tarima a los futuros contrayentes, a los minutos llegó la
limusina blanca, primero yo descendí y abrí la puerta al lado donde venía mi
querida Susana, ella me extendió la
mano y a paso lento caminamos en medio de las velas encendidas sobre la arena.
El fotógrafo contratado comenzó a tomar fotos de toda la
ceremonia, estaban presentes la mejor amiga de Susana, Isabel Rodríguez que
había volado desde Puerto Rico, las dos amigas de trabajo de Susana y la jefa
de la sala de terapia, por mi lado estaban, el capitán Ferguson director de las
milicias de entrenamiento en donde yo trabajaba y la familia Dickson, Michelle,
Gregory y su hija Fanny.
El notario asignado comenzó la breve
ceremonia, leyó los deberes y derechos de los contrayentes, el intercambio de
anillos, al final les dijo, ante los derechos que la corte me acredita, los
declaro
marido y mujer pueden darse un beso, los pocos invitados se
92
levantaron de sus asientos y
aplauden, mientras los contrayentes se daban un beso, y firmaban el acta de
compromiso para ser registrado en las cortes del distrito de la ciudad de los
Ángeles
California.
La brisa suave del pacífico con sus
aguas heladas traía un aire fresco como anunciando aquella unión, un grupo de
gaviotas como aviones de guerra volaban
a ras de las aguas como rindiendo homenaje aquella pareja que les visitaban los fines de semana
llevándoles pan en el parque, mientras el sol comenzaba a declinar sobre el
horizonte, el notario felicitó a la pareja y partió del lugar, todos los
invitados fueron a recoger sus automóviles ,estacionados en una área y se
dirigieron al restaurante frente la bahía en donde Frederick le había entregado
el anillo, jurando amor a su querida Susana.
Fue una noche espectacular en donde el restaurante había
adornado dos mesas grandes para los invitados, hermosos floreros de orquídeas
adornaban el centro de las mesas, mientras una música nupcial recibía a los
novios, los invitados y los contrayentes fueron servidos con copas de Champán,
por meseros elegantemente vestidos. Sin duda aquella había sido una noche espectacular tanto para los novios como para
los invitados, se sirvieron platos de bocadillos, comieron una rica ensalada y
un filete especial con papas y arroz, en área del salón un grupo de mariachis,
contratados por mí entraron y entonaron canciones del recuerdo que él había de
antemano seleccionado, como mi viejo San Juan, Borinquén querido y música de
salsa, la cual me atreví a bailar, sacando a exhibir sin miedo los pasos que mi
bella Susana me había enseñado, todos se alarmaron al ver la habilidad y
destreza de la pareja, los invitados aplaudieron yo dije en voz alta esto se lo
debo a mi adorada Susana, después de aquella hermosa fiesta llegó la partida
del pastel el cual había sido exclusivamente preparado como regalo de boda
Señora Dickson todos los invitados quedaron asombrados por la calidad del mismo
con mermelada de fresa en
93
su interior eran tres niveles que
remataba en la cúspide dos novios agarrados de la mano. La fiesta terminó con
besos y abrazos y despedidas, había sido una boda sencilla pero hermosa, en
donde no faltaron los detalles, concluida esta, los invitados se dirigieron a
sus casas. Susana y yo, así como nuestro
huésped Isabel, teníamos que agarrar el vuelo a Puerto Rico a las diez de la
mañana del siguiente día en donde pasamos nuestra luna de miel.
Nos acostamos temprano y muy de mañana Susana nos estaba
llamando para el desayuno las maletas ya estaban preparadas, llamamos un taxi y
partimos hacia el aeropuerto de los Ángeles, hacia la isla del encanto.
Nuestra luna de miel fue maravillosa, rentamos un vehículo,
fuimos a las playas de Luquillo, al viejo San Juan a admirar su arquitectura
Colonial, a Ponce, a Mayagüez, al Yunque, y muchos sitios encantadores, de
aquella pequeña pero acogedora isla del encanto. En una semana tuvimos el
tiempo de pasear y disfrutar sus comidas, el lechón, los chicharrones, las
morcillas y del resto de su gastronomía. Regresamos contentos de aquella luna
de miel, a Susana le dio tiempo para visitar su vieja escuela en donde había
estudiado su primaria y secundaria, aun no entiendo como ella había abandonado
aquel paraíso en medio de las Antillas.
Pasada aquella luna de miel inolvidable, regresamos a los
Ángeles, para continuar con nuestras vidas rutinarias, retornamos a nuestros
trabajos y durante los fines de semana, nos seguimos divirtiendo como antes,
salíamos al parque a darle de comer a las gaviotas, los sábados aprovechamos
para arreglar la casa y los domingos, íbamos a nuestros restaurantes preferidos
a bailar la salsa que tanto le gustaba a mi adorada.
Y así transcurrieron los días y los años en que predominaba
nuestro amor intenso, sin límites, éramos como dos adolescentes gozando sin
ataduras de ninguna clase, habíamos hecho de nuestras vidas, el sueño que toda
pareja en su matrimonio desea, su sonrisa
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y sus ojos color a esmeralda se volvían más vivos cada día,
habíamos conseguido acoplar nuestro amor, a respetarnos y a disfrutar la vida
no había barreras entre ella y yo.
Cierto día en el parque a donde
recurríamos con frecuencia, a caminar a pie o en bicicleta en los hermosos y
coloridos andenes, nos sentamos con nuestra cesta en la grama sobre un mantel
con una canasta con emparedados y refrescos, Susana me pregunto----no crees
Frederick que en nuestras vidas existe un vacío?----- a qué te refieres si
somos felices, no nos hace falta nada, le respondí, Frederick no se trata de un
vacío de cosas materiales, ni de falta de amor, me refiero al vacío que todo matrimonio anhela, he pensado en que
la adopción de un niño o una niña, -----? No crees que esto vendría a alegrar
más nuestras vidas, hay veces por las noches sueño con un niño entre mis
brazos, o quizás será un simple sueño, Acuérdate que las mujeres somos más
sensibles a la maternidad que los hombres----bueno mi querida Susana lo
pensaremos, ahora vamos a darle pan a nuestras gaviotas las cuales nos deben
estar esperando, desde aquí escucho sus graznidos, deben estar hambrientas, nos
levantamos y nos dirigimos a la misma banca frente a la bahía en la sombra de aquellos
hermosos árboles, y comenzamos a lanzarles pedazos de pan aquellas aves
bulliciosas. La tarde comenzó a caer silenciosa, excepto el sonido de las
sirenas de algún barco arrimando o saliendo del puerto.
Regresamos a nuestro hogar, después
de cenar, nos pusieron a ver la televisión, las noticias en los últimos tres
meses, anunciaban que la guerra estaba llegando a su final, que Vietcong estaba
muy cerca de Saigón la capital del Vietnam del Sur, aquella era la realidad, y
aunque yo hacía años estaba ya alejado de aquella realidad, aquella noche, con
gran asombro vimos por la pantalla el derrumbe de aquella guerra por la que
tantos Norteamericanos habíamos luchado tanto, por sobrevivir en aquella
jungla, Saigón había caído en manos de
los Comunistas del Sur, recordaba los
enfrentamientos cuerpo a cuerpo, aquello fue una lucha
por la
95
sobrevivencia, lo más terrible que al
ser humano puede pasar, luchamos en una tierra desconocida, sin fronteras en
sitios inhóspitos en el fango sembrado de arroz, en las aldeas, disparamos
a todo aquel que se pareciera un enemigo, sin preguntar sin retroceder, era una
lucha del más astuto del más fuerte, nosotros como país dominante, como
potencia mundial, teníamos la tecnología a nuestro alcance y los hombres, pero
no la razón, el amor y el coraje de aquellos hombres y mujeres pequeños de ojos
rasgados y piel amarilla tostada por los ardientes campos de cultivo del arroz,
ellos tenían a su favor la astucia y el conocimiento absoluto de su territorio
y la convicción que su lucha era justa, no les importaba morir por sus ideales
nosotros luchábamos por obediencia militar para sobrevivir sin motivación más
que la obediencia de un soldado sirviendo a su país.
Me dolía como soldado ver rendirse a los míos, aquella
noche del 30 de abril de 1975, al ver al secretario de estado por instrucciones
del presidente de los Estados Unidos ordenando la rendición del Vietnam del
sur, aquella caída de Saigón transmitida por todos los canales de la televisión
norteamericana era algo terrible para los que habíamos estado en aquella lucha.
Era un caos, los primeros que dieron las órdenes de evacuar
fueron las autoridades diplomáticas de la embajada de Saigón, y los altos
rangos de las fuerzas militares, la partida de la tropa terrestre estaba a
expensas de la disponibilidad y capacidad del espacio de la fuerza aérea, de
los helicópteros y los aviones pesados, aquello se convirtió en la última
batalla por la supervivencia, a lo largo se escuchaban el estruendos de los
cañones y morteros acercándose a la ciudad de Saigón, civiles vietnamitas del
Sur, mujeres con niños ancianos, todos trataban de huir de aquél infierno de 17
años de guerra, recuerdo que abracé a Susana y me puse a como un niño a llorar
sobre su hombro. Tenía sentimientos encontrados, me sentía triste porque
nuestro esfuerzo había sido en vano al mismo tiempo me sentía contento porque,
había llegado el fin de aquellos años
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terribles de aquél infierno de la guerra, aquella noche nos
fuimos tarde la cama, Susana me dijo para consolarme demos gracias a Dios por
haberte sacado con suficiente tiempo de ese infierno. Al día siguiente no fui
al trabajo, pues no había tropas por el momento para entrenar, llame a mi
superior y me dijo, quédate en casa que estamos en el proceso de repatriar a
todos nuestros soldados, yo te avisaré después, no te preocupes que tu cheque
te seguirá llegando.
Días después, vendría lo más doloroso de la guerra el
triste retorno al país de los soldados cabizbajos, traumatizados mutilados,
tristes por haber perdido a 58,000 de sus compañeros y 1700 jóvenes valientes
soldados del ejército, muchos de los cuales sus cuerpos aún descansaban en los
fangos arroz y en las agrestes montañas de aquél lejano país, miles que no
recibieron los mínimos rituales de un soldado caído por su patria.
Con los días miles de los soldados fueron repatriados,
probablemente que ellos no correrían con la misma suerte que la mía, para ellos
el retorno a su patria, era más duro que la propia guerra librada en aquellas
tierras extrañas, estoy seguro de que muchos soldados hubieran preferido el
haber perdido mi vida en el campo de batalla, ya que vendría para ellos, un
sufrimiento largo y doloroso.
No hubo para ellos, vítores de triunfo, ni flores ni
recibimientos con marchas marciales, ni tambores ni multitudes recibiéndolos
con banderas de la patria, ni flores, ni besos de mujeres hermosas como la
escenificada por el soldado y una enfermera en propio Times Square del corazón
de New York, en donde mi padre Rick Jones,
había estado festejando a su regreso triunfante de la segunda guerra
mundial. Por el contrario, era un ejército cabizbajo, eran la sombra de glorias
pasadas, eran los cobardes, los culpables que el pueblo orgulloso
97
de su poderío militar hoy tuviera que rendirse ante un
enemigo inferior fuera de nuestras fronteras, en aquel momento los recién
llegados eran la vergüenza para el pueblo norteamericano, para el estado y aún
para sus propias familias.
Apestaban a derrota, eran unos parias
viviendo lo que nunca hubieran deseado para la gran mayoría de los
norteamericanos de nuestro propio país. Los políticos se culpaban, y
justificaban echándole la culpa a las administraciones anteriores, había que
terminar y callar ante la primera gran derrota armada de esta gran nación del
Norte. El enemigo que nos había derrotado tenía en sus manos un ejército
inferior, sabíamos y estábamos conscientes eso, nadie ningún norteamericano
orgulloso de su país los perdonaría, tendrán que pasar muchas generaciones para
que el tiempo pudiera olvidarlo. En aquel momento la gran mayoría del pueblo
los odiaban porque querían ver en ellos, quizás la amarga y esperada venganza
de sus hijos esposos y hermanos que habían muerto en esa guerra.
Por donde pasaban las tropas las miraban con desprecio
apestaban a derrota, llevar el uniforme, aunque fuera con barras en los hombros
no era suficiente por donde pasaban les cerraban las puertas, en lugares
públicos le escupían al rostro, los miraban peor que a los leprosos de los
tiempos bíblicos. Lo más triste fueron los mutilados de guerra, los heridos que
necesitaban rehabilitación como la mía, ellos no fueron socorridos con efectiva
prontitud y atención médica eficiencia, como la que me habían dado a mí, para
un soldado que ha todo por la patria.
Y así comenzó a surgir una nueva generación de mutilados,
de traumados sicológicos de guerra, simplemente les llamaban locos de guerra,
pero nadie hacía nada para curarlos.
Nuestros compañeros con necesidades especiales en sus
sillas de ruedas no podían recurrir a las oficinas gubernamentales porque
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ningún edificio en ese entonces estaba habilitado para su
accesibilidad, las gradas y otras facilidades no les permitía acercarse a la
burocracia pública para reclamar por sus derechos. Pero lo más triste fue no
fueron las heridas causadas las mutilaciones ni los 58,000 mil soldados muertos
sino lo que más nos dolía era que nadie reconocía la valentía con la que
aquellos soldados habíamos representado a esta gran nación, para evitar la
expansión del comunismo.
Eran pocos los que se atrevan a hablar del tema, no sólo
porque era vergonzoso sino por ya no tenía sentido hablar de algo fracasado, la
gran potencia del mundo había sufrido su primera derrota. Probablemente tendrá
que pasar el tiempo para conocer la verdad de aquellos valientes soldados, los
corresponsales de guerra tenían documentada todas nuestras luchas y horrores de
la guerra, así como nuestro esfuerzo
patriótico y no fue sino hasta entonces cuando comenzaron lentamente a sanar
nuestras heridas, pero habían quedado cicatrices incurables, más que marcas
físicas eran morales, porque fue tanta la presión y el odio que en el fondo nos
llegamos a creer culpables muchos se
suicidaron, otros se encerraron en su mundo para esconder sus traumas como
delincuentes en la obscuridad para superar sus problemas dejados por la guerra,
otros se entregaron al vicio para olvidar sus panas.
? ¿Porque el ser humano es débil y
veces nos cuesta superar estos eventos traumáticos que nos marcan de por vida?
Porque creo que hombre es el ser más débil de la tierra y le cuesta más borrar
su pasado.
Mi caso creo que no fue el de todos, pues yo había superado
esa barrera del pasado, además, ya me había alejado de la guerra era un
veterano que estuvo a punto de perder la vida, sin embargo, al principio me
costó quitarme de la mente, mis pesadillas, primero
99
por las atrocidades dejadas atrás, me
despertaba por la noche, como zombi pensando que estaba en combate en plena
guerra, tampoco dejaba de pensar en mi prometida Janet, la cual también me
costó quitármela de la mente, hasta que mi bella Susana llegó a mi vida
ayudando no solo en mi recuperación sino a olvidar el pasado.
Y así continuó nuestras vidas, Susana
con su actividad terapéutica en el mismo hospital y yo como un nuevo trabajo
administrativo en las filas del ejército.
Siempre estaba en nuestros planes la
adopción de un niño, pero como eso toma paciencia y tiempo, ya habían
transcurrido varios meses sin poderlo lograr, todos los documentos habían sido
entregados y en cualquier momento nos podrían llamar, para firmarlos.
Un día estando en mi trabajo, por la
tarde, recibí una inesperada llamada de un hospital, era un día lluvioso de
esos que oscurecen el firmamento, Susana en el camino de regreso de su trabajo,
un vehículo se le había atravesado en una esquina fue llevada gravemente herida
al hospital más cercano.
Inmediatamente me dirigí al hospital,
la situación de mi querida Susana era extremadamente delicada, cuando llegué al
hospital estaban tratando de salvarle la vida, aquella lucha fue imposible, los
médicos salieron del área de emergencia y me dieron la triste noticia, que sus
heridas del cráneo eran mortales y que estaba entubada en estado de coma, con
lágrimas en mis ojos trataba de hablarle al oído no había respuesta, bese sus manos acariciándola, le susurraba a
sus oídos con bellas palabras de amor, suplicándole por favor Susana no me
dejes, no me abandones, era imposible mi bella Susana ya no escuchaba mis
ruegos y mis palabras de amor a sus oídos.
Pasaron dos días y los médicos me
dijeron míster Jones, lo sentimos ya no hay nada que podamos hacer, su esposa
está
mantenida únicamente por las máquinas, tiene muerte
cerebral, me
100
pidieron mi autorización para desconectarla de los equipos
no había nada que hacer. Entre lágrimas desconsuelos y sollozos, tuve que firmar
la orden para dejarla escapar de mi vida a mí, aquella alegre mujer que me
había ayudado a superar mi pasado y mis dolores, se marchaba para siempre,
dejándome su perfume y su alegría, volvía a quedar solitario en este mundo.
Durante aquellos momentos difíciles de dos días de
angustia, y dolor, habían estado acompañándome la señora Dickson y su familia,
y su amiga de toda la vida Isabel, quién había viajado de urgencia desde Puerto
Rico.
Aquel fue un entierro triste y
doloroso, sentía que el destino me seguía dándome una mala jugada en mi vida.
Susana iba vestida preciosa a su camino final como a ella le gustaba, su falda
de colores floreados y su moño cinta con un lazo con mismos colores de su
vestido, aquella tarde donde todo parecía gris, mi bella
Susana me dejaba para siempre.
Sabía que mi regreso a casa, sería una de las cosas más
dolorosas de mi vida aún más, que cuando llegué al hospital con mi pierna
destrozada, me senté triste en la sala con la mente en otro mundo, por todos
lados estaba su la presencia, su perfume estaba aún estaba fresco esparcido en
cada rincón de la casa, sus vestidos floreados como un jardín, sus pañoletas de
colores, en fin todo era , tristeza, había regresado la soledad a mi vida, como cuándo volví a la
casa después de la muerte de mi padre. La señora Dickson estaba allí conmigo
tratando de consolarme, acompañándome y llevándome alimentos, yo no comía no
dormía ni de noche ni de día, y así poco a poco fui cayendo como en un abismo
profundo, en donde la existencia no valía nada para mí.
Y así fui entrando en una depresión profunda, ahora
comprendía la razón del porque mi padre había caído en el alcohol después de la
partida de mi madre Ruth.
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Como siempre en los momentos más difíciles de mi vida, la
señora Dickson quien le llegaba a visitarme después de escuchar sus sabios
consejos me lleva a recurrir a un Siquiatra para subsanar mis males, mi
recuperación, tomó varios meses, el médico conociendo de mis traumas me recetó
medicamentos los cuales tomaría para el resto de mi vida. Una vez recuperado por
los medicamentos más mi tenacidad de soldado retorné mi vida en aquel
apartamento solitario en donde había existido tanto cariño y amor, ahora
aquella casa era una jaula vacía, en la que reinaba el silencio.
Mi médico me había recomendado que
era saludable deshacerme de todos los recuerdos de mi esposa, que no me
convenía seguir, con ellos, los recuerdos dolorosos matan el alma y el cuerpo.
Con todo el cuidado empaqué los recuerdos de mi Susana, sus vestidos,
cosméticos y zapatos y lo único que guardé era su vestido blanco de flecos
bordados que había usado el día de su boda, puse su ropa en una valija y los
llevé a una institución benéfica, como lo había hecho muchos años atrás con la
ropa de padre.
Y así con aquel dolor profundo, cuyas heridas tardaban en sanar,
el tiempo fue lentamente transcurriendo en mi vida, los años acompañados de mis
penas comenzaban a pasarme la cuenta, mis piernas se habían debilitado, ya no
era el mismo soldado fuerte y tenaz, eso había quedado atrás, mi médico de
terapia mental además de los medicamentos me había recomendado de hacerme de un
perro de compañía que sirviera para mitigar mi soledad. Hasta que un día decidí
ir a la perrera municipal, para adoptar una mascota, salí contento porque había
conseguido un perro Labrador Cachorro de tres semanas, de color negro que había
nacido en la misma perrera, lo bauticé con el nombre de Saigón, para mantener
vivos los recuerdos que había dejado en aquella tierra lejana del continente
asiático.
102
De inmediato fui a la tienda de animales, le compré un
cojín, un collar y una bolsa de comida y otras cosas que se requieren para el
cuido de una mascota.
Efectivamente aquella mascota había venido a llenar el
vacío de la mi soledad de mi vida, aunque no podía comunicarme con él, su
presencia noble que te da cariño a cambio de nada había, llegado a subsanar
parte de mis penas. Saigón, había llenado parte de esta soledad más, la visita
frecuente de mi querida Michael Dickson a quién le debía tanto en mi vida.
Ahora entiendo a mi padre el viejo Rick la soledad que vivió muchos años,
aguantando con estoicismo su dolor lo cual probablemente le arrastraron a su
muerte. En pocos meses aquel cachorro creció como un pino al que riegas todos
los días, lo llevé a un sitio de entrenamiento cuando estaba listo, mi médico
me dio un certificado para que lo pudieran llevar a cualquier lado como un
perro de compañía.
Sin embargo, aun continuaba cargando
sobre mis hombros las penas más grandes de mi vida: la muerte de mis padres,
los recuerdos olvidados de su primer amor Janet Biltmore, de la cual me había
dolido tanto su silencio y principalmente la muerte reciente de mi querida
Susana, quién me había devuelto las ganas de vivir haciéndome ver el mundo
diferente.
Y así entre penas y recuerdos, pasarían diez años sólo en
mi vida, con la compañía de mi fiel amigo Saigón, quién me había ayudado a
seguir viviendo mi vida solitaria de ermitaño, en donde sólo tenían cabida mis
recuerdos dejados a lo largo de mi camino.
Un largo pitazo de un barco arribando al puerto de aquella
hermosa bahía me habían hecho despertar, en tan sólo dos horas en aquella banca
de concreto medio adormilado, había recorrido más de cincuenta años de mi vida,
como en una película de largo metraje, me parecía que todo había sido ayer como
un sueño, el aire fresco de la bahía seguía llegando hasta donde me encontraba
soñoliento y aturdido por aquellos recuerdos de mi agitada existencia, mire mi
reloj, y me di cuenta de que apenas le quedaba dos horas para llegar al
hospital de veteranos a la cita con mi médico de cabecera, apoyándome en mi
bastón de cabeza de león, heredado de mi padre, me puse de pie y jalando la
correa de mi compañero Saigón, comenzamos a caminar por los andenes del parque
hasta la parada del autobús. Las gaviotas se habían quedado graznando su
inconfundible sonido se iba perdiendo poco a poco a medida que me alejaba del
sitio.
A los pocos minutos de estar en la parada del autobús
urbano, apareció el vehículo cuya ruta llevaría al frente del hospital de
veteranos, saqué mi carné de veterano y la autorización de mi perro de compañía
y mostrándoselos al conductor busqué un asiento próximo a la ventanilla para
sentir la brisa fresca de aquella mañana el hospital estaba relativamente cerca
y a lo sumo me tomaría no más de veinte minutos en llegar.
Al poco tiempo el autobús hacia su
parada al frente del hospital, cuidadosamente usando mi inseparable bastón y la
correa de Saigón, bajé con cuidado, me dirigí a la recepción y volviendo a
sacar mis identificaciones de veterano y de mi perro, mostré la tarjeta con el
nombre mi médico en donde se indicaba el nombre del galeno y la hora de su
cita.
La recepcionista me dijo agarre por ese
pasillo hasta el ascensor y vaya al piso tercero allí a su derecha está el
consultorio del doctor Flush.
Muchas gracias, señorita no se preocupe, soy viejo paciente
del doctor Flush, además conozco este hospital como mis propias manos,
caminando un poco lento me dirigí al consultorio del médico, en la sala de
espera estaban solo dos pacientes, entregué la tarjeta de mi cita, firmé en la
lista y me senté en la sala con mi mascota a mis pies para esperar mi turno.
104
Al cabo de un rato de espera, salió una enfermera y
mencionó mi nombre, Mr. Frederick Jones pasé adelante, gracias le respondí y
agarrando mi bastón y la correa de mi perro, caminé lentamente al interior del
consultorio.
Apareció una enfermera y me dijo con voz suave, voy a
tomarle la presión arterial, la temperatura y su peso antes que miré al médico,
está bien gracias respondí a la enfermera, ella salió del cuarto y me dejó solo
en compañía de mi perro.
Al poco rato apareció el galeno, con
su bata nítidamente blanca y su estetoscopio colgado al cuello, agarró mi
expediente me preguntó------cómo se siente hoy Mr. Jones?----creo que bien
doctor un poco de estreñimiento y gases y un dolor en el estómago por las
noches, pero con las pastillas que me recetó se me quita pero por lo demás a
pesar de mis años , me siento bastante bien, aunque he perdido peso, preguntó
el médico-----no ha tenido sangrado cuando hace sus necesidades ni le duele la
parte baja del estómago? No doctor.
Bueno dijo el médico vamos a entrar
en materia, sus últimos resultados del laboratorio no son muy alentadores que
digamos, la colonoscopia que se realizó hace una semana y la biopsia enviada
indican que tiene un cáncer colorrectal en estado avanzado, acuerdo a la
lectura del especialista en medicina interna, dice que el tumor está adherido a
otra parte de su cuerpo, pero esos detalles vamos a dejarlos que los determine
un especialista en estos casos. Por un instante callé, bajo la mirada ante
aquella devastadora noticia era como si otro mortero hubiera caído cerca de mi
humanidad, me quedé pensativo recordando la explosión de aquel mortero que cayó
en mi trinchera muchas décadas atrás en el Vietnam y que destrozó su pierna y
que casi me quita la vida. ------ El doctor Flush preguntó, ¿Se siente bien,
Mr. Jones?, ---- si reaccioné de inmediato----- desde hacía cuánto tiempo no se
había hecho una colonoscopia preguntó el médico, bueno desde hace más de diez
años después que murió mi esposa en un accidente automovilístico----- lo siento
mucho respondió el galeno, yo tengo dos años de estarlo viendo, y sus síntomas
de estreñimiento y gases no me indicaban que usted tenía este mal pensaba que
eran cosas pasajeras.
Raro que no haya tenido síntomas durante este tiempo, no
doctor, solamente estreñimiento, acidez y cierta flatulencia y las hemorroides
de la cuál usted me había venido tratando en estos últimos dos años, por esa
razón le mandé a hacer la colonoscopia. Agregando esto es más serio de lo que
usted se imagina le voy a tener que remitir a un oncólogo aquí en este mismo
hospital para que se haga cargo de su caso, pregunte: ------ Dr. usted podrá
adelantarse si este tumor se puede operar o algo que me indique si me queda
poco tiempo ?------- , prefiero no hacerlo, hablaré personalmente con el oncólogo
Doctor Héctor Hynes le aseguro que él le explicará más detalladamente, y
ayudará a salir de esto, es uno de los mejores oncólogos de esta ciudad, no se
preocupe estará en muy buenas manos, agregando hoy mismo le mando los
resultados a él, agregando él tiene su consultorio en este mismo hospital le
llamaré, para informarle de su caso y le
dé una cita lo más pronto posible.
Bueno Mr. Jones, siga con los medicamentos que le receté
hace un mes, hasta que mire al especialista, por ahora siga tranquilo, no
cambie su rutina, si tiene alguna, pregunta o problema ya sabe
que estoy a sus órdenes, yo seguiré
siendo su médico de cabecera. es más, le voy a recetar un tranquilizante para
que se relaje un poco lo noto muy ansioso y unas vitaminas. Cualquier cosa no
vacile en buscarme.
Aquella mañana Frederick Jones salió de la clínica
devastado por la noticia que le acababa de dar su médico.
106
Bajé las gradas del hospital más
lento que nunca, sudoroso, con la mente nublada y envuelto dentro de gran
torbellino de ideas.
No era para pararnos a sus cincuenta y tres años había
pasado por muchos traumas en su vida, había estado al borde de la muerte cuando
fue herido en pierna izquierda en la guerra de Vietnam, pero, aunque renqueaba
un poco había logrado sobrevivir, llevaba más clavos que una ferretería en su
pierna, pero eso no le había impedido volver a caminar ni volver hacer su vida
normal después de la guerra.
Esperó paciente en una banca la llegada del autobús subió
con su perro Saigón, quién parecía adivinar lo que le sucedía a su dueño se
hecho triste a sus pies, en el trayecto como un zombi me imaginaba venir lo
peor de mi vida, en mi imaginación me preguntaba ¿--- y ahora qué haré? Llegue
a mi casa, abrió una vieja de botella coñac empolvada por los años, que tenía
guardada y que no logró llegar a abrirla la tenía guardada para celebrar los
diez de casados con su esposa Susana, pero el tiempo no lo permitió.
Aquella añeja botella había permanecido guardada en un
anaquel, desde mucho antes de la muerte de su esposa Susana. La botella le
traía recuerdos aferrados a su existencia, de esos que quedan para siempre en
la vida y no se pueden arrancar del alma.
Se sentó en un sillón y casi de un sorbo se tomó una copa
de aquél envejecido coñac, se sirvió otra copa hasta terminar la botella y en
un soliloquio mental dijo, mi bella Susana, brindemos por nuestros diez años de
ausencia, que felices hubiéramos sido, el haber hecho este brindis juntos en
aquel viejo bar que visitábamos los fines de semana a ver pasar las parejas de
enamorados cogidos de la mano, en donde
tú ordenabas aquellos calamares tan ricos, recuerdo tu sonrisa aún
fresca, tus pasos de salsa que me enseñaste a bailar, tu perfume favorito
Chanel, tu blusa floreada que usabas con frecuencia y que te recordaba el
caribe, este caribe de tu isla del encanto la cual un día dejaste todo
incluyendo a los tuyos.
Cuantos recuerdos hermosos mi Susana, cuanta alegría me
distes en tan poco tiempo, cuando en esta casa me enseñaste a bailar salsa,
cuanta nostalgia siento al ver pasar los años sin tu presencia, tu recuerdo
sigue aquí no se en que rincón, el olor a perfume de tu closet aún se mantiene
presente, tu vida se me escapó de las manos como agua entre los dedos, y yo me
quedé con mis manos vacías viviendo de tu recuerdo.
Esos recuerdos están todavía aquí en esta casa, en esta
cocina en esta sala, en esta vieja botella de coñac que no logramos llegar a
abrirla, porque la vida se te escapó. Realmente no sé cómo he logrado
sobrevivir aferrado al recuerdo de esos años felices que se fueron y quedaron
atrás como esos paisajes que se quedan allí a lo largo de los caminos mientras
tu sigues el curso de la vida.
? ¿Pero qué más puedo pedirle a la vida ?, no tuvimos hijos
por el problema de tu ovulación, pero tratamos de adoptar un hijo o una hija
que deseabas y estuvimos al borde de lograrlo, pero siento que tu estas aquí a
mi lado meciendo ese niño con el que soñabas, no he podido arrancarte de mis
recuerdos, sigues viviendo para mí en cada amanecer y en cada atardecer en cada
noche de mi vida, en esta casa llena de tantos recuerdos.
En estos últimos veinte años, mi vida
corrió un corcel desbocado, después de tu partida mi mundo se derrumbó, pero
aun sigo aquí con la angustia de la vida acuestas, con un porvenir sin
esperanzas con una ilusión perdida.
Ya a la edad que tengo ? qué más puedo esperar de la vida
?, he recorrido caminos, he disfrutado del amor, ya los años me han comenzado a
pasarme la cuenta, esa cuenta regresiva de la cual que creemos que nunca nos
llegará, luchamos y vivimos sin pensar en ella , pero ante esta nueva
adversidad lucharé para sobrevivir para seguir viviendo aunque solo sea del
recuerdo, luchare para seguir aferrado a la vida, como lo hice con tu ayuda en
el hospital hasta que lograste rehabilitar mi pierna, sino hubiera sido por tu
paciencia no hubiera vuelto a caminar condenado a una silla de ruedas.
Dándose valor y ánimo, metido en un soliloquio del coñac
consumido decía: Frederick tu no estás solo. Estás acompañado de tu propia
fortaleza, has librado muchas batallas dolorosas en tu vida, ten fe, no te
puedes rendir en este nuevo reto de la vida es una lucha tenaz y la vida es muy
linda, la cual no debes entregarla fácilmente, tomaré esto como una batalla más
en la vida , cuando yo que creí que mis batallas se habían terminado, creía que
era ya tiempo de descansar, pero esta es otra más, aunque sea otra lucha más en
mi vida, quizás sea más importante,
siempre he peleado duro hasta el agotamiento
y esta vez lo volveré hacer, y así tras sorbo y sorbo de coñac me fui
quedando dormido en el viejo sofá de la sala, acompañado de mi fiel e
inseparable amigo Saigón.
A los tres días, me estaban llamando
de la clínica del oncólogo doctor Arturo Hynes del hospital de veteranos para
una cita el próximo lunes. El lunes muy temprano el doctor Hynes me estaba
esperando en su consultorio, ya tengo el expediente de su caso en mis manos,
diciéndome teniente Jones he revisado cuidadosamente los exámenes que me
remitió el doctor Flush, su médico de cabecera. Voy a mandarle a hacer, varios
exámenes radiológicos y un e maray para ver cómo está realmente el área
afectada, aquí están las órdenes, vaya al área radiológica para que le den
instrucciones y le realicen estos exámenes lo más pronto posible, gracias
doctor, agarré mi bastón hale a mi perro de compañía Saigón y se dirigí a la
parte radiológica del hospital.
Aquí me dieron las instrucciones necesarias para la
realización de los exámenes, ordenados por el doctor Hynes, me dijeron que
tenía que llegar en ayuna para la realización de los exámenes ordenados, al
siguiente día estaba de nuevo en el hospital, una vez
terminados, me dijeron, que el oncólogo me llamará para
darle una cita, para ver los resultados, de nuevo salí con mi estado de ánimo
caído y me dirigí a mi casa.
A los cuatro días le estaban llamando
de la clínica del médico, para que al día siguiente llegará a su consultorio.
Bueno me dijo el oncólogo la situación ahora es más clara,
afortunadamente el cáncer solo se ha extendido a unas de las paredes de un
órgano, vamos a proceder, por los próximos seis meses, primero con radiación y
después con un tratamiento de quimioterapia, a ver si logramos evitar su
avance, lo otro sería una remoción pero el cáncer está muy avanzado voy a
mandarle estos medicamentos complementarios que le ayudarán, hoy mismo voy a
mandar la orden al departamento radiológico para que le programen dos veces por
semana su tratamiento, lo veré dentro de un mes. Gracias doctor Hynes,
respondiendo el médico no se preocupe desde ahora, haremos todo lo posible para
detener esto.
De nuevo volvió a salir cabizbajo del hospital de veteranos
yo sabía que esta lucha era en serio, tal vez sería la última de mi vida,
llegué a mi casa pensativo y en sofá de la sala, se puse a revisar los álbumes
viejos que había dejado mi madre, dije en mi interior como pasa el tiempo tan
fugaz, siento que la vida se me está yendo poco a poco.
Volviendo a ver a su mascota sentado
a sus pies, le dije: mi querido Saigón, que pena que algún día tendré que
dejarte, no sé con quién, ya mi amiga Michael Dickson, está muy mayor para
cuidarte, pero no te preocupes, buscaré un buen hogar para ti, te lo prometo
que lo haré, aquél fiel amigo parecía interpretar mis palabras se puso a lamer
mis pies y se acostó en el piso a mi lado.
La semana siguiente, estaban llamándome del hospital, para
mi primera sesión de radiación serían dos por semana, para los próximos seis
meses, de aquí evaluaría el médico, para ver cuál
110
ruta tomaba. Fueron duras semanas de ir y venir del
hospital, su peso y apetito comenzaron a disminuir.
A los tres meses me citó el oncólogo para evaluar el
resultado del tratamiento, después de recibir los exámenes, vio que la
radiación, no me estaba dando los resultados que el esperaba, el mal avanzaba,
el galeno me dijo: había pensado darle seis meses de radiación, pero veo que no
ha hecho efecto, el mal sigue avanzando, agregando, ordenaré que a partir de
próxima semana cambiaremos el tratamiento con quimioterapia, explicando los
efectos que este tratamiento produciría sobre mi cuerpo, probablemente usted
bote el pelo, le produzca vómitos y mareos, y muy probablemente baje más de
peso, le mandaré otros vitamínicos para ver si logramos fortalecer su
inmunidad. Aquí está la orden para el departamento de quimioterapia del
hospital para que comience lo más pronto posible, lo veré dentro de un mes,
gracias doctor dijo al despedirse, nos vemos en un mes le respondió el
oncólogo.
Después de seis meses de idas y venidas al hospital,
comencé a sentirme muy mal, mis huesos me dolían, hasta tal punto que me
costaba caminar, mis piernas estaban debilitadas por la terrible enfermedad, mi
cabello tal a como me dijo el oncólogo , comencé a botarlo, el dolor cada día
se hacía más intenso, fue cuando mi médico decidió hospitalizarme para darme
una mejor atención, pedí a mi médico permiso para que mi perro me acompañara en
el cuarto que me asignaría, el medico me dijo que eso no estaba permitido por
las reglas sanitarias del hospital, me quedé callado y triste, durante los
últimos cinco años nunca me había
separado de mi Saigón lo había creado desde que era un charro de semanas, yo
insistí es un perro noble, si ya lo conocía en mi consultorio pero esas son las normas del
hospital y tengo que cumplirlas.
111
Lo siento Mr., Jones pero no podemos
admitirlo dentro de su cuarto, si tiene algún familiar o amigo pídale que se lo
cuide, gracias doctor, agregando, puede ir a su casa y prepare una mudada de ropa, y sus enseres personales
de aseo, hoy mismo enviaré una orden a la administración del hospital para que
le asignen para mañana una cama, gracias doctor Hynes no sabe cuánto le
agradezco, de nada dijo el médico, aquí estará mejor atendido que en su casa.
El corazón de Frederick se le partía al tener que dejar a
su Saigón, la única persona en quién podía confiar para dejarlo era su amiga de
toda su vida la señora Dickson.
Todo me indicaba que este era el final de toda aquella vida
llena de luchas, llegué a mi casa, llamé a mi amiga Dickson para contarle que
mañana me internarían en el hospital de veteranos y que no tenía con quien
dejar a mi perro Saigón, usted más que
nadie sabe el cariño que le guardo a mi perro,
no te preocupes Frederick, lo cuidaremos como si fuera nuestro, mañana
tengo que internarme antes de irme al hospital
le pido si puede venir por mi perro. No te preocupes hijo mañana
temprano llegó por tu mascota, no sabe cuánto me duele deshacerme de él, si lo
entiendo hijo duerme tranquilo. En una pequeña valija comencé a empacar mis
cosas personales, entre ellos mi uniforme militar, y mi kepi, quería que en mi
último día me vistieran con mi uniforme, puse mis medallas ganadas en combate
en la pequeña caja de madera, en donde tenía las cartas que habían regresado
del correo, junto al pañuelo de mi inolvidable Janet.
Por la mañana la señora Dickson mi protectora y amiga de
toda la vida, estaba llegando a mi casa a recoger a mi querido Saigón, aquella
fue una despedida, tan dolorosa como cuando deje a mi padre, abrace a mi
Saigón, lo besé lloré como un niño, su
instinto animal iba más allá, en señal de agradecimiento, me lamió la cara las
manos, no paraba de menear su cola como que si el supiera que sería la última vez
que nos veríamos, se dejó llevar dócilmente por
112
la señora Dickson con todos sus enseres, y una bolsa de su
comida, Saigón subió lo subió a su
carro, se pegó a la ventanilla del automóvil no dejaba de mirarme con cara de
tristeza como despidiéndose de mí, el vehículo partió, hacia la casa que sería
su nuevo hogar.
Esa mañana como de costumbre me
vestí, agarré dos bolsa de pan y con la ayuda de mi inseparable bastón, me
dirigí al parque ya sin mi amigo Saigón,
atravesé los andenes con un lento caminar, hasta llegar al mismo lugar yo consideraba
que esta era la despedida para aquella cuarta o quinta generación de gaviotas,
aquellas que cuando siendo un niño, venía con mis padres a darles de comer,
bajo los grandes árboles caducos y comencé poco a poco darles pan, a las
gaviotas, aquellas aves graznaban como nunca antes como presintiendo que aquella seria última vez que
me mirarían, se acercaron más que nunca a la banca, en donde estaba sentado,
con lágrimas en los ojos les decía, "coman mis amigas, porque quizás
mañana no volveré", las gaviotas se pusieron a gaznar al unísono , no para
pedir más pan, porque sabían que este se había terminado, sino como para
rendirme homenaje de agradecimiento a quien por muchos años había sido su
benefactor, aún con mis ojos humedecidos me levanté del sitio, vi por últimas
vez la llegada de los barcos, los bellos
jardines que tanto su madre admiraba a lo largo de los andenes y me dirigí a mi
hogar dejando atrás uno de mis sitios preferidos durante mi vida.
Por la tarde le estaban llamando del
hospital avisando que su cuarto estaba listo, llamé a mi amiga querida señora
Dickson quién se había ofrecido llevarme al hospital para saber el cuarto que
me darían.
Al rato mi amiga y protectora estaba llegando a mi casa,
recogí mi pequeña maleta, y me dirigí al carro de ella, al salir de mi casa, me
quedé mirando por un rato aquel hogar en la que había vivido la mayor parte de
mi vida, un par de lágrimas rodaron de mis ojos, probablemente sería la última
vez que miraría mi hogar.
113
Mientras el vehículo rodaba, a través
de la ventana miraba por última vez las calles de mi barrio y la ciudad, sabía
que no volvería a verlas.
Acompañado de mi amiga, me presenté a las oficinas de
admisión del hospital, le dijo a la
recepcionista de turno, estoy aquí, para la asignación de un cuarto ya el
oncólogo doctor Hynes debe haber puesto la orden, la recepcionista buscó en las
órdenes del día y me dijo aquí está,
llamó a un enfermero y le dijo traigan una silla de ruedas para que lleven al
teniente Jones al cuarto 212 gracias dije, subimos por el elevador y llegamos a
la habitación asignada, era un cuarto lo suficientemente grande, con una amplia
ventana que daba a las áreas verdes del Hospital de Veteranos, muy cerca de la
ventana babia un hermoso árbol que
viento mecía con suavidad.
Después de acomodarme en la habitación y platicar un rato
con la señora Dickson ella se fue a la casa con la promesa que estaría llegando
a verme. Ya sólo en el cuarto esperando a la enfermera, me acosté en la cama, y
por un rato, me quedé mirando fijamente hacia la ventana de mi cuarto como
queriendo contar las hojas amarillas de un hermoso y viejo álamo las cuales
lentamente con el vaivén del viento caían sobre la grama que circundaba el
hospital.
Mi mente parecía transportarse a la
época de mi niñez cuando en el patio de mi casa retozaba sobre aquella
hojarasca al comienzo del otoño. Ya estábamos acercándonos a dos semanas de
octubre, pronto vendrá el frío decía en mi interior, esa época en que la ciudad
donde crecí, la alcaldía mandaba a decorar las calles de luces a colores y
ponía un hermoso pino en el parque anunciando la llegada de época más fría y
luminosa del año.
Es la época, cuando todo es alegría
color y luz, cuando los niños, agarrado de la mano de sus padres recurren a la
iglesia a entonar los cánticos de navidad, cuando la mente de los niños vuela
esperando las fiestas y los regalos y la llegada del viejo gordo y panzón que,
en su trineo, bajaría por la chimenea de la casa para dejar los regalos
114
Estaba con mi mente transportada a
esa época de mi niñez, cuando de pronto se abrió la puerta de mi cuarto, y
entró con su bata blanca, el doctor Hynes quien desde hacía más de un año había
venido dándole seguimiento a mi caso,
acercándose a mí, jaló una silla se sentó al lado de la cama y me dijo en voz
baja, teniente Jones, vengo a platicar con usted, me han llegado los resultados
del laboratorio y parece que las cosas no van bien, no le traigo buenas
noticias.
Los exámenes finales indican que su
cáncer del colón se ha esparcido a otros órganos vitales, trataremos de seguir
dándole calmantes más fuertes para el dolor, he ordenado que le suspendan la
quimioterapia, ya que no está dando resultados que esperábamos.
Con la voz quebrantada le pregunté----- bueno doctor Hynes,
dígame ¿cuánto me queda ?,----no me gusta adelantar pronósticos respondió el
galeno, pero trataré de ser honesto, he visto cientos de casos como el suyo, no
creo que sean más ocho a diez semanas.
El veterano de manos forjadas en la
batalla cerró el puño, como en señal de protesta y dio un ligero golpe sobre la
cama, guardó silencio por unos segundos y recuperando el ánimo por aquella
contundente noticia, le dije al galeno: disculpe doctor por mi actitud, le
agradezco su honestidad y paciencia que ha tenido conmigo en estos casi dos
años, ----- eso significa que ya he perdido la última batalla de mi vida.
El médico calló y me dijo: ----le
mandaré una trabajadora social para que le de toda la información concerniente
al aviso de su familia y preparación de sus bienes.
No es necesario doctor Hynes, no tengo familiares a quién
informar. Sin embargo, se lo enviaré,
ellos saben cómo hacer su trabajo dijo galeno, agregando pronto llegará la
enfermera a ponerle un medicamento para el dolor, nos vemos por la mañana.
115
El médico salió del cuarto, y anotó
en la carpeta las instrucciones sobre los medicamentos y asistencia que su
paciente requería.
Me puse a pensar, no es posible de esto yo siendo un viejo
veterano condecorado de la guerra del Vietnam con el rango de teniente,
acostumbrado a los duros golpes que un soldado recibe en el campo de batalla,
sumado a los golpes de la vida, volví a
empuñar la mano y di tres fuertes golpes al colchón de la cama dije en mi
interior, he visto la muerte de frente varias veces, vi caer a mis amigos
delante de mí en los tres años de lucha contra un enemigo cruel, y aunque
nuestro país perdió la guerra, nosotros nunca nos rendimos, el gobierno fue
quien se rindió.
Ahora estoy aquí librando mi última
batalla frente a un enemigo más fuerte que mis convicciones de soldado, al cual
debo rendirme. Tengo más de un año de estar luchando contra este enemigo
implacable, al fin debo aceptar mi derrota, mi rendición tiene plazo, No lo sé,
no tengo nada más que hacer solo esperar que el día llegue, cómo los condenados
a la pena capital, quienes esperan su día, no dejo descendientes, ni hermanos
ni hijos, creo que así era mejor, porque es más grande el dolor cuando se deja
a alguien atrás, así es mejor porque este dolor es mío y nadie más lo sufrirá.
Como queriendo salir de aquella reflexión, volví a mirar
hacia la ventana para continuar viendo la caída de las hojas del frondoso
árbol, que, al desprenderse de su ropaje amarillo, anunciaba la llegada del
otoño.
Parece que aquella distracción frente a mi ventana me hacía
olvidar de aquél inesperado aviso que su oncólogo me había dado unos minutos
atrás, la continua caída de las hojas, el cansancio y dolor me llevaron a un
sueño profundo. Efectivamente que a
Frederick le quedaba muy poco tiempo, al confirmar el hospital que no tenía
familiares, por recomendación del doctor Hynes, solicitó al hospital para que
me asignen una trabajadora social para dejar
116
en orden mis asuntos legales,
incluyendo la disposición de todos sus bienes incluyendo los ahorros que él
había hecho durante su carrera militar.
A los dos días toca a mí puerta,
entra una joven rubia alta y de ojos azules, Frederic se asusta porque ve en
ella el vivo retrato de su bella Janet su prometida que había dejado en el
Vietnam y que ya había olvidado, al no tener respuestas a mis cartas, nunca supe más de ella, en mi
mente me imaginé ? no puede ser ella en todo caso sería mayor que yo en este
momento,? la visitante se presentó como Marlín Biltmore, trabajadora social del
hospital de Veteranos, preguntándome----- usted debe ser al teniente Frederick Jones,---- sí señorita
le respondí, después de saludarme, me dijo soy la trabajadora social que el Hospital le ha asignado para la organización
de todos sus documentos legales, gracias le respondí. Pero usted no luce tan
mayor dijo Marlín, no crea en este mes cumplo cincuenta y cinco años, lo que
sucede que este cáncer, ha acabado con mi vida. Bueno vamos a comenzar con
llenar algunos datos respondió la trabajadora social.
Marlín abrió su portafolio y sacó un
cuaderno para tomar sus apuntes., le voy a hacer algunas preguntas, póngase
tranquilo espero que no le incomoden, de ninguna manera le respondí.
----Dígame su nombre completo: ---- Frederick Jones
---? Cuando nació y donde ¿: ----- nací el 20 de octubre de
1947 en la ciudad de los Ángeles California en el distrito de Long Beach
---- ? Cuál es su estado civil ¿: ----- viudo desde hace 12
años.
---? Cuál es el nombre de sus padres ¿: --- mi padre Rick
Jones teniente de infantería veterano de la segunda guerra mundial, con dos
condecoraciones de guerra.
-------mi madre: Ruth Calvani
profesora de idiomas nacida en New York, ambos ya fallecidos.
---? Cual su dirección donde reside actualmente ¿: ---- 1322
calle del oeste en el área de Long Beach, los Ángeles California.
117
-----? Esta propiedad es suya o
rentada ¿: ---- propia, heredada de mis padres.
-----? Cuál es su profesión ¿: ----
Militar retirado de las fuerzas armadas de infantería, con grado de teniente,
con dos
condecoraciones ganadas en el campo de batalla en la guerra
del Vietnam,
? Como se llamaba su esposa ¿: Susana
Martel, terapista física especialista en rehabilitación, agregando trabajó para
este mismo hospital de veteranos, durante 18 años de servicio continuo, murió
él en un accidente de tránsito hace doce años.
----? -Tuvo usted hijos con la señora Martel ¿: No, ella no
podía tener hijos por un problema de en sus órganos de reproducción.
----? Tiene usted testamento hecho para sus herederos ¿:
---- no, no tengo herederos, mi única familia es mi perro de servicio le puse
Saigón, mi mejor amiga se lo llevó hace días a su casa antes de internarme en
el hospital él, fue mi único acompañante en estos últimos años de mi soledad.
----? Hace cuanto que le detectaron
el cáncer: ¿---- hace dos años que estoy en esta lucha.
------ ? Quién es su oncólogo que lleva su caso: ¿el
doctor: Héctor Hynes de este hospital.
-----? cuál es su médico de cabecera: ¿------ el doctor Dr.
Lester Flush.
----? Ha pensado a quién le dejara
sus bienes que posee ¿: se quedó pensativo y respondió ------todavía no, deme
un día para pensarlo.
----? Tiene servicios funerarios y lote en el cementerio
¿-----si todos los arreglos funerarios están ya pagados. Agregando mi padre
también hizo lo mismo.
118
Bueno le respondió la trabajadora
social, por ahora creo que es suficiente teniente Jones, mañana continuaremos
con esto, me imagino que querrá descansar por hoy, me preguntó,----- puede
quedarse un ratito más para que platiquemos, me encuentro muy solo y no tengo
con quien platicar, mi única amiga que me ayudó después de la muerte de mi
madre, vendrá hasta dentro de dos días,------- bueno no hay problema usted era
mi último paciente del día de hoy, no tengo prisa.
Marlín, usted, es muy guapa y se mira, que es muy joven
para esta profesión, tengo tan solo, cuatro años de experiencia en este
trabajo.
Riéndose ella me dijo: ahora usted, es quién quiere
interrogarme, no, le respondí, es para entrar en confianza, no quiero ser rudo
con usted solo quiero platicar.
¿Qué me cuenta de su madre ?, me contaba mi madre que había
estado por varios años sirviendo durante la guerra del Vietnam en la 23
División de infantería en un campamento en el área de enfermería, y obligada
por su embarazo, y habiendo cumplido ya su servicio dejo las fuerzas armadas,
regresando a San José California, en donde nací, el 12 de enero de 1971.
Después de mi nacimiento mi madre no podía trabajar, mi abuela era una persona muy mayor, y no
podía atender a un bebé, un día que mi madre hablaba con una prima que vive en
la ciudad de Sacramento, le dijo que la casa del lado de la suya estaba en
venta, que porque no vendía la casa en San José y se iba a Sacramento,
agregando aquí es muy tranquilo hay buenas escuelas en el área y así yo podría ayudarte con su bebé mientras logras
conseguir trabajo, está bien lo pensaré le respondió mi madre.
Es aquí en donde mi madre y mi abuela deciden vender la
casa en San José y nos trasladamos a vivir a Sacramento, esto permitió a mi
madre conseguir un trabajo en un hospital en esa ciudad, mi tía le dijo que
ella le ayudaría conmigo mientras ella trabajaba, a los
119
cuatro años de vivir en Sacramento mi abuela murió a los
ochenta y cinco años yo apenas la recuerdo porque tenía tan solo cinco años.
Mi madre me contó, que durante la guerra del Vietnam había
conocido a un soldado muy amable y educado, que se había enamorado de él era un
hombre diferente al resto de la tropa, habían llegado a amarse tanto, hasta
habían planes para el futuro, pero que por razones de la vida había sido herido
en combate y que lo tuvieron que trasladar a un hospital en California para
salvarle la vida, ella quedó embarazada de él,
nunca se lo dijo y que más nunca
volvió a saber de él, así es que yo nunca conocí a mi padre genético.
Me crie bajo el cuidado de mi madre y mi tía quién me había
visto crecer, mi madre pasó muchas dificultades en su vida, mientras yo crecía
sin el soporte y la ayuda de un padre a quién nunca conocí.
A los años estando yo en la escuela primaria, mi madre se
enamoró, de un compañero de trabajo con este amor ella estaba llenando aquél
vacío que sentía vida , había encontrado al hombre que vendría a llenarle el
corazón herido, esta persona la quiere, la cuida, también se cuidaba de mí,
tuvieron una niña la cual aman con cariño, conmigo se lleva muy bien, ahora
ella vive en una casa más amplia y con mejores condiciones que la anterior
lleva una vida tranquila , yo los visito cada mes y le llamo cada día. Bueno
teniente ya le conté mi vida, sabes Marlín es una historia muy triste como mía
le respondí, todos tenemos un pasado y un presente, del futuro no sabemos nada
excepto yo, que tengo mis días contados.
Bueno señor Jones ya hemos platicado bastante, mañana
vendré para llenar unos formularios para que los firme y me autorice para
enviarlos al ejército y a las oficinas del gobierno, gracias por su visita, que
tenga buenas tardes, gracias respondió Marlín.
120
Aquella noche, casi no pude dormir, mi mente era un
torbellino, dando vueltas tratando de atar cabos, habían grandes coincidencias:
el gran parecido de la joven Marlín a Janet Biltmore, aquél primer amor, que
había quedado en el olvido durante la guerra del Vietnam, me preguntaba? no
puede ser,? su apellido es el mismo que el de su querida Janet, quien por razones del destino, nunca
respondió a mis cartas, además había una cantidad de coincidencias las cuales
parecían venir encajando como un rompecabezas, Janet había servido en la misma
unidad y campamento militar en donde yo estuve, la fecha de nacimiento de
Marlín coincidían exactamente, seis meses antes en que había salido herido del
frente de guerra, ? Será posible que ella estaba embarazada cuando estaba en el
frente de la guerra, recuerdo que cuando nos despedimos en barco hospital, en
nuestra última conversación de antes de partir, ella quiso decirme algo, pero
guardó silencio, con razón cuando escribí a la casa de su abuela en San José,
la carta vino de regreso, ella ya se había movido a la ciudad de Sacramento, en
California
Después de aquel ejercicio mental
retrospectivo, había llegado a la conclusión, que Merlín era mi hija, ¿ahora
cómo hacía para dárselo a saber? no me creerá lo que yo le diga, de cuanto amé
a su madre y que, si no hubiera sido por las circunstancias de mi grave herida,
probablemente, hubiéramos terminado juntos.
Me llené de valentía como soldado sabía que había que
enfrentar las adversidades se gane o se pierda, mi único testigo eran las
cartas de amor que nunca ella recibió y que el correo me había regresado. Así
fue, en la próxima visita, casi sin palabras, comencé a relatarle sobre mi vida
le dije sin titubeos: Merlín después de lo que me has contado ayer, no he
podido dormir toda la noche mi conciencia me dice que debo decirte la verdad,
he llegado a la conclusión de la cual estoy completamente seguro de que soy tu
padre, la fecha en que dejé Vietnam, coinciden con la fecha que naciste seis
meses después.
121
Los médicos en el Vietnam querían inicialmente córtame mi
pierna destrozada, no tenían otra opción, sino hubiera sido por la intervención
de tu madre hoy estaría viviendo mis últimos días en una silla de ruedas. Janet
luchó para que me enviaran a un hospital en California en donde los
especialistas me salvaron mi pierna.
Aquél día fue una despedida muy dolorosa para ambos, yo
nunca perdí la esperanza de volverla a ver Janet, ese día en el barco hospital
antes de partir, estando herido de
muerte antes que me trasladaran, en nuestra última conversación, ella se me
acercó y me quiso decir algo, mi dolor y
frustración eran tan grandes que allá prefirió callar y no me dijo nada, es muy
probable que quería darme la noticia de su embarazo, por eso nunca lo supe, de
lo contrario mi vida hubiera sido diferente, ahora me quedan muy pocos semanas
de existencia no puedo hacer nada, la vida y el tiempo van de la mano.
Mi recuperación fue lenta y dolorosa tuvieron que hacerme
tres operaciones para poder salvarme la pierna y caminar, sin embargo desde
este hospital comencé a enviarle a tu madre varias cartas, a la unidad donde
servimos juntos, las cartas venían de regreso, las cuales aún las conservo,
escribí a mi amigo Robert Moore Jefe del pabellón "C" y me dijo que
la habían transferido a otro campamento más hacia el Sur, escribí a ese
pabellón y las cartas continuaron llegando de regreso a mi cama de
convalecencia, escribí a la dirección de la casa de tu abuela en San José, te
lo juro que yo nunca la hubiera olvidado ni sabía que la había quedado
embarazada, más volví a saber de ella,
hasta que había perdido las esperanzas, te juro por mi Dios que todo esto es
verdad, jamás hubiera abandonado embarazada a la mujer que amaba tanto.
Tu madre había sido mi primer amor en mi vida, yo contaba
con veinte años, y ella veinte y tres, se juntaron nuestras juventudes
ardientes, nos cuidábamos y nos queríamos tanto, ella era para mi
122
todo, habíamos hecho planes para
cuando terminara la guerra, Deseo pedirte de corazón perdón, por no haber
estado contigo en tus momentos de alegría o de tristeza yo me imagino que la
presencia de un padre es indispensable, me perdí de las cosas más importantes
de tu vida, por favor pido tu perdón y comprensión con eso me basta, déjame
llevarme este último sueño. Mis ojos
se llenaron de lágrimas, quise extender mi mano, hacia ella, pero ella la
rechazó y con cara de enojo me dijo mire señor yo nunca tuve padre, al único
que reconozco como padre es al esposo actual de mi madre, se levantó
abruptamente del asiento agarró el folder con los documentos y salió del
cuarto.
Se fue a buscar en su oficina a su
supervisora, hablé con ella y le conté lo sucedido y le dije, no puedo seguir
llevándolo este caso, este hombre, quien dice ser mi padre, dejó a mi madre
embarazada y solo siento por el resentimiento, odio, ira, rencor, ¿no quisiera
ni verlo? no se? Nunca había sentido en mi vida tanto odio por una persona que
dice ser mi padre quien me ha dicho que guarda pruebas de las cartas que el
correo le regreso.
Su supervisora se sentó y con la
paciencia que tenía, le dijo: Merlín yo
sé lo que usted siente, debe ser terrible encontrarse con el hombre que
abandonó a tu madre embarazada, tienes que escuchar sus razones, recuerda que
este hombre está viviendo sus últimos días de su vida, probablemente él lo hizo sin culpa, tal vez
esta sea la única oportunidad de recuperar ese amor que no pudo darte de niña,
a este soldado le queda muy poco tiempo, déjalo que disfrute lo poco que le
queda, te lo ruego que continúes con el caso, recuerda esto " el que perdona con el corazón ,
disfruta más que el perdonado", él ya te explicó sus razones ahora te toca
a ti aceptarlas, para que no lleves cargando esta pena, como un lastre en tu
vida.
Con lágrimas en los ojos, abrazó a su
supervisora, le dio las gracias por haberla hecho recapacitar, y comprender que
nunca es tarde
para perdonar y recuperar lo que nunca se tuvo en la vida,
y que
123
aunque no sintiera amor, ni cariño por aquel hombre quién
estaba viviendo sus últimos días, por el amor que le tenía a su madre, le
dejara por lo menos se llevara ese último recuerdo.
Marlín atendió a su
próxima visita del paciente del cuarto 212 entró, le dio la mano le abrazó, y
comenzaron a platicar, aquella fue una conversación más triste y relajada que
la anterior. Comencé a contarle detalladamente lo que había sido su vida, y
cuanto había sufrido al no tener noticias de su madre.
Le escribí muchas cartas a tu madre,
traté de localizarla por muchos medios, estas cartas y recuerdos los tengo
guardados en mi casa y espero que pronto puedas leerlas.
Merlín aprovechó para contarle algunos detalles de su vida
privada, en la ciudad de Sacramento mi
madre y mi tía soltera, habían sido mi soporte en mi vida, la mayor parte del
tiempo de mi escuela elemental con costo miraba a mi madre por la mañana antes
que pasara el autobús de la escuela y
por las noches cuando ella regresaba de su turno de trabajo, mi tía trabajaba
en una floristería y solamente los fines de semana eran para mí los días
divertidos, salíamos a pasear juntas, íbamos a comer o nos llevábamos nuestras
bicicletas para ir a un parque, ya para esa época. Mi madre había conocido en
el mismo hospital en donde trabaja al que sería su esposo el doctor Marcus
Silverman un hombre soltero de la misma edad de mi madre, cariñoso y muy
responsable.
El doctor Marcus Silverman no solo vino a llenar el corazón
de mi madre, sino también, vino a darme el cariño y amor de un padre, siempre
está pendiente de su hogar, es un hombre trabajador y bueno, prácticamente es
mi padre sustituto a él le debo lo que soy. Con el esfuerzo y ayuda de mi
padrastro y mi madre, logré terminar mi secundaria y después la universidad
para seguir la carrera de trabajadora social, la cual ejerzo ahora, mi tía que
nos ayudó ya está un poco mayor me comunico con ella también con cierta
regularidad.
Sabes Marlín, no sé si esto que te
pido está en tus manos, antes de despedirme de este mundo, quisiera llevarme el
perdón y un último saludo de tu madre Janet, quizás si tú le explicas ella
entendería mejor las razones de mi ausencia en su vida, dile que me llevo sus
recuerdos y que me siento muy contento que haya encontrado un amor su vida.
Bueno Frederick trataré de hablar con ella para convencerla, lo intentaré, no
puedo prometértelo, pero segura que ella no quiere saber nada de su pasado.
Tal a como lo había prometido Marlín, le llamó por teléfono
a su madre, contándole todo lo que Frederick le había relatado sobre el gran
amor que había existido entre ellos durante la Guerra de Vietnam, ella se
sorprendió y le dijo que no quería saber de aquel hombre que la había dejado
embarazada en aquel país lejano.
además dile que estoy casada con
familia, Marcus es un hombre maravilloso el amor de mi vida, juntos hemos
sacado adelante nuestro hogar, no quiero ni mencionarlo, no voy a poner en
riesgo mi matrimonio, nos quiere mucho,
me hizo olvidarme del pasado
brindándonos cariño respeto y amor, ni se me ocurre decirle a él que voy a ir a
los Ángeles a ver al hospital al hombre que me dejó embarazada, y que nunca me
envió una carta, enséñale una foto mía y de mi familia, dile que estoy feliz
con mi matrimonio y mi familia, que lo perdono por el daño que nos hizo, pero
no puedo llegar a verlo, nuestro amor murió hace tiempo, quedó enterrado en el
Vietnam, perdóname hija pero lo que me pides no lo puedo hacer, madre trata de
hablar con Marcus él es un hombre comprensivo y muy cristiano,---- si le
cuentas la verdad estoy segura que te permitirá que lo veas,---- no se voy a
pensar respondió Janet.
Madre te aclaro que mi encuentro con él fue de pura
casualidad, el hospital de veteranos me pidió que me hiciera cargo de este caso
para la formalización de sus documentos ya que él no tiene familia, desde mi
primera visita en una ligera conversación que tuvimos, descubrió que yo era su
hija no solo por el gran parecido cuando tú eras joven, sino cuando le conté
que tu habías servido en la 23 División de infantería en el área de enfermería.
Actualmente el está viviendo sus últimos días, está en fase final de un cáncer
mortal del colon y el médico que lo atiende sabe que no le queda tiempo.
Como prueba del amor que tuvo hacia ti, el guarda todos las
cartas que le regresó el correo así como, una pañoleta de ceda de colores que
tú le distes así como las cartas que le regreso el correo, no las he leído son
privadas hacia ti, me dijo que las escribió, mientras él estaba en el hospital
recuperándose de las operaciones de la pierna, escribió a varios lugares
tratando de localizarte, pero ya nos habíamos movido a Sacramento, créeme él
nunca te olvidó, se nota en su sinceridad, me contó que tú nunca le dijiste de tu embarazo, sino
me dijo con lágrimas que hubiera preferido que le amputaran su pierna para
quedarse contigo en el Vietnam, pero el destino así lo quiso.
Al comienzo cuando el descubrió que yo era su hija, le tuve
odio, ira, rencor, pero sus palabras y su sinceridad me convencieron, y mi
corazón me hizo cambiar, yo lo he perdonado. Madre yo sé que tu tienes
tus razones las cuales respeto. Por favor cuéntale a Marcus que he encontrado a
mi padre biológico estoy segura de que nada cambiará hacia él, ha sido mi
verdadero padre y mi cariño hacia el nadie me lo quitará, él me quiere como a
su hija y lo seguiré queriendo.
Al día siguiente Marlín fue a ver a Frederick, y le dije
directamente, mi madre no quiere visitarte, a pesar de que le rogué y le conté
de tus cartas devueltas por el correo, me dijo que te perdonaba, pero que no
quiere arriesgar su matrimonio actual, por un pasado que para ella ya no
existe, un par de lágrimas rodaron por sus enflaquecidas
mejillas, y me dijo: gracias, Marlín por tratar de
convencerla, yo la comprendo, pero con este gran regalo que me has dado en mi
vida, creo que ahora si podré irme tranquilo.
Bueno ahora que ya sabes que mi madre
no vendrá, aprovecharé el tiempo para sentarme a completar estos documentos
faltantes, tengo que enviar a las oficinas del ejército en los Ángeles, así
como otros documentos importantes que el gobierno de los Estados
Unidos de Norteamérica requiere.
Bueno Frederick como no tienes familiares------ a quién has decidido, heredar tus bienes ?, ------- sí respondió
Frederick, ya lo pensado muy bien, a ti te dejaré el 50 % de mis bienes que
poseo, ya que deseo resarcir parcialmente el daño que te hice, por no haber
estado en los momentos más importantes de tu vida, pero no se puede luchar
contra el destino, el otro 50% de mi
herencia se lo dejo a mi amiga y protectora de toda la vida la Señora Michelle
Dickson por estar siempre a mi lado en todos los momentos más difíciles de mi
vida , desde que murió mi madre. Perdóname son las únicas personas a quienes
quiero dejar lo poco que tengo.
Marlín se quedó unos minutos
pensativa y le dijo, no tienes por qué dejarme nada, este encuentro fue una
gran casualidad de la vida, yo te he perdonado, tus palabras sinceras me han
convencido, sin embargo, lo aceptaré por el gran amor que tuviste hacia mi
madre, nunca soñé con conocer a mi padre biológico.
El jueves por la tarde de la próxima
semana tengo arreglado con el notario público para que realizar la declaración
de tus bienes, tiene que llamar a la Señora Dickson, para que esté presente,
ella tiene que firmar los documentos, yo me encargo de eso.
Me voy por tengo otros casos que
resolver, nos vemos dentro de dos días, despidiéndose de el con un abrazo y un
beso de padre. Pidió a una de las enfermeras que le marcara el número de la
señora Dickson, habló con ella y le dijo si podía llegar.
127
No quise darle explicaciones, solo le dije me urge que
mañana venga al hospital.
Al día siguiente temprano la señora Dickson, estaba
llegando al hospital, después de
saludarle con un abrazo le dije que si podía llegar el jueves por la tarde de
la próxima semana, ya que vendrá el notario público y mi hija Marlín, el asunto
es sencillo, ellos vienen a formalizar los documentos legales de mi herencia,
como usted sabe no tengo herederos a quien dejarle mis bienes, mi casa y mis
ahorros del banco, la única familia que tengo es mi hija que acabo de conocer y
he considerado justo en dejarle el
50% de mis bienes para resarcir el daño
que le hice, por no haber estado a su lado en los momentos más difíciles de su
vida, en donde un padre siempre hace falta, aunque ella me ha contado que su
padre adoptivo con quien Janet se casó la quiere como a una hija llenando la
falta de un padre, usted es testigo de la gran cantidad de cartas que le envíe
y que el correo me devolvió, yo ni siquiera sabía del embarazo de su madre
Janet, ella ya ha aceptado mi decisión. El otro 50% he decidido dejárselo a
usted en agradecimiento por el cariño incondicional y poyo que me ha dado desde
la muerte de mi madre, usted ha sido mi mano derecha, mi consuelo, mi ángel en
los momentos más difíciles de mi vida, dándome el amor y cariño de una madre,
así es que en agradecimiento por favor acepte esta herencia.
De no ser así el estado se quedaría
con mi casa y mis bienes en notario y mi hija que llevan el caso, llegarán el jueves
a las dos de la tarde para la firma de los documentos.
La señora Dickson se quedó un rato
pensativa y me dijo hijo no tenías que hacer esto ya que acabas de conocer a tu
hija le hubieras dejado a ella tu herencia completa, no respondí nadie mejor
que usted se merece esto y más, está bien respondió la señora Dickson, por el
amor que te tengo y el recuerdo de tu querida madre, la cual quise como una
hermana lo aceptaré, levantándose de su asiento
fue a la cama a donde estaba Frederick y en señal de
aceptación y
128
agradecimiento le dio un abrazo, un par de lágrimas
brotaron de los ojos de Frederick y de aquella persona noble que había cuidado
de Frederick como a un hijo.
Solo deseo pedirle un gran favor no se olvide de cuidar a
mi Saigón, usted sabe el cariño que guardo a esta mascota que fue mi única
compañía en mi soledad, no se preocupe Frederick el está siendo bien cuidado ,
mi hija Fanny se ha encariñado tanto de el que hasta duerme con él en su cama,
gracias señora Dickson eso me llena el corazón de alegría al saber que deje a
mi Saigón en la mejores manos .
Esa misma tarde se apareció Marlín, traía una cara de
felicidad, Frederick te traigo buenas noticias, mi madre habló con su esposo el
doctor Silverman y después de escuchar tu historia, accedió para que su esposa Janet venga el
próximo sábado a saludarte, ella llegara
temprano, el rostro de Frederick
notaba una gran satisfacción, le dio un abrazo a su hija Marlín y le
dijo, solo con tu ayuda podría haber logrado esto, parece que Dios ha venido a
poner mis cosas en orden antes de mi partida, gracias hija.
Marlín quiero pedirte otro gran favor, antes que tu madre
Janet venga al hospital el próximo sábado deseo que vayas a mi casa y en un mueble
que está en mi cuarto, vas a encontrar sobre él una pequeña caja de madera, en
donde tengo guardadas todas las cartas que me llegaron de regreso del correo,
una pañoleta que tu madre me dio y que
siempre la llevé en mi cuello en los momentos más difíciles de la guerra así
como mis medallas ganadas en combate. Deseo que tu querida madre Janet sepa a
través de estas cartas, que nunca dejé de pensar en ella y del gran amor que le
tuve, el cual no pudo concretarse por razones fuera de mi voluntad, quiero
pedirte un favor que vayas con ella y lean mis cartas, aquí están las llaves de
mi casa y esta es la dirección. El sábado muy temprano cumpliendo los deseos de
su padre genético, Janet y Marlín se dirigieron a la casa de Frederick,
encontraron la
129
caja que el sitio que él decía y se pasaron un buen rato
leyendo aquellas cartas de amor hacia mi madre, con frases sencillas y sinceras
salidas del corazón, cartas de desesperación y de angustia escritas por un
hombre luchando por su vida en un hospital. Las lágrimas de Janet y de su hija
Marlín rodaron por sus sonrojadas mejillas, se habían convenció que aquel amor
entre su madre y aquel soldado ya olvidado de sus vidas había sido sincero, en
aquellas cartas decían la realidad que había salido de un amor verdadero entre
dos jóvenes que se amaron durante la guerra.
Ese mismo sábado por la tarde, hacían su presencia al
cuarto 212 del hospital de veteranos, su recordada Janet y su hija Marlín Biltmore, todos se
fundieron en un profundo abrazo, Frederick, aquel hombre al borde la muerte
sentía que su corazón se le salía del pecho, por un largo momento nos abrazamos
y en un profundo sollozo les dije, en rostro miro que han leído las cartas,
dirigiéndose a ellas les preguntó,---- no sé si te molesta Janet que a ti te
llame "mi mariposa amarilla" y a ti Marlín mi hija, agregando, yo sé
que ya no podré llenar ese vacío que deje en sus vidas, pero en esas cartas
esta es la prueba del amor que tuve hacia tu madre. Se sentaron y comenzaron a
traer aquellos recuerdos olvidados todos ellos tenían mucho que contar de sus
vidas, vicisitudes, alegrías y penas que la vida y el tiempo les habían robado.
Frederick dijo es para mí una gran pena que al final de mi
vida haya venido a encontrarme con mi pasado que había olvidado, sin embargo
les confieso, que este ha sido el mejor de mis días, nunca me imaginé que el
Señor me tenía preparado el mejor de los regalos al final de mi existencia,
estamos ya en otoño, los mejores recuerdos de mi vida parecen haberse grabado
en esta fecha, así es el destino, nunca sabemos el desenlace de nuestras vidas
hasta que estamos llegando al final, no me puedo quejar, creo que ahora si me
podré ir tranquilo, como aquellas gaviotas a quienes daba de comer y sabían que
ya se había terminado el pan cuando me
130
miraban abandonar aquella banca del parque frente al
puerto, acompañado de mi fiel perro Saigón.
dirigiéndose a Marlín dijo: tu adorada madre a pesar de los
años conservaba su rostro fresco, como cuando la conocí, yo ya estoy envejecido
y flaco por las penas y mi soledad, así como esta enfermedad me han vencido.
Deseo pedirles el último favor,
quiero que Janet, se lleve las cartas que esta mañana leyeron así como la
pañoleta que con tanto amor me distes antes de partir a mi última batalla, y a
ti Marlín deseo que guardes mis medallas ganadas en combate, que están en la
misma, caja por favor no las botes para que el día que tengas un hijo le
cuentes la historia de un abuelo, que valientemente había ido a la guerra
defendiendo su país y al cual venistes a
conocer al final de su vida.
Janet y Marlín antes de dejar el
cuarto le dieron un fuerte abrazo el volvió a sentir en su pecho aquel calor
que sentía cuando eran jóvenes. Madre e hija dejaron el cuarto con la promesa
que regresarían al siguiente día, dejando a Frederick con sus ojos humedecidos.
Aquella noche Frederick pude dormir tranquilo, sentía que aquel perdón y abrazo
habían removido de mi cuerpo y mi alma ese lastre que por años venía cargando
de mi vida. Le agradecí a Dios por haberme regalado, aunque fuera al final de
mi vida aquel encuentro, con el amor de mi juventud mi "mariposa amarilla
", que había olvidado a través de los años y a mi hija Marlín quien por
cosas del destino la vine a conocer al final de mi camino.
Tal a como habían acordado el jueves a las dos de la tarde
se apareció Marlín con el notario público para llevar a efecto la declaración
de bienes de su testamento, a través del cual Frederick Jones heredaba por
partes iguales, todos sus bienes e inmuebles a su hija Marlín Biltmore y a su
querida amiga de toda su vida y protectora señora, Michelle Dickson.
131
Una vez terminado de firmar los
documentos, el notario, su hija Marlín y la señora Dickson, se retiraron para
que Frederic tomara un descanso.
Hacía seis semanas el otoño había llegado, pronto, se
acercaba mi cumpleaños, aquel día en la ventana del cuarto 212 que daba al
costado del hospital de veteranos, seguía Frederick observando como aquél
hermoso álamo continuaba despojándose de su ropaje amarillo, cuyas hojas continuaban
cayendo, dejando un colchón de hojarascas en el suelo que el viento suavemente.
Pronto llegaría el frio acompañado de la navidad, yo sabía que no llegaría a la próxima
estación, los médicos me habían dado pocas semanas de existencia, cada día que
pasaba, mi pulso se iba debilitando rápidamente, los días pasaron, a pesar de
su enfermedad, su memoria aún recordaba que los mayores acontecimientos de su
vida se habían dado durante otoño, su nacimiento, la partida a la guerra en el
portaviones Princeton, el día que su adorada Janet había aceptado su primer
beso y así a través de aquella ventana, las hojas siguen cayendo en silencio,
Frederick continuaba con su mirada fija a la ventana como despidiéndose de
aquel otoño.
Un el día de su cumpleaños Marlín llegó temprano con un
pastel porque sabía que el 20 de octubre su padre genético Frederick, con quién
ya se había encariñado cumpliría sus 55 años.
Al llegar vio movimiento en el cuarto 212, las enfermeras y
un médico estaban en el cuarto, una de las enfermeras me dijo, lo
sentimos, no podemos dejarla entrar por
ahora, él ya nos dejó, vamos a sacarlo para llevarlo al área de preparación,
aquella mañana al romper el alba,
Frederick Jones, había partido de este mundo, sus ojos ya sin vida quedaron
mirando fijamente hacia la ventana probablemente, viendo caer las
hojas amarillas del hermoso árbol, en aquél otoño.
132
Su rostro lucía tranquilo, quizás porque la vida le había
guardado a su final el mejor de los regalos, el perdón y los mejores abrazos de
su vida, el de su primer amor de su juventud Janet, y el de hija Marlín a quién
por circunstancias de la vida conoció en el último otoño de su vida.
A los dos días en el cementerio a lado de la sepultura de
sus padres y de Susana Martel, el ataúd que contenía los restos del teniente
Frederick Jones, vestido con su traje militar recibía los honores del ejército,
el féretro cubierto por la bandera de los Estados Unidos fue retirada del
féretro, los soldados la doblaron y se la entregaron a su hija Marlín Biltmore
mientras bajaba a su morada final, un cornetero del ejército entonaba el
lúgubre sonido del "silencio", acompañado de disparos de salvas al
aire, eran los honores para aquél
valiente soldado que había servido a la patria.
En la ceremonia estaban presentes, su primer amor de
juventud Janet Biltmore y su esposo el doctor Marcus Silverman, su hija Marlín,
su querida amiga y protectora de toda su vida Michael Dickson con su familia, y
su perro Saigón quien le había acompañado durante sus últimos años de vida.
A los dos años Marlín de casó, tuvo
un hijo varón al que bautizó con el nombre de Frederick en memoria de su padre
genético. Cuando el niño ya tenía uso de razón, le contó la historia de aquel
soldado llamado Frederick Jones, quien, en su juventud, amó y conoció a su
abuela Janet en tiempos de la guerra del Vietnam y que por razones del destino
nunca más supo de ella.
Le enseñó las medallas ganadas por su
abuelo Frederick, así como las de su bisabuelo Rick Jones, quien había peleado
en la segunda guerra mundial, Marlín llevó al pequeño Frederick a visitar la
tumba de su abuelo, al cual había conocido hacia ocho años en aquel otoño.

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