APUNTES DE FRANCISCO ORTEGA ARANCIBIA
Así terminó este peligroso percance, y los indios en la noche desocuparon la ciudad y se fueron para Rivas, en donde había muchas calandracas en los- barrios y pueblos contándose entre el partido gente rica y principal, como el Licenciado Tijerino, Rosa Pérez, el gato Hurtado, el General Espinosa, los Abarca, Cantón y los de San Jorge, los Acosta, Coronados, Campos.
Estaban las masas desbordadas, se insurreccionaron, y rodearon la ciudad guardada por veteranos, que comandaba el valiente Capitán Fermín Martínez, quien se sostuvo en el cuartel por algunos días, hasta que Marenco y Lugo, granadinos ilustrados, llegaron con Bernabé Somoza, a quien fueron a sacar de su hacienda de Jinotepe.
Somoza, fino y agradable en su estado normal, se tornaba feroz en estado de embriaguez.
Era necesario tomar por asalto la plaza de Rivas, antes que llegara el General Muñoz a atacarlo en campo raso, y dispuso que se le dieran diez cazadores, de los negros de los Cerros que vivían. de la caza.
El Coronel Fermín Martínez dispuso su salida rumbo a Granada, adonde había llegado el General Muñoz con sus veteranos; y al salir montado en su yegua tordilla blanca cayó muerto por una bala disparada por un negro de los cazadores de los cerros. Los veteranos huyeron, y la ciudad de Rivas quedó en poder de Somoza' y los más importantes hombres del liberalismo calandraca.
La batalla se libró en regla: el valor y arrojo de Somoza y sus subordinados se pusieron a la altura del denuedo de sus adversarios. Les cobró coraje en la pelea, y sólo pudieron sucumbir a la pericia militar de Muñoz, que adjudicó la victoria a liberales y conservadores que siendo leoneses y granadinos, se unieron por una evolución política del sabio y talentoso Director Norberto Ramírez para combatir una fracción del partido liberal calandraca.
A una casa particular llegó con su fuerza y desmontó con sus ayudantes, entró y sentado en una hamaca conversando con el dueño de la casa, le habló de Somoza y de la misión que llevaba. Al oírlo Somoza queestaba en el aposento abrió la puerta presentándose a Chamorro, quien empuñando la lanza que tenía sobre sus piernas: se levantó, como movido por un resorte, lanza en ristre.
Frío Somoza e imperturbable le dijo, presentándole su espada: «No, indio; mis armas no hieren a Fruto: soy tu prisionero». ¡Lo tuteaba! i Error! Ya eran otras las circunstancias.
Con anticipación de seis horas que intencionalmente se demoró la salida del doctor con sus aprehensores, un correo violento había salido para Rivas, por camino más corto que el que debían llevar los soldados a pie que lo custodiaban, para informar al General Muñoz de lo sucedido; por manera que este jefe recibió el correo antes de llegar el Doctor a Granada, y tan luego se informó de esto, hizo que un ayudante suyo se adelantase, con un pliego para el Gobernador, en que le ordenaba: que el Dr. Cortés debía permanecer en dicha ciudad hasta su próxima llegada.
EPISODIOS
DE LA GUERRA DE WALKER
https://www.enriquebolanos.org/media/archivo/CCBA%20-%20SERIE%20HISTORICA%20-%2006%20-%2004.pdf
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EL ÚNICO TESORO DE
WALKER QUE SE CONOCE ES SU VIEJA PISTOLA.
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UNA HISTÓRICA PISTOLA
QUE TIENE TALLADO SU NOMBRE «WILLIAM WALKER» EN EL INTERIOR DE LA CULATA DE
MARFIL. |
Estábamos a doce o dieciséis metros
de San Úrsula, y me informó que el enemigo la atacó por dentro del lado de la
casa de Espinosa, y que Francisco Leal había muerto en la avanzada, pero que a
su vez había matado a su agresor; que los cadáveres que se, divisaban en la grada de la puerta verde,
cerca de donde estaba el enemigo, eran los del joven Francisco Elizondo y el
sargento.
La casa que ocupaba Walker era la última de la manzana con casas; la siguiente al este, era larga, desierta, sin casas _ni cercas, cubierta de yerbas y árboles de higuera, al término de la cual, había una tapia de adobes, con unas troneras bajas, que yo conocía bien; y tomé cuatro soldados y un cabo y los llevé.
Al llegar a la esquina que debía atravesar, me encontré con que don Evaristo Carazo, Chamarra, Gottel y otros amigos estaban allí, cubiertos con las paredes de la esquina; les dije mi objeto y me atravesé rápido cubriendo a los soldados con mi caballo.
Los coloqué en las troneras, de las cuales comenzaron a hacer fuego; al regresar, Carazo y los otros amigos me advirtieron con interés el peligro, y que me atravesara corriendo; así lo hice, pero fijándome mucho hacia el punto de donde me hicieron los disparos de las balas, pues pasaron silbando: dos brazos desnudos habían salido por la ventana de la casa de Cubero, que estaba al frente de la que ocupaban los yankees.
No cabía duda, aquellos eran cazadores que nos habían asesinado a tantos hombres. Se lo expliqué a aquellos amigos y estuvimos de acuerdo en que se les debía quitar la casa a todo trance, porque sin esa atalaya no se podrían sostener en la casa de Espinosa, porque de allí se les atacaría de flanco, y de las claraboyas de la tapia, de frente, dejándoles libre el otro flanco; para quitarnos de encima los rifles de precisión y los cazadores, nos vinimos todos para donde don Eduardo, quien estando de acuerdo nos acompañó al lugar por donde debía darse el asalto de la casa de Cubero.
Se peleaba bajo la lluvia; el terreno del intermedio que dividía las calles en que estaba la casa de Espinosa de la en que estábamos era quebrado, de manera que no nos veíamos los unos a los otros, estando fuera de la visual de los cazadores.
Para la operación bastaban seis hombres de tropa, comandados por un oficial brioso y resuelto: se presentó un joven Castillo, sobrino de don Eduardo, pero pareció conveniente llamarles le atención por el occidente, al tiempo del asalto, y se le mandó un ayudante al Capitán Argüello con este objeto; pero el ayudante lo halló aun pensando en su máxima de Napoleón; y el joven Castillo, entendido de las instrucciones del caso, partió cubierto por la vegetación, hasta unas cinco varas distante del corredor_ de la casa; les hicieron una descarga de fusilería y ellos huyeron, dando nuestra tropa un viva atronador, viva que se repitió en todos los puestos ocupados por los nuestros en la ciudad y se reforzó con más tropa la casa de Cubero.
La atalaya estaba en nuestro poder y Walker perdido. Una lanza con una manta amarrada cerca de un extremo que el joven Mongalo, entrando por dentro del corredor de la casa vecina de la que ocupaban los aventureros, prendió empapada en petróleo, incendió las soleras y las cañas del techo, pasándose las llamas a la casa de Espinosa, que pronto quedó toda ardiendo, y los filibusteros la abandonaron, huyendo por el lado noreste; y los vencedores los persiguieron hasta el cerco de alambre de una hacienda de cacao inmediata.
Al grito de ¡victoria! ocurrió todo el mundo a la casa de Espinosa; se agrupaba mucha gente en torno de un objeto que se disputaban varios. Al acercarse el autor al grupo, se encontró con el objetivo de la disputa: era una caja barnizada que pesaba mucho, y suponían que contuviera plata u oro; pero habiéndola roto por una esquina con una cutacha vieron que estaba llena de paquetes de tiros de rifle; me la mostraron, y la hice conducir a mi ofÍciná de la Mayoría, junto con una valija o papelera que tenía la marca de William Walker y que también habían roto los soldados.
Con don Eduardo, don Evaristo y otros amigos, examiné el contenido de la papelera: los objetos más importantes eran los documentos siguientes, y que leímos en voz alta: 19, el contrato que Byron Cole había celebrado con don Pablo Carbajal, representante del Gobierno provisorio de la revolución de Nicaragua, fué firmada en Nacaome el 2 de diciembre de 1854, adonde Castellón había mandado a Carbajal, por insinuación del General Cabañas, Presidente de Honduras. Cosa especial, Cabañas había mandado en auxilio de Castellón al General Antonio Ruiz, con una columna bien equipada, la cual fué derrotada en Jinotega, el mismo día 2 de diciembre en que se firmó dicho contrato en Nacaome; ¡coincidencia!; 2º, el traspaso del contrato a Walker; 3º, la nota rara de Castellón, contestando el aviso del arribo de éste al Realejo en el bergantín Vesta, y llamándole que pasase a León; 4º, un decreto concediéndole la Ciudadanía de Nicaragua; 5º, otro decreto nombrándole Coronel del ejército de Nicaragua y primer jefe de la columna democrática expedicionaria por el Departamento de Rivas; una nota en que le transcribe el decreto, por el cual nombra al General Espinosa, Prefecto y Gobernador del Departamento meridional, con facultades del Ejecutivo en materia de hacienda y.guerra; y 7º, un talonario de los títulos de propiedad de sesenta caballerías de tierra en el lugar que escogieran para formar una colonia. De estos talonarios tomó el autor unos ejemplares y los mandó a sus hermanos y algunos amigos de Masaya, para que los conservaran como recuerdo de la acción ganada por los nicaragüenses a los filibusteros· de William Walker el 29 de junio de 1855.
Hubo en esta acción algunos episodios que, aunque se refieran a hechos personales, contienen rasgos que sirven para el esbozo de algunas fisonomías de esa época y deben ser referidos.
William Walker no portaba su espada al cinto, ésta la llevaba su ayudante, a quien en: la carrera se le pegaron las cadenas que le servían de tiro en las púas del alambre con que estaba cercada la hacienda por donde iban huyendo, y la recogió el sargento Sandoval que iba persiguiéndolos.
El sargento se presentó a la Mayoría demandando al Coronel Borque,
porque le había quitado la espada alegando derecho a ella, porque siendo Walker
Coronel, y Borque también Coronel, a él le correspondía. El autor hizo venir la
espada a su oficina, la vaina era de acero y tenía grabado el nombre de William
Walker en metal amarillo; la faja tenía galón del mismo color, y los tiros eran
de metal galvanizado, dando a todo el color de oro.
Los soldados que acompañaron al sargento Sandoval en la persecución de los filibusteros fueron testigos presenciales del hecho, y con ellos probó Sandoval su aserto.
La justicia estaba clara y el Mayor se dispuso a fallar que Borque diese la espada a Sandoval, pero quise ponerme de acuerdo con el Gobernador Militar, Eduardo Castillo; se habló con él, y estuvo de acuerdo; pero observando que Borque había dado sus servicios a la causa que defendíamos no siendo del país, él creía que debíamos hacer una transacción, por la cual Borque diera su espada a
Sandoval, y éste cediera, recibiendo en compensación diez pesos, de los
cuales el Gobernador daba seis y el mayor cuatro; y así se hizo, convenciendo a
Sandoval de que las cadenas no eran de oro, sino de metal, y ambos quedaron
contentos.
Borque se fué con Argüello a Granada donde contaba que él había matado a Walker brazo a brazo y le había quitado la espada; y mostraba a todos el nombre William Walker grabado en la vaina con metal amarillo, y que él decía ser de oro.
En la charla no le iba en zaga el Capitán Argüello, refiriendo que todos Jos muertos nuestros habían recibido los balazos en los ojos y en la cabeza, ponderando la puntería de los yankees, lo cual aumentaba el peligro que había arrostrado por adquirir la victoria que él se atribuía en primer término; ambos obtuvieron ascensos; Borque de Coronel efectivo, Argüello el de Teniente Coronel.
Otro episodio: don Juan Ruiz, hombre de edad avanzada, y más legitimista que un Chamorro, había llegado como delegado del Ejecutivo; y aunque no salió de su casa, estaba sabiendo todo lo que acontecía eL no salió de su casa, estaba sabiendo todo lo que acontecía. A él, pues, le presentaron un joven al viejano, de los que llegaron con Walker, y lo había mandado fusilar, sin más trámite que la pronta ejecución, según lo prevenido por el decreto de 2 de mayo de 1854, dado por don Fruto.
William Walker había dado orden al Capitán del buque Vesta) que fuese a andar en el puerto de San Juan del Sur; y derrotado llegó a este puerto, y se reembarcó con el resto de su tropa, que había incendiado el edificio de la aduana; y se dijo que en alta mar había fusilado al autor del incendio.
Cuando regresó al Realejo, se mostró colérico, atribuyendo su derrota al cuerpo ,de los soldados del país, que el General Muñoz le había dado para la expedición de Rivas.
A los pocos días del regreso de Walker a Chinandega, tuvo lugar la trascendental batalla del Sauce; que ganó a Guardiola el General 'Muñoz; pero perdió éste la vida por un balazo, que según varios datos, recibió por detrás; y esta circunstancia hace creer que fué asesinado por alguien que mandó cometer el crimen; la opinión varió mucho acerca de quién había mandado al asesino. '
¿A quién estorbaba Muñoz?
¿Quién era el que se exhibía más enojado con él? Muñoz era en realidad un obstáculo, y gran obstáculo para Walker. Era Muñoz el militar más capaz en todo sentido, para oponerse con éxito a la realización, de sus vastos planes de dominación absoluta de Nicaragua y Centro América. No está, pues, fuera de la lógica la opinión de que Muñoz sucumbió en el Cauce al golpe de una venganza, hija de la derrota de Rivas, de la rivalidad y de la ambición filibustera, recién importada de California en el Vesta.
Muñoz estaba seguro de derrotar a Guardiola, así como esperaba que Walker sería también derrotado; y pensaba contramarchar después de su victoria, comunicarla á Managua y llegar sin perder tiempo a unirse con el General Corral, y formar los dos un solo Gobierno, conforme el proyecto de Chinandega, 'y hacer cesar en el país la sangrienta guerra que estaba arruinando a Nicaragua; pero, por desgracia, la muerte de Muñoz frustró los filantrópicos propósitos, la ansiada esperanza del patriotismo.
El General Muñoz recibió el balazo al terminar la acción, y sus ayudantes lo sacaron del Sauce, sin que la tropa se apercibiese -de nada; caminaron rumbo' a León, hasta llegar al Guacucal, en donde murió.
La funesta noticia de tan costosa victoria llegó a la· Metrópoli pocas
horas antes de que el cañón anunciase la infausta nueva de que el cadáver del
héroe se acercaba.
Todo León se había conmovido, y se agolpaba a la calle por donde debía de entrar, llevando en sus manos coronas y laureles.
RIVENSES DESCENDIENTES DE WILLIAM WALKER
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Fotografía del hijo de William Walker |
De la relación con RICARDA CERDA, natural de Rivas,
Nicaragua, nació PÍO CERDA WALKER, éste a su vez, vivió en Nicaragua y procreó
con RAFAELA CASTILLO al nieto de William Walker, de nombre RAFAEL CASTILLO
CERDA. El biznieto nicaragüense nació de
la relación sostenida entre RAFAEL y RAFAELA BUSTOS, quienes engendraron al
tataranieto ALBERTO SIMÓN BUSTOS CASTILLO, de ahí nació el trastaranieto
bautizado con el nombre de JULIO BUSTOS,



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