Pintura del encuentro entre Gil Gonzáles y el Cacique Nicaraghuac

Pintura del encuentro entre Gil Gonzáles y el Cacique Nicaraghuac
Pintura de Juan Fuchs, un artista con alma nicaragüense "El encuentro entre Gil Gonzáles y el Cacique Nicaragua"

sábado, 22 de abril de 2023

INOLVIDABLES VISITANTES AL ISTMO RIVENSE





FRAY FRANCISCO DE BOBADILLA EN LA TIERRA DE LOS NICARAOS

En su visita al Istmo de Rivas (antiguamente Nicaragua) fue un hecho
relevante e Histórico un segundo diálogo con los Caciques, en el que
bautizó a treinta mil indios en nueve días, e hizo construir la iglesia de Nuestra Señora de la Merced en 1528, al día siguiente el padre Francisco de Bobadilla, provincial de la orden nuestra señora de la Merced, hizo llevar una devota imagen de nuestra señora a la iglesia nueva de Santa María y de la la puso sobre el altar, " le dijo a los indios como era la imagen de la madre de Dios y que ahí, debían de ir hacer oración. Que la tuvieran limpia y barrida y que se encomendaran a Dios y a su gloriosa Madre como buenos Cristianos" eso cuenta el cronista de indias Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez sobra la Iglesia la Merced de San Jorge Oviedo señala que el Viernes, dos de Octubre de 1528, el padre Bobadilla y los Españoles que ahí se encontraban salieron en procesión, junto con los Caciques, los indios y las indias estos últimos cargaron sus ídolos.
El padre Francisco de Bobadilla fue mandado al Istmo rivense por conquistador Pedrarias Dávila en su afán de mantener el poder y acrecentar el territorio, y para viciar el Dialogo que el descubridor de la mar del Sur (Cocibolca) Gil González Dávila hizo con el Cacique Nicaragua como lo refiere Fernández de Ovidio: El cruel Conquistador Pedrarias Dávila, hizo historia mientras marchaba por la vida cortando cabezas, encarcelando a sus enemigos, matando y esclavizando indios, y abusando del poder en su propio beneficio, para acumular una inmensa fortuna.
por eso resultó antipático a casi todos los cronistas, Gonzalo Fernández de Oviedo, que le trató largamente, y con el que tuvo varios diferendos, le consideró un modelo de vicios, una verdadera maldición para sus gobernados y hasta el presunto inductor de un intento de asesinato contra su persona.
Para dar mayor fuerza a sus derechos de conquista, encargó a un pariente de su mujer, el mercedario fray Francisco de Bobadilla, que llevara a cabo la pesquisa e información sobre las creencias de los nicaraos.
Su intención era mostrar que, ni al tiempo de la entrada de Gil González Dávila ni después durante las estancias de Francisco Hernández de Córdoba y de Diego López de Salcedo, había habido en realidad acción misionera digna de tal nombre ni mucho menos las supuestas conversiones de millares de indígenas.
Bobadilla, como escribe Fernández de Oviedo, aceptó de muy buena voluntad este encargo, así por complacer al gobernador como porque él pensaba servir a Dios en ello y echar cargo al Emperador, Nuestro Señor, e hacer de más propósito cristianos todos los indios que pudiese atraer al camino de la verdad para que se salvasen.
Gonzalo Fernández de Oviedo incluyó esta información en su Historia, debió de haberla conocido, bien sea por haber obtenido una copia o traslado de ella del mismo fraile Bobadilla con el que convivió en Nicaragua, o bien porque, de un modo o de otro, le fue proporcionada durante alguna de sus varias estancias en España. Le fue posible incorporar así esos importantes testimonios con los materiales que, por cuenta propia, había recogido él entre los nicaraos.
Saliendo de la Villa de León, donde se encontraba, se dirigió a la tierra de los nicaraos para comenzar su trabajo en el pueblo indígena de Teoca, jurisdicción de la Villa de Granada. Consigo llevó a los intérpretes Luis Dávila, Francisco Ortiz y Francisco de Arcos, así como al escribano público Bartolomé Pérez, los cuales, previamente juramentados, se dispusieron a auxiliar en su tarea a Bobadilla. En su visita que consistió en proponer una serie de preguntas a un buen número de caciques y anciano notara desde un principio, a propósito de las lenguas que allí se hablaban, que "la principal es la que llaman de Nicaragua y es la mesma que hablan en México o en la Nueva España .


Los diálogos entre Fray Francisco de Bobadilla y algunos indios ordenados por Pedrarias Dávila con el objeto de averiguar cuántos cristianos habían antes de su llegada (y qué pensaban y sentían de Dios y la inmortalidad del alma) y adquirir una información, si no completa, al menos veraz de las creencias, titos y ceremonias de nuestros indios.
El primer entrevistado por el padre mercedario fue el cacique Chicayatonal* a quien bautizó y llamó Alonso de Herrera Luego interrogó a Miseyboy, cacique a quien antes le habían echado agua en la cabeza, pero olvidaba su nombre Después conversó con el cacique Avagoaltegoan, llamado Francisco; con Tacoteyda, sacerdote de sesenta años; y Coyevet, indio viejo de ochenta años A estas preguntas, que duraron diez días, estuvieron presentes el clérigo Diego de Escobal, el capitán Johan Gil de Montenegro y Alonso de Herrera Dávila, además de los intérpretes El misionero, posteriormente, cambió de táctica en su encuesta: reunió a trece caciques y sacerdotes e hizo sus preguntas que fueron ampliamente contestadas Oviedo cuenta que, recién llegado el padre Bobadilla, llovió cinco días seguidos en la provincia, lo que impresionó a los indios, pues venían sufriendo una sequía.

Los Nicaraos Tenían sus casas de oración a quien llaman Orchilobos, como en la Nueva España ... " y asimismo la respuesta del grupo nicarao de "trece caciques e principales e padres o sacerdotes de aquellos infernales templos'' a los que preguntó fray Francisco de Bobadilla "si eran naturales de aquella tierra de Nicaragua o de dónde venían".
"No somos naturales de aquesta tierra -dijeron los nicaraos ha mucho tiempo que nuestros predecesores vinieron a ella, e no se nos acuerda qué tanto ha, porque no fue en nuestro tiempo.
La tierra de donde vinieron nuestros progenitores se dice Ticomega
e Maguatega, y es hacia donde se pone el sol: e viniéronse porque
en aquella tierra tenían amos a quien servían, e los tractaban
mal."
Miguel León-Portilla
Religión de los nicaraos
Análisis y comparación de tradiciones
culturales nahua
México
Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Históricas
1972
120 p.
Los Testimonios y los orígenes Nicaraos.
Arellano, Jorge Eduardo
Panorama de la Literatura nicaragüense
(época Anterior a Darío)1967



WILLIAM V. WELLS EN SU VISITA A RIVAS
A principios de 1854 salí de San Francisco, California, para visitar Centro América con el propósito de obtener ciertas concesiones mineras y comerciales del Gobierno de Honduras.
CAMINO A RIVAS
Nos transportamos con nuestros equipajes de San Juan del sur a Rivas a razón de Cuatro dólares por mula utilizada nuestros ponchos, seguimos adelante, pensando con ansiosa esperanza en nuestra llegada a Rivas.
Fue con orgullo de norteamericanos que vimos la carretera macadamizada que en una distancia de treinta millas cruza una tupida selva, contrastando el aspecto selvático del país con la evidencia de la civilización y el resultado de una industria activa desplegada en los puentes y excavaciones a lo largo de la rula. Este trabajo era uno de los muchos ejemplos fuera de los límites de los Estados Unidos, donde el genio y el espíritu de empresa de nuestros compatriotas están venciendo los errores de los climas tropicales.

Por !;ahí, a la mitad del camino llegamos a un lugar elevado desde el cual, a través del bosque abierto hacia el Oriente, dimos un vistazo al Volcán Ometepe, situado en la isla de ese mismo nombre, al Este de la Bahía de la Virgen. Al mediodía la atmósfera perfectamente clara, los rayos del sol caíAn produciendo el extraordinario color añil descrito en varias obras sobre Centro América como característico de las montañas distantes del país. Esto era la primera vista que tenía de la gran cadena de volcanes que se extiende de parte a parte de Nicaragua, y no fue sino hasta entonces que empecé a darme cuenta de que estaba en medio del paisaje y del verdor florido de los trópicos, en una tierra cuya historia, prolongada hacia atrás al descubrimiento del continente, era abundante en interés y en romance.

Poco después del mediodía llegamos a la pequeña población denominada Bahía de la Virgen, detuvimos nuestras cabalgaduras en la casa del Juez Cushing en este tiempo Agente interino de la Compañía de Tránsito Fuimos invitados gentilmente a desmontarnos; y cuando al entrar en el fresco e imponente salón del agente, fui presentado a un viejo y valioso amigo (últimamente Encargado de Negocios en Ecuador), me sentí bien pagado del abrasador viaje desde San Juan del Sur.
Desde la ventana, abierta hacia el lago, obtenía yo una bella vista de esta notable extensión de agua. Una brisa suave y fresca llegaba al cuarto. desde allá. Lejos, por el Sureste, el chubasco diurno o borrasca vespertina de la estación lluviosa se estaba formando, y sombras espesas lanzadas por las encastilladas nubes deslizándose gradualmente hacia arriba hasta que todo el horizonte del Sur quedó en plena obscuridad y los picos elevados del Ometepe y del Madera se envolvieron en nubes impenetrables. Los vivos relámpagos y los truenos retumbantes anunciaron pronto la inminente tormenta, y un minuto después se cerró del iodo por una cortina de agua que, al pasar por la ciudad, se evaporaba de los calientes tejados, con un efecto curioso.

El Juez Cushing nos aseguró que ésta no era ni remotamente igual a las tormentas propias de la estación. Fue, no obstante, de corta duración, y habiendo aclarado el cielo ahí por las dos de la tarde, nos preparamos para continuar nuestro viaje hacia Rivas, distante como diez millas.

El camino de la Bahía de la Virgen a Rivas va por las orillas del lago cerca de cuatro millas, y el resto por campos bien cultivados, en grandes y pequeños secciones, con cacao y otras plantaciones A nuestra izquierda se extendía un impenetrable bosque de ceibas, Guanacaste y otros árboles cuyo obscuro follaje parecía desconocido y abandonado como cuando los viejos conquistadores españoles pisaron por primera vez este suelo prolífico.

A nuestra derecha, el gran lago, impresionando nuestros sentidos con su inmensidad, y en donde, contra un cielo de ensoñación, una goleta acortaba su ruta hacia Granada.

Esta fue la única señal de actividad comercial. Las tormentas recientes habían puesto las aguas revueltas, y el fuerte oleaje se rompía en la playa, mojando frecuentemente las patas de nuestras mulas y, a veces, se estrellaba atrevidamente contra un promontorio, para bordear el cual nos veíamos obligados a entrar en el lago. apresurar nuestros animales y hundirse hasta la altura de las cinchas. Allá lejos y asomado en los cielos claros, a la derecha y aparentemente surgiendo del agua estaban el Ometepe Concepción y el Madera; la isla en la cual se hallan situados desaparecía en el horizonte.
Estos volcanes son mojones en todo el país.

Hay varias leyendas sobre el volcán Ometepe, que se estima de seis mil pies de altura, aunque no tenga noticias de que se haya medido su elevación alguna vez. Hay en la isla varias familias de indios, que se ganan la vida fácilmente cultivando legumbres, que venden en la Bahía de la Virgen, a donde van en bongos iodos los días.

Me informó Mr. Geer, caballero residente desde hace varios años en la Bahía de la Virgen y San Juan del Sur, que nadie, según se sabe, ha ascendido hasta su cúspide. El, en compañía de dos intrépidos amigos, intentó el ascenso hace tres años y habiendo salido de la base a las cinco de la mañana, llegó hasta pocos centenares de pies de la cima, diez horas después.
Aquí encontraron una elevada pendiente cubierta de cenizas, que les fue imposible subir, hasta que, exhaustos por los esfuerzos y deslizándose a cada momento, regresar, emprendiendo el descenso la misma tarde.
Un indio viejo sostiene haber alcanzado la cima hace muchos años y dice que existe un lago, que él describe como un extinto cráter . Mr. Geer trató de confirmar esta creencia. a la cual los viejos nativos se adhieren fuertemente, y se inclina a aceptarla porque al observar hacia arriba, contra el lado perpendicular de una roca, se ven sombras peculiares como las producidas por la reflexión de la luz solar sobre las olas contra un muro. Hay también una considerable corriente que sale del lado de la montaña, unos pocos centenares de pies sobre el nivel del lago, lo cual apenas podía formarse de otra manera que no fuera la de haber un lago en la parte superior.

Las constantes nubes alrededor de la cúspide parecieran indicar tal cuerpo de agua. Una investigación futura sin embargo, resolverá sin duda alguna el problema.
Las playas del Lago de Nicaragua difieren poco de las del océano y una persona extraña al lugar, en presencia de las marejadas que se levantan impulsadas por el fuerte viento, podría suponer fácilmente que se encuentra en las playas del mar.
CUANDO ME DETUVE EN UN PROMONTORIO O CABO SALIENTE DEL LAGO Y NOTE LA ESPLÉNDIDA EXIENSI6N DE AGUA ANTE MÍ -UN HORIZONTE DE OLAS, NAVEGABLE POR GRANDES VAPORES EN CASI TODAS SUS PARTES, RODEADA POR TIERRAS REBOSANTES DE UNA VEGETACIÓN ESPONTÁNEA Y JUSTAMENTE DENOMINADA "EL JARDÍN DEL MUNDO"- NO PUDE REPRIMIR UN SENTIMIENTO DE HONDA PENA DE QUE UN LUGAR AL QUE LA NATURALEZA PARECIERA HABER OTORGADO SUS REGALOS MÁS PRECIOSOS, FUERA DEL TEATRO DE SANGRIENTAS REVOLUCIONES E INFRUCTUOSAS GUERRAS; DONDE LA AGRICULTURA Y EL COMERCIO SÓLO EXISTEN DE NOMBRE, Y SU HISTORIA SEA UN BALDÓN PARA LOS DUEÑOS DE ESTE SUELO.
SEGURAMENTE QUE UN PAÍS TAN FELIZMENTE UBICADO, QUE DESCANSA A MEDIO CAMINO ENTRE LOS CINCO CONTINENTES, DEBIERA. DESDE HACE TIEMPO SER CAMPO DE INDUSTRIAS, YA BAJO LA GUÍA DE SUS PROPIOS HIJOS, YA EN LA DE MANOS EXTRAÑAS.

A lo largo de nuestra ruta encontramos bandadas de aves acuáticas, algunas de la especie de las garzotas. Pasábamos a pocas yardas de ellas antes que levantaran el vuelo con estridentes gritos y se posaran ahí no más a corla distancia. Evidentemente era que nunca se les molestaba o mataba.
Una variedad de excelentes peces puede ser extraídos del lago; no obstante. durante nuestra permanencia en sus vecindades jamás nos fueron ofrecidos en venia. Resultaba claro que los moradores son tan indolentes hasta para aprovecharse de este manjar.

Grandes tiburones se han capturado en el lago, y hace pocos meses una mujer de la Bahía de la Virgen, que se hallaba lavando ropa en sus orillas, fue atrapada y devorada por un cocodrilo.

Un alto farallón rocoso nos impidió continuar por la playa; tuvimos que seguir por un angosto pasillo hacia la izquierda que conducía directamente a los bosques y, después de hundirnos en un lodazal negro donde las mulas se iban hasta las rodillas a cada paso, salimos de nuevo al lago, en la boca de un río de cerca de cincuenta yardas de ancho, conocido como Río Lajas. Este río, sin agua durante la estación seca, era ahora de una profundidad formidable, y nuestros hombres nos informaron que era retiro de cocodrilos, que aquí se refugiaban entre las cañas y los arbustos para defenderse de los fuertes vientos.
Un canoa, hecha de un tronco de ceiba ahuecado, permanecía atada en un banco de arena. Dos barqueros semidesnudos o de arena. Dos barqueros, medio desnudos, estaban cocinando carne en un fuego hecho cerca de una choza de ramas y juncos, que les servía de morada. Nazario comenzó a desensillar nuestras mulas y a poner los arreos dentro de la canoa, mientras Chico, el sirviente del Doctor, hombrecillo vivaz, de Costa Rica. atendía el equipaje de su amo.

Mientras nos preparábamos para embarcarnos, nos llamaron la atención tres o cuatro grandes objetos negros a pocos cientos de yardas arriba del río que, según nos dijeron nuestros hombres, eran cocodrilos.

Nada grato era el desmañado y balanceante barco en que íbamos a maternos sopesé las oportunidades de un baño en las aguas lentas y la posibilidad de conceder una o ambas de mis piernas a los monstruos que, evidentemente, estaban atentos a nuestros movimientos.

Las mulas, después de recibir algún varazos y regaños se tiraron a la corriente hundiéndose hasta las narices se aprestaron con decisión a atravesarlas.
Estábamos a una milla de Rivas cuando salió la luna, haciendo nuestro camino más visible; y pronto el ladrido furioso de una manada de perros nos confirmó que entrabamos a los arrabales de la ciudad.

Las casas de paja y teja eran más frecuentes y el ruido de los perros atraían a su puerta a los perezosos campesinos, que nos escudriñaban con la mano puesta a modo de visera en la frente, mientras chapoteábamos, contestaban brevemente a nuestros saludos y nos observaban en silencio hasta que desaparecíamos en la obscuridad.

Al voltear una esquina formada por una línea de casas bajas de adobe y encaladas, atravesamos una calle medio empedrada, en un silencio de tumba, y cabalgando por ella llegamos a la gran Plaza de Rivas, que vimos a los rayos tenues de la luna, con su iglesia inconclusa y sus buenas residencias presentando un espectáculo más impresionante del que esperábamos y provocando esperanzas gratas para la mañana siguiente.
Seguimos al Doctor hasta la puerta r hasta la pueda de la casa más importante de la plaza. de donde salió un caballero que nos habló en inglés y se nos presentó como el Dr, Cole. Con característica hospitalidad fuimos invitados a apearnos se prepararon hamacas y camas para nuestro grupo, se envió un muchacho a encontrar a nuestros arrieros retrasados con las mulas de carga, y media hora después se nos dada una cena con café caliente, huevos y pan dulce, preparada por la propia señora de la casa, con quien nuestro anfitrión se había casado recientemente, siendo ella miembro de una de las primeras familias del Departamento.
Mientras se preparaba la cena dimos un paseo por la calle más cercana, ahora iluminada claramente por la luna, y pasando por las ruinas de la iglesia de San Felipe, destruida hacía algunos años por un terremoto, llegamos a un cuartel de madera y barro, con una tronera fuera de la cual emergía la boca de un pequeño cañón. La voz fuerte y de alarma que nos gritó: "Quién vive nos persuadió de que estábamos en una ciudad acuartelada. "La Patria", contestamos. "Qué gente?". "Nicaragua”
La noche era ya bastante avanzada cuando, disponiendo de la hospitalidad amable de nuestro anfitrión, nos refiramos a descansar y dormimos profundamente, a pesar del balido de un cabrito y de las picadas de esos indispensables artículos caseros: las pulgas.
Se cree que la actual ciudad de Rivas se halla ubicada en el sitio donde estuvo una ciudad más antigua, por haber rastros de calles viejas que van en dirección contraria las actuales. Habiendo sido el Departamento Meridional, del cual es la capital, víctima de más terremotos catastróficos que las secciones norteñas del país, se cree que tales ruinas son de una ciudad que fue destruida hace un siglo. No existe, sin embargo, una fuente segura para tal aseveración.

La ciudad se asienta en el centro de un extenso llano, superpoblado de exuberante vegetación entremezclada con plantaciones de cacao. café, caña de azúcar y añil, consideradas entre las más valiosas del país. Se encuentra situada como a tres millas del lago y está rodeada de varias pequeñas poblaciones que son propiamente arrabales de Rivas, pero cada una lleva su nombre particular.

La ciudad con sus alrededores es sin duda la tercera en población de Nicaragua, aunque el follaje que ofrecen las numerosas y pequeñas haciendas y el espacio para jardín que se reserva cada residencia, esconden sus verdaderas proporciones. Hacia el lago y sirviendo como un embarcadero de la ciudad, está la aldea de San Jorge, que comúnmente se considera como parte de Rivas.
Los habitantes del Departamento Meridional son en su mayoría "mestizos". AL TIEMPO DE MI VISITA CASI TODOS LOS HOMBRES HABÍAN HUIDO HACIA LOS LUGARES MÁS APARTADOS DEL PAÍS, PARA EVADIR SU ENGANCHE EN EL EJÉRCITO, NO HABIENDO RESPETO HACIA NADIE CUANDO EL GOBIERNO NECESITA SOLDADOS ESTO DEJÓ A LOS DEPARTAMENTOS, ESPECIALMENTE A AQUELLOS DEDICADOS AL CULTIVO DEL CACAO, ENTERAMENTE SIN TRABAJADORES, Y EN MUCHOS CASOS EL RESULTADO DE AÑOS DE PACIENTE LABOR SE PERDÍA POR EL RECLUTAMIENTO FORZOSO DE LOS TRABAJADORES DE LAS PLANTACIONES. CON TALES MÉTODOS, NO PODÍA HABER MUCHO INCENTIVO.

PARA LA INDUSTRIA AGRÍCOLA. EN VERDAD, FUI VERAZMENTE INFORMADO POR MR. SFANISBURY, CASADO CON UNA RIVENSE, QUE LA PROPORCIÓN ENTRE MUJERES Y HOMBRES ERA DE CUATRO A DOS EN AQUEL TIEMPO, DEBIDO AL ÉXODO DE LOS HABITANTES MASCULINOS.

La mayoría de las haciendas se comunican con el camino real por veredas casi ocultas que se extienden por millas hacia el interior y que no podían ser localizadas, a no ser por ojos experimentados.
Estas haciendas se hallan situadas en parajes remotos y tan lejos como es posible del teatro de las frecuentes revoluciones que devastan el país anulando la labor de los cultivadores. Los nativos iban ocasionalmente a la ciudad con legumbres y frutas, pero en tiempo de revolución con el constante temor a ser reclutados.

Las casas en las fincas del país, como también en las pequeñas poblaciones, son por lo general toscas cabañas construidas con cañas y en fechadas con hojas secas de palma, las que. convenientemente colocadas, son impermeables a la lluvia. No hay chimeneas y la puerta sirve de escape para el humo, y a menudo la preparación de los alimentos se lleva a cabo al aire libre y la familia se sienta haciendo rueda frente al fuego en las horas de comida. En ninguna época del año el clima es tan severo como para exigir que las casas sean de mayor solidez. En las ciudades más grandes, no obstante, las habitaciones son de adobe limpias y hasta bellamente construidas, 'regularmente blanqueadas con cal y sus techos entejados.

El café y el cacao que se cultivan en las vecindades de Rivas se cotizan a precios más altos que los de cualesquiera de los otros Departamentos.
Pero el cacao poco se exporta, siendo la mayor parte aprovechada en el país donde es articulo universal en la alimentación en la forma de una bebida espesa, pero sumamente agradable, llamada tiste, que se consume por todas las clases sociales.

La ciudad de Rivas tiene cerca de cinco mil habitantes y es el centro comercial del Departamento. Sus calles están frazadas con regularidad, empedradas y con una anchura uniforme. Las casas son de una sola planta, con techos de teja, puertas sólidas de cedro y con un portón de entrada también entejado. Una casa de habitación corriente, incluye un cuadro vacío que es el patio, al que dan las puertas de los cuartos inferiores y alrededor del cual se extiende el corredor.

Este sirve para acomodar mercaderías, provisiones, equipaje de los viajeros, sillas de montar y todas las cosas comunes del mobiliario familiar. Las casas constan de un locutorio familiar llamado sala y de varios dormitorios. El mobiliario se halla parcamente colocado por todos lados de la sala y por lo general consiste en unas pocas sillas pesadas y de respaldar recio, un armario guardarropa y una o dos mesas pequeñas.

A la mañana siguiente de nuestro arribo Desplegamos gran actividad desde muy temprano, y habiendo hecho nuestra ablución en una vieja tina en el patio, comenzamos con nuestro anfitrión a visitar la ciudad.

Durante nuestra permanencia de una semana, hicimos frecuentes excursiones al campo a fin de inspeccionar las haciendas de los alrededores y observar el método de cultivo del cacao y de la caña. Una finca de cacao tiene de seiscientos a cinco mil acres de tierra.

La de "Santa Úrsula", a dos millas de la ciudad, más o menos, y propiedad del Señor Lacayo, es una de las mejor cultivadas de la vecindad y consta de alrededor de dos mil árboles.
La hacienda del Señor Argüello es también una de las más grandes y más valiosas en el Departamento. Estas, como otras en esta sección del país, están decayendo rápidamente.

Sólo tres hombres vivían en la finca, y el triste silencio era inviolado, salvo por el crujido de los maderos negros y de los plátanos que, con los cactus, forman una sombra protectora de los árboles jóvenes hasta que ganan suficiente fuerza para resistir los fieros rayos del sol.
El mayordomo nos recibió a la entrada; gentilmente nos invitó a pasar, y con entusiasmo contestaba a nuestras preguntas, lisonjeado por nuestra admiración, pronto se volvió locuaz y nos describió el método de cultivo
Muy poco personal se necesita para cuidar una plantación no más grande que ésta de "Santa Úrsula"; la mayor parte de la labor corresponde al tiempo de la cosecha. Se deja que las hojas caídas se pudran en el suelo; las raíces de los árboles, sin embargo, se mantienen cuidadosamente limpias y cada día los niños del mayordomo o los de los trabajadores van de un lado a atro de la plantación destruyendo los insectos que, si se les dejara, serían fatales a los árboles. El terreno de Toda la finca.

Nada puede exceder a la quieta belleza de uno de estos fundos. Tanto como puede alcanzar la mirada aparece el follaje esfumándose en la distancia y la perspectiva rodeada de una umbrosa verdura. El suelo esta perfectamente nivelado, espesamente cubierto con hojas secas caídas a tierra a causa de las lluvias, a través de las cuales millares de delicados pimpollos y de bellos boiones revientan embalsamando el ambiente con grafos aromas. Las cerezas rojas de los cafetos, el color dorado del cacao y de las frutas en racimo de los plátanos, las naranjas y las limas ofrecían un agradable contraste con la esmeralda profunda de la fronda.

Arriba, en medio de las hojas protectoras de los palos negros, se agitaban bandadas de loros dándose prisa, con su parloteo ruidoso, de árbol en árbol, mientras a intervalos el grito áspero de las guacamayas partía el silencio, apenas visibles allá en las ramas más alias de un distante Guanacaste. La única señal de la presencia humana era la voz de nuestro cicerone cuando señalaba algún curioso arbusto explicándonos sus propiedades o dirigía nuestra atención hacia la exuberancia de las brillantes flores tropicales
.
AQUÍ EN VERDAD, PARECÍA LA REGIÓN DE LA ETERNA FLORESCENCIA, EN DONDE RÚSTICAMENTE Y SIN NINGUNA ATENCIÓN, LAS PLANTAS MÁS RARAS Y LAS FLORES MÁS BELLAS EMITEN SU FRAGANCIA SINGULAR SATURANDO EL AIRE DE RICOS BÁLSAMOS,
¡APACIBLE "SANTA URSULA"! ¡PASARÁN MUCHOS, MUCHOS AÑOS, ANTES QUE TU SOLEMNE BELLEZA PUEDA BORRARSE DE MI CORAZÓN!

Cuando regresábamos, a la entrada de la hacienda nos paramos a charlar con una muchacha de rostro bonito y pulcramente vestida, hija de propietario, que nos invitó a pasar adelante, a la vieja casa de adobe. Al hacerlo, media docena de perros bravos, excitados por nuestra apariencia extraña, salieron del corredor a ladrarnos, pero regresaron sobre sus pasos al reproche de su ama.
Una sonriente y sencilla indita, sirvienta de nuestra amiga, se hallaba cómodamente cosiendo un vestido de fantasía para una fiesta próxima.

Levantó sus bellos ojos negros hacia nosotros mientras nos acercábamos, y prontamente reasumió su labor; y a una pregunta casual que le hice, sólo vio a su ama y se puso a reír. A diferencia de las mujeres de la clase humilde que yo había visto; esta usaba zapatos y medias, artículos de lujo a los cuales evidentemente no estaba acostumbrada, dada la pesadez en su andar cuando se levantó y nos trajo bananos. Casi todas las mujeres de Rivas usan collares, anillos y aretes baratos que compran al buhonero ambulante, tipo familiar en todo el Sur de Nicaragua desde la apertura de la Ruta del Tránsito.
Wells, William V. 1857 REVISTA CONSERVADORA DEL PENS MIENTO CENTROAMRICANO





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LA VISITA A RIVAS DE GEORGE EPHRAIN SQUIER

El ministro Norte Americano George Ephrain Squier cumple uno de sus principales objetivos en el territorio de Nicaragua, la visita al istmo de Rivas.
fui recibido en la finca de Cacao que pertenecía al señor hurtado uno de los senadores del estado, y por cuya invitación me encontraba entonces en esa zona de la república. La casa está en lo alto y en el amplio corredor que ocupa todo el frente, el señor Hurtado y su familia disfrutaban, con toda comodidad.
Al día siguiente visita municipios como el Obraje, Potosí, San Jorge, El valle de Brito y haciendas productoras de añil.
Asuntos urgentes que tuvo que atender en la capital de león y que lo obligaron a retornar, interrumpieron su periplo y principal mente una excursión a la isla de Ometepe.
Squier,Efraín George , Nicaragua, sus gentes y paisaje





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Alfonso J. Cerda Bonilla, Wilber A Jiménez y 4 personas más
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UN VIAJE DE ENRIQUE GUZMAN A RIVAS


Septiembre 3, 1881
Viene la noticia de haber muerto repentinamente
en Washington
el general Máximo Jerez. Me ocupo en escribir
un artículo necrológico
sobre él, que pienso mandar al “Termómetro”
o al “Porvenir”.
Escribo a Gámez para que dé el pésame en mi
nombre a la familia
Jerez que está en Rivas.
Le digo a Gámez que la noticia de la muerte
de Jerez me dejó medio
aturdido.
Febrero 6, 1882
Viene Gámez de Rivas. Pretende saber
que Cárdenas está ya picado por la oposición
del Cacho a su candidatura.
Escribo a don José María Gasteazoro:
“me alegra saber que es Ud. cardenista, yo también lo soy”.
Ya me voy convenciendo de que a don Pedro y a
don Anselmo no les
gusta la candidatura Cárdenas.
Abril 10, 1882
Preocupado me tiene el viaje a Rivas
para donde pienso irme pasado
mañana:
me lleva allá el servir de padrino al último
hijo de José D. Gámez quien
desde el 13 de Marzo me participó
mi designación y yo aplacé
este viaje para la semana de Pascua.
Abril 11, 1882
Vienen las bestias que me manda Gámez
para hacer mi viaje a Rivas.
Abril 12, 1882
A las 3 p.m. salgo para Nandaime en una buena
mula del general José Bonilla acompañado
de un sirviente llamado
Andrés que fue el que trajo las cabalgaduras.
Abril 13, 1882
Salgo de Nandaime para Rivas a las 4 a.m. y llego
al Rosario,
hacienda de Bonilla, a las 9 a.m. Allí almuerzo
y paso todo el día.
Conversamos mucho de política: le digo,
entre otras cosas, a Bonilla,
que temo que Cárdenas haga política
menos independiente
que Zavala, y sea más cachista que éste.
A las 6 p.m. salgo para San Esteban: vienen a
encontrarme unas seis personas.
Hay fiesta en casa de Gámez, lo que me contraría
algo, pues me siento fatigado y tengo que
cambiarme de ropa.
Abril 14, 1882
A la 1 p.m. voy con Gámez y Manuel Borge a dar
una vuelta por
dentro de la hacienda. Hace calor, sol muy fuerte
y mucho polvo.
La casa de José Dolores Gámez es en
Rivas mi cuartel general.
Visito, entre otras personas a la
Josefita Lebrón, esposa de Isidro Urtecho.
Visito también a don Ramón Sáenz.
Abril 15, 1882
No salgo de San Esteban en todo el día. Redacto a
Gámez algunos sueltos para “El Termómetro”.
Por la tarde vienen a
verme José y Ramón Jerez y junto
con ellos voy a Rivas a las 8 p.m. Visito a
doña Isabel Urcuyo.
Voy al Casino
o donde encuentro a Carazo. Casi no hay
cardenistas en Rivas.
Vuelvo a San Esteban a caballo a las 10p.m.
Abril 16, 1882
Voy a Rivas invitado para almorzar y comer
con él por el
doctor Jesús Martínez. Almorzamos en el
Hotel de Coffin con él (Martínez),
Gámez, un joven llamado Alejandro Cantón
a quien me presentan como liberal, y
José Tomás Montiel.
Cantón es simpático y bastante inteligente.
Visitamos el Casino a las 3 p.m.
Se conoce que allí todos son desafectos al
Gobierno, y enemigos de la candidatura Cárdenas.
Comemos en el Hotel Monterrey,
Daniel Sacasa y su mujer, Nemesio Martínez
y su esposa y José Dolores Gámez
El chiquito de Gámez (mi ahijado)
no pudo bautizarse porque no había un sacerdote
que administrara el sacramento.
Todos los padres de esta ciudad están
en ejercicio.
Vuelvo de Rivas a San Esteban a caballo a las
11 de la noche.
Antes de acostarnos converso con Gámez
sobre el asesinato de
su suegra, acaecido el 12 de Marzo
de 1872 y sobre el espiritismo.

Toda esta conversación me impresiona, porque
estamos en el teatro
mismo en que ocurrió aquella horrible tragedia.
El viento, que sopla
con fuerza, hace girar sobre sus goznes
puertas y ventanas, produciendo
un golpe monótono, que en la soledad de
la noche, aumenta el terror
que causa el recuerdo del tremendo drama
que hace once años tuvo por escenario esta triste
y alejada estancia.
Abril 17, 1882
Voy a Potosí y paso allí todo el día en casa de
Adolfo Guerra donde
almuerzo y ceno. De lo que Guerra me cuenta
deduzco que Zaldivar no está muy
contento de Rufino Barrios
(Guerra era cuñado del doctor Zaldivar)
Abril 18, 1882
Me ocupo en corregir las pruebas de un artículo
para “El Termómetro”
titulado: Español o Nicaraguano.
El chiquito (mi ahijado)
tiene calentura y
el Cura no consiente en que se bautice en la hacienda.
Por la tarde voy a Rivas con Gámez.
Visito a don I. Urcuyo y después voy al Club.
Acaba de llegar de Costa Rica, Isaac Vidaurre y
cuenta que Guardia, que estuvo grave,
se halla casi completamente bueno.
Abril 19, 1882
Se bautiza en la mañana el chiquito de Gámez.
Se le puso Ramiro Enrique, el bautismo lo hizo el
Padre Zenón Zamora, Cura de Potosí.
Visito a Ran Runnels que se está muriendo.
Luego voy a casa de
José Jerez y regreso a San Esteban noche.
Hago mis preparativos
para mi regreso.
Por la noche viene a verme el Lcdo. Salvador
Castrillo quien se manifiesta
muy anticardenista, y da a entender que los
opositores al Gobierno
disputarán la elección con la candidatura de don
Fernando Guzmán de quien el Lcdo.
Castrillo es muy partidario.
Creo que se hace ilusiones.
Abril 20, 1882
Me levanto a las 3 a.m. pero no puedo
salir antes de las 4 ½.
Se me cansa la mula de Ochomogo a Nandaime
y llego a este pueblo bajo un sol abrasador
a las 10 a.m. Está esperándome Samuel Talavera.
Salgo de Nandaime
las 3 p.m.En San Pedro cambio la mula
de Bonilla por un caballo
de Indalecio Arellano.
Llego a Granada a las 7 y 20 p.m.
Octubre 31, 1882
José D. Gámez viene de Rivas
en el vapor y a las 7 está en
mi casa don José Leonard.
Hay inquietud en el vecindario
por el establecimiento de la Logia
Masónica inaugurada antenoche.
Gámez que es tan iluso me dice que él
está en el candelero con Cárdenas
y que éste aspira a
la Presidencia de Centro América.
Se sabe que Cárdenas tiene ya 690 votos.
Diciembre 28, 1882
Viene la noticia de haber muerto el Presidente de
Colombia, Francisco J. Zaldúa.
Cañonazos todo el día por el duelo oficial
que Nicaragua comparte con Colombia.
Cuando vuelvo a casa hallo aquí a Gámez.
Éste, siempre iluso, está encantado
con Cárdenas. José Dolores cree, positivamente,
que está muy bien con
Cárdenas y Zavala. ¡Qué candor!
Comienzo a escribir la biografía de Enrique Gottel
Septiembre 10, 1883
Encontrándome en Masaya sé que la esposa del
Dr. Cárdenas sigue mal al grado de que hay
alarma en su familia.
Su hermano José María Hurtado
que venía conmigo de
Granada, ha pedido a
Tejada una diligencia expresa
para seguir su viaje a Managua.
Septiembre 12, 1883
A las 12 del día muere doña
María A. Hurtado de Cárdenas.
Dicen que el Presidente está inconsolable.
Yo no me atrevo a visitarle, porque creo que no
soy persona grata para él. Arreglo con
F. Sánchez y Serapio Orozco todo lo
que aquí en León deberá hacerse una
vez esté tomado el cuartel de Granada.
Enero 13, 1884
Gámez me escribe con fecha de ayer
comunicándome que va a tener un
duelo con Chamberlain en la frontera de
Costa Rica.
Este Gámez es tan loco que pudiera
ser cierto que abrigue el propósito de
batirse en toda forma con Chamberlain.

Contesto a José Dolores diciéndole:
“recibí su carta de ayer: no puede Ud.
por su honor, y por el de nuestro partido,
retroceder, creo, sin embargo,
que no habrá duelo”.
Gámez me dice por telégrafo que Chamberlain
no quiso batirse.
Lo que yo había previsto.
Junio 13, 1884
José D. Gámez viene de Rivas y me cuenta
en nombre de José Bonilla,
que está preparada para Octubre próximo
la revolución: que los olanchanos
van a comprar rifles en los Estados Unidos,
y que él (Bonilla) será el jefe:
nada de esto creo
Guzmán, Enrique/ Diario Intimo, Pag: 204
Biblioteca Enrique Bolaños, Publicado
Revista Conservadora1960
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  • Lilia Gallegos
  • Me encanto leer este viaje de Guzmán a Rivas, el chiquito 
  • que bautizaron era mi abuelo Ramiro, mi papá 
  • lleva su mismo nombre y uno de mis hermanos, 
  • gracias por compartir, un afectuoso saludo.


Úrsula Rivas
1890 un incidente por política, dimes y diretes                                   entre compadres Aquí está Gámez. ¿Me quiere?
-No lo ando buscando -replicó con calma Guzmán, 
y no hubo mas
  • Luisa Maria Alvarez Cabrera
    que bonito me encanto me traslade imaginando cada uno de los lugares que menciona espero siga compartiendo esos 

    • EN 1866 RUBÉN DARÍO VISITA RIVAS

    En un viaje a Rivas pasando por otras partes:

    En el periódico El Imperial, fechado en Managua, a 20 de Mayo de 1866 aparece una crónica estupenda que escribiera nuestro panida, con motivo de una visita que hiciera en el séquito que acompañó por esos días al Presidente de la República, don Adán Cárdenas, rivense que con su comitiva venía a saludar a sus coterráneos.
    Darío, figuraba en el cortejo ya que el Presidente la había ofrecido
    ayudarlo en los gastos de su traslado a Chile, como así lo hizo
    después de dicho viaje. He aquí una reproducción del itinerario
    recorrido por el Poeta y sus impresiones por lo que pasamos a
    copiar textualmente:

    “Amanece, dios, la banda toca diana frente a Ometepe,

    Donde pasamos la noche.

    Entre tanto el alba sonríe, y aquí si

    que no poco Ensartado un rasguito poético.

    El hermoso volcán, que de cuando en

    cuando rezongaba, Aparecía, en toda su belleza.

    Abajo, como una peana de esmeralda

    verdegueaba el arbolar que cubría las casitas del pueblo.

    Arriba el Ometepe embozado

    Como una capucha de humo recibía a guisa de socarrón

    Enamorado, las primeras caricias de la blanca aurora

    Picaba el sol, cuando llegamos al muelle de san Jorge.

    Como ya se sabe, este pueblo festejó

    al doctor cárdenas (el presidente) con muchísimo

    entusiasmo.

    No entro en detalles porque ya los periódicos

    Lo han publicado.

    Sigo pues, con mis apuntamientos de turistas.

    Entre san Jorge y Rivas hay muy

    bonitas posesiones, Muy bonitas muchachas

    Y sobre todo mucho polvo. Uff.

    Vamos entrando a Rivas .

    Yo no conocía Rivas, pero me lo imaginaba, Parodiando al otro.

    Pues bien, me la imaginaba muy bonita

    la ciudad, muy bellas sus damas, muy cumplidos sus caballeros

    Y pare ud. De contar.

    ¿habré de decir que superó a lo que

    yo me imaginaba para que se me crea? Corolarios, esa tierra caballeros,

    Es un lugar de flores y luceros.

    Y si no que lo digan los que fueron

    Acompañando al señor presidente, Quien dicho sea de paso,

    Debe estar muy satisfecho de lo mucho

    Que lo aprecian sus conterráneos. Pero sigamos con el corolario.

    En el paseo que dieron los estimables

    socios de el porvenir, en la finca de los señores Maliaño,

    Había más flores que en un Jardín y más luceros que en una

    constelación.

    No he salido de Rivas. Bailes, fiestas, alegría…

    No quisiera salir de aquí.

    Al día siguiente asistió a una fiesta en el Casino de Rivas, donde escribió en abanicos sus poemas a las bellas damas rivenses, Herminia Chamorro, Luisa Cole, Lucía Gallegos, Delfina Santos (madre de nuestro amigo don Carlos Barrios Santos) Amanda Eva y otras tantas joyas en la ciudad de Rivas con la mejor demostración de sus palabras.

    Y el que dijere lo contrario, miente.

    La sociedad de Rivas- sigue diciendo el poeta- Es sin duda alguna la más alegre de

    toda La república y de un natural

    complaciente Y afable.

    Se ha dicho de ella que es poca

    religiosa Y esto es un error.

    Los hombres, como en todas partes son

    Y esto no todos de Ideas libres y gustan mas de leer más

    a Comte, Y Renan que a Freppel y al padre león

    carbonero, Las mujeres, por su parte,

    Son tan religiosas como las de otros

    Lugares y oyen su misa Y su sermón, como lo manda su santa

    madre iglesia.

    Y si no que lo diga el cura Loasiga,

    Que sabe estar ojo al cristo

    Velando por la creencia de sus feligreses

    El poeta
    Se marcho de Rivas después de bailar como una peonza ,
    cansado con sueño rumbo a San Juan del sur.
    El presidente Cárdenas y su comitiva se marcharon del puerto de
    San Juan del Sur con destino al puerto de Corinto en “El City of Panamá” posteriormente regresaron a la Capital y el escribiría: CUANDO DESPUÉS DE UN DEL DÍA ME HE ACOSTADO PENSANDO EN LA TRISTE PROSA DE LA VIDA… HE RECORDADO EN MIS SUEÑOS A LA BELLA RIVAS CON SUS FLORES Y SUS HERMOSURAS INCOMPARABLES” Días después Rubén Darío se embarca a Chile ocurrió en un momento en que ese país cruzaba por un período de esplendor y verdadero florecimiento cultural.



    Rubén es requerido varias veces en público y en privado para dejar constancia lírica de su presencia en el seno de la sociedad rivense. En el acto principal que es el baile celebrado en la casa del Ayuntamiento, escribe al correr de la pluma, en honor de cada una de las muchachas más garridas que allí están, celebrando sus gracias y belleza, con sendas estrofas en las tarjetas que tienen impreso el programa de las piezas musicales.
    ADELA VIDAURRE
    Con tus labios de rosa,
    miel y ambrosía dejas;
    y sé que andan en tropa bulliciosa
    en busca de tu boca las abeja.
    DELFINA SANTOS
    Ricas perlas de Bassora
    en tu boca guardas, niña;
    de la aromada campiña
    el lirio tu faz decora.
    En tu frente se atesora
    la pureza y el candor;
    derramas vida y ardor,
    y un Hada me ha referido
    que tus labios son el nido
    de los genios del Amor.
    Juventud tu frente dora
    y hay en tus ojos poesía,
    con que... es lo que decía:
    ¡Delfina, tú eres la Aurora
    LUCIA GALLEGOS
    Al contemplar tus ojos
    y las gracias amables con que brillas,
    ¡casi me dan antojos
    de ponerme, Lucía, de rodillas!
    MADELINA Y ZULEMA ELIZONDO
    Hizo tres Gracias un Dios;
    mas por la Bondad suprema
    hay Madelina y Zulema,
    ¡y ya las Gracias son dos!
    CARMEN SAENZ
    Hay en tus pupilas bellas
    cierta luz de brillo blando
    que de envidia está matando
    a muchísimas estrellas
    LOLA CARAZO
    Niña bella, tengo antojos
    de decirte que, a fe mía,
    son tus labios ambrosía
    y rayos de sol tus ojos;
    y que hay en tu frente el brillo
    puro, dulce, delicado,
    que supo dar, inspirado,
    a sus Vírgenes, Murillo.
    LUISA GUERRA
    Joven: me han dicho las flores
    que por ti mueren de celos,
    y me han contado los cielos
    que temen por sus primores.
    Mas sigue con tu sonrisa,
    hermosa entre las mujeres;
    que mientras seas lo que eres,
    serás flor y cielo, Luisa
    RAFAELITA HURTADO
    Rostro que la niñez dora,
    labios puros de rubí...
    ¡Señores, mirad ahí,
    que está naciendo la Aurora!
    EMMA FLINT
    Flor del Norte, ¡cómo aroma!;
    pero ojos del Mediodía,
    llenos de dulce poesía...
    Con sus ojos de paloma,
    si nos mira, nos deslumbra,
    si no nos mira, nos hiere,
    y hay un pájaro que muere
    cuando el Alba no le alumbra.
    FELIPA ABARCA
    Otra estrella. ¡Qué expresión
    y qué miradas tan vivas!...
    Señores: convierto a Rivas
    en una constelación
    MATILDE FUENTES
    De Matilde yo diría
    que, hermosa entre las hermosas,
    por sus gracias primorosas
    es fuente de simpatía.
    MARÍA IGNACIA VIDAURRE
    La morena singular
    que lleva el nombre anterior,
    puede decirse, Señor,
    que tiene más sal que el mar.
    ADELA Y CORNELIA VIALES
    Además de tal candor
    y gracias, ahora las llamo
    dos flores de un mismo ramo
    que exhalan divino olor.
    (Abril, 1886)


    DIVERTIDO RESBALÓN A TRAVÉS DE NICARAGUA

    En Tierra

    San Juan del Sur. Mientras pasábamos la noche anclados en la bahía de San Juan del Sur, llevaron en lanchones nuestro equipaje a tierra, y por la mañana desembarcamos.

    Componíase entonces el puerto de unas pocas destartaladas casitas de madera -allá las llaman hoteles- enclavadas entre el lozano verdor del pie de los pintorescos cerros que atalayan la bahía. En donde pisamos tierra se apiñaban caballos, diligencias y sanjuaneños semidesnudos, con machete de dos pies de largo y un palmo de ancho fajados a la cintura. Pensé al principio que serían soldados. pero no, eran simples paisanos. Por la playa deambulaba una mujer blanca, mugrienta y haraposa, para quien la vista de nuestro barco debe haberle parecido una visión del paraíso, porque en el puerto un cargamento entero de pasajeros llevaba ya quince días de exilio a causa de la funesta ineptitud de un hombre: el agente de la compañía de vapores en el istmo. Este sujeto había despachado un vapor vacío a San Francisco, cuando muy bien sabía que esta multitud era esperada en San Juan del Norte. Ahora terminarían su viaje en nuestro barco. Los de nuestro grupo -lo habíamos organizado la noche anterior- que fuimos los primeros en desembarcar, teníamos derecho a escoger la diligencia en que haríamos el viaje de doce millas que hay de San Juan del Sur a La Virgen, puertecito del Lago de Nicaragua. Algunos de los caballos y de las mulas -que eran muchas por cierto- parecían buenas bestias; pero si entre las diligencias había alguna que fuese mejor que otra, y especialmente entre los esperpentos que tiraban de ellas, la diferencia era mínima. Nunca vio nadie arneses como esos ni mulas semejantes, ni tales cocheros tampoco. Individualmente eran ridículos, y en conjunto también. Y el tan sólo ver las atroces cholladuras de los lomos de esos pobres animales que los dilapidados arneses les habían machacado y acuchillado, era para enternecer al corazón más duro.

    Nos metimos en una de las más grandes diligencias de un rojo desteñido (carromatos para cenagales llamamos a eso en nuestras montañas), tirada por cuatro caballos cholencos, y partimos para la Virgen. El cochero empezó de inmediato a sacudirlos y a pelearlos y también a maldecirlos como loco furioso en un inmundo español y así fue a todo lo largo de aquellas doce millas de linda, plana y pareja carretera durante las tres horas y media que duró el viaje. Allí envidiamos a los que no estando incapacitados pueden montar a caballo. Pero siendo el nuestro un grupo alegre no hicimos más que guasear. Lo primero que las mujeres notaron apenas perdimos de vista el mar y torcimos internándonos en un tupido follaje empapado de rocío y bajo árboles selváticos, fue un "¡Qué precioso chiquillín! ¡Ay, miren que amorcito más  l-i-i-i-n-do!". Era un churretoso y anémico mocoso que hacía tortas de lodo frente a un rancho desierto. Y la primera cosa que los hombres vieron fue, pero sin saber qué cosa era: un mojón tal vez, una cruz, o quizá la modesta lápida de algún desventurado aventurero americano.

    Pero no, no era nada de eso; al acercamos vimos clavado en un árbol un letrero que decía: "¡Compre una camisa Ward!". Era, pues, simplemente uno de esos abusos en que se refocilan los mercachifles de mi tierra dueños de la camisería de esa marca. Y pensar que gente como esa invade los lugares más sagrados con sus anuncios canallas para desnaturalizar los paisajes en que uno podría extasiarse. Cuando algo sublime pulsa las fibras de nuestra sensibilidad, esa gente hace chacota. Sé que si yo estuviera ante la majestuosa catarata del Niágara y sintiera su diáfana llovizna atomizada empaparme la cara, y escuchara su fragorosa voz, mi pecho se hincharía de noble inspiración para exclamar: "¡Oh, grandiosa, sublime, magnífica ... !", para enseguida ver un prosaico anuncio enfrente que diría: "hay trabajo en el algodonal de Fulano". Pero, con todo, me encantaría la vista. Bueno, ¿y qué más da?

    La Caravana

    El brillante y fresco verdor del campo, la dulzura y suavidad del aire (había caído un aguacero poco antes de nuestra partida), el interés que despertaban de nuevo pájaros, árboles y flores, la sabrosa y nueva sensación del balanceo y el traquetear de la diligencia, todo ello tan gozoso y agitado - si lo comparamos con aquella ya lejana e insípida monotonía a bordo de un barco que navega en un mar sin orillas- llevó a nuestro grupo a tal punto de entusiasta ebullición que

    me parecía increíble fuera ahora así viajando con los mismos badulaques de antes. Ruego me perdonen las damas, y hasta los caballeros también. Todos estaban de acuerdo con aquel "slogan": "la ruta de Nicaragua para siempre jamás". (Antes acostumbraban cada uno o dos días, y después día de por medio, maldecir la ruta de Nicaragua por los siglos de los siglos. Así son los viajeros en todas partes del mundo).  Cada doscientas yardas pasábamos ranchitos con ventas atendidas por muchachas de pelo negrísimo y relampangueantes ojos, que de pies ante las bateas nos miraban pasar en actitudes como de agraciada indolencia - chavalas éstas de color de vaqueta- y vestidas siempre lo mismo: una sola bata suelta de zaraza con estampados chillones, recogida arriba de los pechos -los que cuando de jóvenes son bien turgentes- y de volante fruncido.

    Tienen dientes blancos y caras bonitas de sonrisa ganadora. Son virtuosas en la medida de sus luces, pero me temo que sus luces sean un tantico apagadas. Vimos dos de estas muchachas que eran en verdad muy lindas.

    ¡Ah, sus ojos líquidos de mirada opiácea; aquellos labios carnosos!, su abundoso pelo liso y satinado; ¡y qué decir de su arrebatadora prestancia incendiaria!, cuán llenas de gracia, y ¡qué curvas tan voluptuosas!, y ¡con tan pocos trapos encima ... ! -Sí, pero no más tantee usted a una de esas potranquitas ofreciéndoles un peine fino para los piojos ... Esta pesadez la soltó Brown a quien desterramos en el acto. Este hombre no se conforma con sólo mirar lo que es atrayente; siempre ha de salir con alguna patochada para estropear todo lo que ve.

    Estas doncellas achocolatadas venden café, té y chocolate, bananos, naranjas, piñas, huevos cocidos, guaro aborrecible, mangos, jícaras labradas, y hasta monos; y los precios son tan módicos que, a pesar de órdenes y reconvenciones en contrario, los pasajeros que en el vapor venían en tercera se atiborraron de toda clase de bebidas y comidas. Ellos, con el cólera que te oíamos a la vista, pagarían pronto con la vida. El camino era suave, plano y sin lodo ni polvo, y el paisaje ameno, aun cuando no llegaba a maravillar.

    Muchos árboles floridos hermoseaban la vista. No faltaba, pues, la vegetación, y a veces nos llegaba una fresca brisa impregnada de fragancias exquisitas. Pasamos dos o tres lomas altas de la más blanda y verde hierba, paisaje que los ojos nunca se cansarían de admirar. A ratos cruzaban el cielo pájaros de quimérico plumaje, y del boscaje salían de cuando en cuando gratas melodías. Pero los monos eran los que más llamaban la atención. Todo mundo allí quería ver un auténtico monito piruetear en las ramas de sus nativos lares. Nuestro interés en las muchachas fue poco a poco decayendo; los pájaros, Jos jicarales con sus globos de jade que parecían frutas; aquellos grandes y curiosos nidos en los árboles que nos dijeron eran "casas" de comején; los limoneros, y hasta una singular especie de bejuco llamado matapalos, largo, delgado y verde, que sube hasta las copas de los gigantescos árboles y les ciñe sus troncos y sus ramas, y los ahoga enrollándose en ellos en un mortífero abrazo vegetal, como si fuera una fea serpiente sin fin. Pero jamás el grupo se cansó de aplaudir al monito montaraz, motivo siempre de curiosidad y gozo.

    Carnaval en el Camino Los cuatrocientos viajeros que éramos, unos a caballo, otros en mulas y otros más en diligencias tiradas por cuatro mulitas, formábamos la más bizarra, astrosa y extraña comparsa que yo jamás hubiera visto. Aquello me recordó las fantásticas carnavaladas con que en el oeste se celebra el cuatro de julio, o aquel martes de carnaval en Nueva Orleans. Los pasajeros de tercera iban casi todos en mulas, con sus abrigos, sacos ahulados y frazadas en continuo bamboleo sobre los faldones de las albardas. De éstas algunas eran nuevas y buenas, pero las había también que ya eran sólo piltrafas. Entre los doscientos cincuenta jinetes no había doce que pudieran llamarse tales, pero todos parecían considerar que siendo las bestias propiedad de la Compañía del Tránsito, era su forzoso deber --de serles posible- matarlas, y ciertamente que parecían empeñados en hacerlo. Como aquellas carreras y gritolera, y apaleadas y riendazos y espueleo, y el zangoloteo de motetes, más el aletear de las albardas, y aquel frenético desbarajuste del atajo de mulas y caballos, más los nalgazos en sube-y-baja de los montados, con el enorme tropel de "amansadores" de bestias y los bandazos y embestidas de las diligencias en el centro de semejante maremágnum, como todo aquello, digo, fue algo que jamás vi antes. Y nunca gocé tanto como en aquel memorable día. Y nunca tampoco vi, como esa vez, la ecuanimidad de Mr. Brown tan alterada. Nuestro filósofo había recibido en San Francisco el encargo de atender a una viuda con tres niños y su niñera.

    Durante todos los días del viaje se había visto obligado a bajar a la pestilente bodega del barco a revolver y alzar montones de baúles de otros pasajeros y rebuscar entre ellos el de la señora para sacar una camisa de Johnny, o un babero para Tommy, o bien un chal de la mamá o de la criada, y hasta tal vez un pañal para el tierno. Pero bien, todas esas friegas fueron nada comparadas con las contrariedades que sufrió cruzando el istmo de Rivas. Tuvo que cuidar de esa pequeña tribu cuando iba montada, y a fin de que siempre estuviera junta en la confusión de Ja cabalgata, rabiató las cinco mulas en fila enrollando el bozal de una en la cola de la otra. El iba adelante de la familia en su caballo con el tierno en brazos; le seguía la señora y los otros dos niños, y la criada por último. Era aquel un espectáculo comiquísimo. Sin embargo, todo iba saliendo bien hasta el momento de la partida cuando a la mula de nuestro filósofo se le antojó iniciar un bailongo. Brown trató de sujetarla un momento con una mano, y en un abrir y cerrar de ojos se pasó al niñito debajo del sobaco izquierdo, y con ambas manos tiró de las riendas para atrás.

    La maniobra le salió bien, pero el grupito de que venimos hablando se metió en la comparsa como el viento causando el asombro de todos, y muchos los recibieron con palmadas y risotadas. De trecho en trecho la mula de Brown se paraba a corcovear, y luego los otros animales se enredaban en un imposible enmarañamiento de patas y mecates. Claro que aquí Brown tenía que soltar un instante al tierno y reacomodárselo enseguida. Renegaba el hombre como un condenado (pero a la sorda) y sudaba como un negro. La caravana entró al final a La Virgen, pero aún antes de llegar ya todos se habían metido en el vaporcito. Los animales, por fin, respiraban en sosiego; todos con la cabeza gacha, y era difícil decir quiénes estaban más cansados y tristones, si ellos o los jinetes.

    Aquello era como un cortejo fúnebre embutido en la turbulenta hilaridad de aquel gentío desembarcado del vapor.

    La Calma

    Alojados ya en el barco, nos sentamos bajo el toldo y comenzamos a almorzar. Fumamos, escribimos las notas de nuestro alegre resbalón a través del istmo, compramos hermosos bastones de caoba hechos por Jos nativos, y por fin quedamos abstraídos contemplando los rizos de las aguas del Lago de Nicaragua y los dos majestuosos conos volcánicos que surgen de las profundidades azules y entapujan sus verdes cumbres entre nubes.

    Carta V

    Vapor ''San Francisco", día de Año Nuevo:

    los Volcanes Gemelos

    Del centro del hermoso lago emergen dos maravillosas pirámides arropadas en un verde fresco y suavísimo, veteadas sus faldas de luces y de sombras; sus cimas perforan las errabundas nubes. Parecen los volcanes apartados del vértigo del mundo, tan tranquilos así como están, inmersos en sueño y en reposo. ¡Qué bien se podría vivir en sus boscosidades, en sus laderas bañadas de sol, y sus aireadas cañadas después del fatigoso trabajo diario, lejos de la ansiedad y el desasosiego de un mundo estrepitoso y agresivo! A estos volcanes no se les ve basamento, pues surgen abruptamente del agua. Por ningún lado se les ve hinchazones ni resaltos; son bien proporcionados y simétricos, de aristas lisas. Uno tiene 4,200 pies de altura y el otro alcanza 5,440, pero como están bastante separados parecen idénticos.

    Un extraño les pondría igual altura, hay quienes dicen que se alzan 6,000 pies, y así parece. Aun cuando en el cielo no se ven nubes, en sus crestas hay siempre algunas en las que se embozan majestuosamente, ambos están apagados, de suerte que su suelo de lava desintegrada es muy fecundo. Hay en ellos muchas haciendas de ganado, de granos básicos, de café y de tabaco.

    Su delicioso clima es el más saludable del istmo.

    Sandwiches, etc.

    El vapor comenzó a cruzar el lago a las 2 de la tarde, y a las 4 de la mañana del siguiente día entramos en San Carlos. De aquí fluye el Río San Juan  hacia el Atlántico (cien millas en doce horas) a no muy grande velocidad que se diga, pero la navegación es cómoda.

    Allí cambiamos a un cascarón de vaporcito con ruedas de paletas en la popa, largo y de dos cubiertas sin camarotes ni tabiques divisorios, todo al raso, con nada que obstruya la vista como no sean los delgados parales que sostienen el toldo.

    Y partimos río abajo sobre la ancha y bella corriente en la gris alborada de una apacible mañana de verano.

    Desayunamos a las ocho. En el vapor del lago nos sirvieron té o café y sandwiches de dos rebanadas de pan y una de jamón en medio. En este vaporcito nos dieron café o té y sandwiches de una rebanada de jamón entre dos rebanadas de pan. Nada como la variedad ...

    Al poco rato todo mundo iba absorto en la contemplación del panorama de las riberas: árboles como cipreses unos, otros enjoyados de vistosas flores; descomunales árboles emplumados de helechos, y cactos gigantescos; macizos de bambúes; en fin, toda clase de árboles y arbustos enmarañados entre intrincados bejucales. De tanto en tanto un claro deja ver la alfombra de yerba verde que se interna en la selva y que palmo a palmo se adelgaza hasta cerrarse del todo.

    Tumba de un vaporcito En esta tierra de exuberante vegetación no se puede hacer en el monte un claro que dure una semana infecundo.

    La naturaleza recoge todo átomo de polvo ambulante y lo obliga a depositar en la tierra sus bazares de verdor.

    De las grietas del suelo brota la maleza hasta la altura de los techos pajizos de los ranchos; si en el gancho de un árbol cae un puñito de polvo, nacen allí enseguida los helechos para mecerse al soplo de la brisa. El filibustero William Walker hundió un vaporcito en el río que al arrastrar sus arenas las fue acumulando alrededor del vaporcito hasta modelar una islita ovalada. Luego el viento le llevó semillas que la vistieron de abundante yerba. En ella crecieron árboles después y subieron los bejucos enredándose entre sí para tejer guirnaldas y coronas. Así se formó la tumba del vaporcito.

    Ya nosotros no pudimos ver de sus restos más que las dos grandes brazas de la popa y de la proa surgiendo de entre la yerba que crecía alrededor de los árboles.

    Era una preciosa viñeta.

    El Castillo

    Al mediodía doblamos triunfalmente un recodo del río y ante nuestra vista irrumpió un majestuoso castillo español, reliquia colonial de los días del pirata Morgan y de sus hombres sin entrañas. Se asienta en la cumbre de un cerro con la selva a sus espaldas. Dícese que el Almirante Nelson, entonces sólo un simple Alférez de Navío, Jo tomó un día y que esa fue su primera hazaña. La acción, que con 250 hombres Je llevó varias horas, fue sangrienta y muy luchada. En nuestros días Walker se apoderó de él con 25 filibusteros y sin disparar un solo tiro, pero fue gracias a Ja traición de su comandante, según decires.

    Al pie del cerro yace un caserío de unas ocho casuchas desgranadas sobre doscientas yardas de la ribera. Hay aquí un peligroso raudal. También se dice que fue hecho exprofeso por los españoles para impedir que los barcos piratas penetraran al interior del país.

    Allí tuvimos que saltar a tierra, caminar por Ja orilla bordeando el raudal y tomar otro vaporcito en el extremo oriental del mismo raudal. Todas las casitas que pasamos eran pulperías con ventas de frutas y otros comestibles. Los bananos, las piñas, Jos cocos y el café son buenos, y Jos puros, bueno ... pues se dejan fumar; pero las naranjas, aun cuando frescas, eran muy malas. La mala calidad lo ha invadido todo. Uno puede comprar allí cuanto quiera de todo eso por sólo un real, y una suculenta comida para dos o tres por medio dólar nada más. Pero eso sí, lleve usted menudo cuando vaya por aquellos lados. El dólar es pedestal y cimiento de cuanto tiene valor, y se le acepta con más confianza que cualquier otra moneda. Paraíso despoblado Conforme bajábamos el río, se iba desplegando ante nosotros la encantadora belleza de sus contornos. Todos cautivados miramos largo rato y en suspenso la maravillosa vista que se abría en frente y a los lados. Pero al fin cesó el embrujo y se oyó un rebullicio de animadas pláticas y comentarios salpicados de exclamaciones exaltadas.

    La clase de vegetación de las riberas había dejado de ser simplemente lozana y era ahora una tupida, alta y pomposa selva. Había en ella lomas, pero las espesas colgaduras de las trepadoras que subían trenzándose en los árboles, las velaban a la vista. Jamás hubiéramos creído que allí había lomas, pero las ramas cimeras descollaban tanto que nunca hubieran podido ser de árboles de la orilla. Al pie de estos ribazos contemplamos encantadoras ensenadas orladas de guirnaldas floridas y fantásticas grutas misteriosas cuya umbrosa profundidad no podía penetrar el ojo; y túneles de misteriosas vueltas y revueltas que llevaban qué se sabe a dónde. Y también preciosos templos, columnas, torres, pirámides, túmulos, cúpulas y muros vegetales. En fin, todas las figuras y formas y líneas de la arquitectura forjadas con los dúctiles y hojosos bejucos, todo ello volcado caprichosamente sobre un crisol de vegetación.

    De cuando en cuando huía precipitadamente entre el boscaje un miquito saltarín o un pájaro de espléndido plumaje rayaba el cielo canicular, o bien de lo más profundo de sus recónditas mansiones brotaban gratas melodías de cantores invisibles. Las perspectivas cambiantes del río renovaban siempre aquel paisaje intoxicante; los meandros y parajes que torcíamos e íbamos pasando presentaban nuevas maravillas que podían ser elevados muros de follaje -brillantes cascadas de enredaderas que caían desde ciento cincuenta pies para confundirse con la yerba del suelo--, bellísimas cataratas de hojas verdes hábilmente sobre puestas unas sobre otras como escamas de pescado, inmensa muralla, maciza a veces, y luego al avanzar descubríase un nicho vegetal, como ventana gótica. con columnas y diversidad de figuras bellas y curiosas.

    Encontramos otro vaporcito destrozado que también se .ha convertido en isla de esmeralda: árboles que llegan a la altura de la armazón del balancín, las obstinadas trepadoras suben sobre su oxidada, ampollada y decrépita caldera. De allí a poco andar divisamosen el interior de la selva primitiva algunas altas y empinadas lomas montañosas; las copas de sus árboles de un verde delicado, untadas de sol, se iban ensombreciendo hasta borrarse por completo; cúpulas sobre cúpulas alzábanse a lo alto hendiendo la esplendente atmósfera, contrastando sus brillantes tintes con un cielo de púrpura violento.

    En las riberas dormitaban asoleándose lagartos de gran tamaño. Pájaros de plumaje llamativo y tremendo picos estúpidamente inmóviles empercha dos en las ramas que entoldaban las orillas le quitaban a uno de momento aquella vaga idea de que esos pájaros sólo existían en los zoológicos; las loras volaban alocadamente sobre nuestras cabezas (qué raro era ver volar a una lora en vez de contemplarla balanceándose en un arco para en seguida dar aletazos de contento) sin hablar una palabra ... Cuando pasó la primera sin decir: .. ¡La lorita quiere masa!", parecía que eso fuera contra su natural, pero no. Y vimos un pajarote larguirucho con un pico como cuerno, y que arqueando en S su alongado cuello alzó vuelo estirando hacia atrás sus largas patas para juntarlas como barra de timón. Se me ocurrió entonces que ese pajarraco estaría mejor en una jaula. a la que naturalmente pertenecía. Y no negaré que desde el momento en que pisé tierra nicaragüense, eso de ver a un mono encaramado en un árbol me pareció extremadamente absurdo y descaracterizado, ya que nunca había visto uno así. y sentí entonces ganas de cogerlo y encadenarlo a la rueda de un vagón debajo de la jaula del tigre de Bengala, en donde se sentiría más en casa y no se vería tan ridículo como en el monte.

    El Latoso

    -¿Cómo se llamará ese curioso árbol todo torcido y despatarrangado que se ve allá? Miré al que hablaba. Ese tipo era por naturaleza, por su físico y por sus modales, un típico latoso; no había duda. Le respondí: -No sé. Sentí ganas brutas de decirle: ¿Y cómo diablos voy a saberlo? ¿Acaso tengo yo la facha de un hijo del país? -Porque parece que fuera olmo, o roble, o algo, pero tal vez no, ¿o no será eso? -No sé, tal vez sí, tal vez no. -Tiene flores grandotas, como de malvados ... -No sé, tal vez sea eso, malvaloca.

    -Oh, no, si no quise decir eso. ¡Mire allá ese manito volatinero! ¿Qué ruido hacen, graznan? -Yo no sé esto siquiera de monos.

    Puede ser que graznen, puede que no; ¡pero tal vez rebuznen! -¿Por qué? Arrié banderas.

    Su simpleza me dejó pasmado. Lo dejé solo.

    A este tipo le había dado por acorralarme en donde quiera que me veía y fastidiarme con reminiscencias idiotas de su insípida existencia; con conocimientos sonsos que· se aprenden en los albores de la vida; con chistes chuecos ya carcomidos por el tiempo que me sacaban de quicio, y con las eternas preguntas sobre cosas de la que yo nada sabía ni me importaba saber. Uno siempre se encuentra en los viajes con calandrajos de esa especie, pero jamás topé con uno que fuera tan fastidioso y exasperante. Un perfecto latoso, en fin.

    En este otro vapor de rueda de paletas en la popa nos dieron té, café y sandwiches con una clandestina rebanada de jamón metida subrepticiamente entre dos rebanadas de pan.

    Nada como la variedad, ¿verdad?. Le da cierto sabor a la más simple dieta.

    Sandwiches, etc.

    Los hombres fumaron, cantaron, tiraron lagartos, hablaron del guayacán. de la caoba, del falso cacao y de otros árboles extraños a nosotros, y se pasaron todo el santo día extasiados en el embrujante panorama del río. Por la noche atracamos en la orilla a 30 millas de San Juan del Norte. Colgaron sus hamacas los que la tenían, y los que no convirtieron en cama sus abrigos. Al poco rato los dos lánguidos fanales· de la proa y de la popa vertieron su tímida luz sobre el apiñamiento fantasmal de la soñolienta multitud.

    Como dije antes, la cubierta de la caldera estaba completamente al aire; al amanecer cayó una lluvia fina y fría que nos despertó a todos. Algunas mujeres se levantaron quejándose de huesos adoloridos, y así también ciertos caballeros no acostumbrados a dormir en piso duro .. Pero estas nimiedades fueron pronto olvidadas cuando aparecieron los pinches de cocina con el desayuno, y los famélicos pasajeros se lanzaron en tropel sobre las bandejas gritando ¡sandwiches!, ¡sandwiches!

    Con regocijo descubrimos que no sólo venían té y café con los benditos sandwiches sino también ¡queso! Verdaderamente la variedad es la sal de la vida. Y ya nadie volvió a hablar de huesos molidos.

    El Paraíso Poblado

    Arribamos a San Juan del Norte temprano del último día del año, y vimos anclado allí al vapor que nos llevaría a Nueva York. El pueblo no es gran cosa que se diga. La tierra sobra por todos lados, por lo que uno se extraña de que no lo hubieran hecho más grande; pero así es la cosa. Consta de unas doscientas viejas casas de madera y de algunos hermosos predios vacíos, y su gracia la aumentan grandemente -estoy al decir que llega a la magnificencia- las muchas ruedas de paletas que se ven en lo que es el puerto. nene el poblado alrededor de 1,800 habitantes que son un mosaico de nicaragüenses, estadounidenses, españoles, alemanes, ingleses y negros jamaicanos. Todos, por supuesto, hablan español. Algunos negritos andan completamente desnudos. y las vacas se pasean de arriba para abajo entre la gente con tanta familiaridad que la pluma no se atreve a describir. Los criollos no son vanidosos, no les importa el lujo y no tienen muebles buenos. Casi todos tienen venta de puros que llaman "poco tiempo" a diez centavos la "mano" (que son cinco), y guaro, frutas y hamacas de cabuya.

    Todo muy barato, y hasta vinos y otros artículos importados, pues los derechos de aduana son bajos. El tránsito de pasajeros es tal que de cada dos casas una es posada; allí, por medio dólar le dan a usted una buena cama.

    No cuesta trabajo hacer la cama en San Juan del Norte, ya que se limita a un colchón, dos sábanas y un mosquitero. Engalanan el pueblo unos cuantos cocoteros, lo bordean chaparrales y por donde quiera sonríen entre la grama los botones rosados de las mimosas. ¡Qué delicia es sonreír sobre la grama! (M. T.).

    El vapor "Santiago de Cuba", en su último viaje. llevó el cólera a Nicaragua causando treinta y_ cinco muertos.

    De eso murió un joven porteño. Esta desgracia sumió a su madre en profundo dolor. La ciudadanía creó entonces una junta de sanidad que prohibió al cólera entrar al puerto. Y en él estábamos cuando arribó el vaporcito de rueda en la popa con los pasajeros de segunda y de tercera, al que inmediatamente se le ordenó quedarse anclado en el río y que ninguno de sus pasajeros saltase a tierra. No fue sino hasta después de veinticuatro horas de estar en cuarentena allí, y al momento de zarpar nosotros, que esos pobres diablos descubrieron la causa del tabú. Se supo entonces que cuando Brown bebía en una cantina del lugar, dijo que ese guaro estaba aguado, pero que, habiendo ya escapado del cólera en el istmo y de las viruelas entre los pasajeros de tercera, creía poder sobrevivir también a esos puercos tragos. En el acto un diligente porteño que lo oyó llevó en carrera la novedad a la junta que seguidamente impuso la cuarentena. Por eso ninguno de esos pasajeros pudo pisar tierra sanjuaneña. Se habló entre ellos de colgar a Brown, pero se quedaron con las ganas.

    Una Lección al Latoso

    Dormimos en tierra, y me parece que a falta de cosa mejor que hacer, Brown acorraló al latoso aquel y le dio por querer hacerle comprender que los lagartos no podrían trepar a un árbol.

    El latoso dijo que eso ya lo sabía. pero el filósofo no paró y entró en minuciosos detalles para probárselo, desentendiéndose de protestas e interrupciones, hasta que redujo al silencio a su víctima y lo puso fuera de combate. Tal vez Brown sólo quiso divertir y divertirse, pero ni su voz ni su manera lo dejaban entrever. Que si hablaba de corazón al pretender probar que un lagarto jamás podría subir a un árbol yo no sabría decir. Pero, sea como fuere, nunca me divertí tanto.

    Nicaragua Tiene esta república algunas ciudades populosas. León cuenta con 48,000 habitantes; Masaya con 30,000; Managua 24,000; Granada con 18,000; Chinandega igual; y hay pueblos grandes con 3,000 y 4,000 habitantes. Su población total es de 320,000; casi toda dispersa en pueblos y ciudades. Sólo los propietarios de bienes raíces y que sean ciudadanos pueden votar. San Juan del Norte no tiene representación en los ayuntamientos. Residentes temporales -extranjeros- a quienes no les interesa la política del país son dueños de propiedades.

    Hay allá muchas minas de oro y de plata. La Chontaleña Mine, compañía inglesa dueña de una mina de oro, tiene un valor de 250,000 libras esterlinas; actualmente la explotan con maquinaria vieja, pero les viene en camino una moderna. Su primera utilidad · fue de 200,000 libras esterlinas. Eso dicen mis notas de viaje, pero, para no perder mi reputación, yo le pongo 20,000, y aún así me parece mucho.

    Una compañía californiana compró dos minas llamadas Albertina y Petaluma, que ya comenzó a explotar. Una de ellas costó 70,000 dólares.

    Una compañía inglesa acaba de comenzar a trabajar otra por la que pagó 30,000 libras.

    Hay allá también minas de carbón, de plata, de cobre y de ópalo. De una de estas últimas, cerca del camino de San Juan del Sur a La Virgen, han sacado ópalos tan grandes como una almendra.

    Nicaragua tiene, asimismo, entre sus numerosos atractivos y fuentes de prosperidad comercial, algunas lagunas y ríos sulfurosos, y también volcanes apagados (una sociedad americana se compró uno de éstos y está invirtiendo dinero en él, segura de poder reactivarlo).

    Del país se exportan loras y monos, hule, madera de tinte, cueros de res, añil, café, cueros de venado, caoba, cacao, oro, ópalos, zarzaparrilla, conchas de carey (fuerte rubro este), y frutas tropicales.

    El negocio de hule es grande. El año pasado San Juan del Norte exportó 112,000 dólares de eso. La libra de hule cuesta allá 28 centavos y en Europa se vende en 54.

    Un solo hombre tiene acaparado el negocio del corte y exportación de caoba en la costa norte del Atlántico.

    Tenía este sujeto una troza valorada en 12,000 dólares, tan grande que varios años estuvo tumbada en la playa antes de que la barra del río tuviera agua suficiente para poder llevarla al barco. Dicen que este año le sacará US$500,000. La exportación de caoba es enorme.

    Y así la de cacao. Algunas de estas haciendas son muy grandes, la del Valle de Menier, propiedad de franceses, por ejemplo, cuesta la friolera de 500,000 dólares.

    Nicaragua podría exportar también, y con buena utilidad, aceite de coco, pero allá nadie se ocupa de eso.

    En el Puerto de San Juan del Norte se cobra un impuesto del 1 O por ciento ad valorem sobre las mercaderías importadas, y a ello debe agregarse un incomprensible recargo del 40 por ciento cuando la mercancía llega al interior del país.

    El salario de los jornaleros en el interior es de 20 a 40 centavos de dólar al día, con comida. Pero es nada lo que ésta cuesta al patrón, pues no les da más que plátanos verdes, remaduros o podridos; en esto no son melindrosos los jornaleros nicaragüenses que se los comen a como sea.Del puerto sale mensualmente un vapor para Jamaica y algún otro o dos lugares más. De allí zarpan rumbo ·a Southampton, Inglaterra. El contrato de la Compañía del Tránsito con el gobierno de Nicaragua fue prorrogado a cincuenta años, por lo que ahora se espera que mejoren el servicio y alojamiento en sus vapores de rueda. Sin embargo, yo no veo que esto llegue a ser realidad un día, como no sea que logren metamorfosear aquella bendita variedad de sandwiches. Se proyecta unir las aguas del San Juan con las del Colorado, y también construir diques y otras obras destinadas a mejorar el puerto. Hecho eso, los vapores podrían rebasar la barra y no tendrían que quedarse cabeceando mar afuera , como ocurre ahora


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    En el 500 Aniversario según los Historiadores "EL DIALOGO CON QUE SE INICIA NUESTRA HISTORIA"-
    tal es el titulo al cambio de impresiones que sostuvieron el cacique
    Nicaragua —que dio su nombre a la provincia— y Gil González el
    5 de Abril de 1523,
    el Español les alzó dos cruces una bajo el techo del templo y otra al raso, en una alta mole hecha de ladrillo Refiere Cereceda que, cuando llevaban a poner la cruz, iban delante pomposamente los sacerdotes y detrás Gil, acompañado del cacique y sus súbditos Mientras la estaban filando, comenzaron a tocar las trompetas y atabales; y cuando la hubieron asegurado por los eslabones que pusieron subió primero a la base Gil, con la cabeza descubierta, y arrodillándose, hizo allí la oración en silencio, y al acabar, abrazándose al pie de la cruz y la besó.
    El cacique, y a ejemplo suyo todos los demás, hizo lo mismo Así los dejó imbuidos de nuestros ritos Ante tal cantidad de preguntas inteligentes, que provocaron pláticas y disputas entre Gil González y los religiosos con el viejo Nicaragua no hay otro remedio que concluir que nuestro cacique ' 'agudo era y sabio en ritos y antigüedades" "Gil González y todos los suyos agrega Gómara— estuvieron atentos y maravillados oyendo las preguntas y palabas a un hombre medio desnudo, bárbaro y sin letras, y ciertamente fue un admirable el razonamiento el de Nicaragua, y nunca indio alguno, a lo que alcanzó, habló como él a nuestros españoles" Por eso Pablo Antonio Cuadra comenta que el cacique Nicaragua tenía un conjunto de mitos elaborados por la antiquísima cultura nahualt, que eran las repuestas ya formuladas con las cuales podía quedar satisfecha una mentalidad primitiva estética el con inquietud crítica, buscaba ' 'conocer la causa de todas las cosas . esa feliz meta del alma contemplativa o filosófica cantada por Virgilio que en su geórgica "'Elogio de la Vida del Campo" hace parecidas preguntas, dignas de un interesante y significativo paralelo.
    Arellano, Eduardo, 1967-Panorama de La literatura Nicaragüense, época antes de Darío.


    ÚLTIMA VISITA DEL POETA A SU PUEBLO

    Cerca del puerto de San Jorge,
    el viento del lago llega como el aliento de Cumbita
    después de chupar un mango.
    Echan a temblar los cocoteros con oropéndolas.
    Ríen los limoneros y naranjos plantados al descuido.
    Se inunda el aire con el aroma de este pueblo pequeño de
    [Buenos Aires,
    en donde nací y viví hasta los quince años;
    donde he visto labrar las mejores jícaras de América;
    y donde se alzan veinte casas decentes y una notable que es la mía
    Sin ser un doctor, hoy camino con dirección a este pueblo
    [de iglesia pulcra y blanca,construida junto a un parquecillo
    de lilas y de brujas, serenos [y geranios,que las muchachas
    nombran para cortar su flor "Jardín del
    [Compromiso"
    En frente, se abre la plaza municipal donde se lidian buenos toros,
    entonces con tres palos de mamón y uno de almendro.
    Y en la esquina noroeste, hallábase la piedra colonial del lugar,
    mojón de su aristocracia provinciana, émula de Rivas durante
    [el siglo XIX.
    Porque en Buenos Aires se vivió una breve existencia de gran mundo.
    Por esta Calle Real en que la hierba crece casi sin ser hollada,
    había un ir y venir de carruajes,
    y un movimiento de almacenes cuando las damas solían
    [comprar sus corsets y sus encantos de Malinas.
    Hoy todo esto se escucha como leyenda.
    Porque los cerdos gruñen y revuelcan su molicie sobre el polvo
    y apenas un cercano ingenio de azúcar da las doce.
    Es hora ya de que me pregunte:
    ¿En dónde están los Quij anos?
    ¿Dónde los Chamorros, los Segovias y Arburolas?
    Nadie sabrá contestarme.
    Un cura. Un panteonero. Un sacristán. Un sastre.
    No podrán siquiera decir lo más reciente.
    ¿Qué se hicieron los Hurtados?
    ¿Qué se hizo mi familia entera?
    Ay, ¡mi madre está muerta!
    Duerme ya en su tumba del cementerio mas ingrimo y agreste.
    Duerme, mientras yo hablo a estas muchachas
    vestidas con humildad y con ensueño:
    Berta, Juana, Julia, Mercedes, Lourdes.
    Porque si yo pregunto por mi madre,
    ¿quién sabría contestarme en Buenos Aires?
    ¿Quién sabrá contestarme, si este pueblo naufraga hacia el cielo,
    surge entre platanares y cae allá arriba de los altos cocoteros
    [canturreantes?
    Es absolutamente cierto que se va con el aroma de su jardín
    [de lirios y de brujas;
    con el perfume que hay en el alma de sus muchachas buenas y sencillas,
    tiernas como el aliento de Cumbita, mi única novia en el pueblo
    después de chupar un mango,
    cerca, muy cerca de San Jorge.
    Alberto Ordóñez Argüello
    (Buenos Aires, departamento de Rivas: 16 de mayo 1914
    San José, Costa Rica, 24 de agosto de 1991)


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    ABANICOS DE RIVAS 











































































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    ÚLTIMA VISITA DEL POETA A SU PUEBLO
    Cerca del puerto de San Jorge,

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    Sinopsis Histórica de Rivas