FRAY FRANCISCO DE BOBADILLA EN LA TIERRA DE LOS NICARAOS
En su visita al Istmo de Rivas (antiguamente Nicaragua) fue un hecho
relevante e Histórico un segundo diálogo con los Caciques, en el que
bautizó a treinta mil indios en nueve días, e hizo construir la iglesia de Nuestra Señora de la Merced en 1528, al día siguiente el padre Francisco de Bobadilla, provincial de la orden nuestra señora de la Merced, hizo llevar una devota imagen de nuestra señora a la iglesia nueva de Santa María y de la la puso sobre el altar, " le dijo a los indios como era la imagen de la madre de Dios y que ahí, debían de ir hacer oración. Que la tuvieran limpia y barrida y que se encomendaran a Dios y a su gloriosa Madre como buenos Cristianos" eso cuenta el cronista de indias Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdez sobra la Iglesia la Merced de San Jorge Oviedo señala que el Viernes, dos de Octubre de 1528, el padre Bobadilla y los Españoles que ahí se encontraban salieron en procesión, junto con los Caciques, los indios y las indias estos últimos cargaron sus ídolos.
El padre Francisco de Bobadilla fue mandado al Istmo rivense por conquistador Pedrarias Dávila en su afán de mantener el poder y acrecentar el territorio, y para viciar el Dialogo que el descubridor de la mar del Sur (Cocibolca) Gil González Dávila hizo con el Cacique Nicaragua como lo refiere Fernández de Ovidio: El cruel Conquistador Pedrarias Dávila, hizo historia mientras marchaba por la vida cortando cabezas, encarcelando a sus enemigos, matando y esclavizando indios, y abusando del poder en su propio beneficio, para acumular una inmensa fortuna.
por eso resultó antipático a casi todos los cronistas, Gonzalo Fernández de Oviedo, que le trató largamente, y con el que tuvo varios diferendos, le consideró un modelo de vicios, una verdadera maldición para sus gobernados y hasta el presunto inductor de un intento de asesinato contra su persona.
Para dar mayor fuerza a sus derechos de conquista, encargó a un pariente de su mujer, el mercedario fray Francisco de Bobadilla, que llevara a cabo la pesquisa e información sobre las creencias de los nicaraos.
Su intención era mostrar que, ni al tiempo de la entrada de Gil González Dávila ni después durante las estancias de Francisco Hernández de Córdoba y de Diego López de Salcedo, había habido en realidad acción misionera digna de tal nombre ni mucho menos las supuestas conversiones de millares de indígenas.
Bobadilla, como escribe Fernández de Oviedo, aceptó de muy buena voluntad este encargo, así por complacer al gobernador como porque él pensaba servir a Dios en ello y echar cargo al Emperador, Nuestro Señor, e hacer de más propósito cristianos todos los indios que pudiese atraer al camino de la verdad para que se salvasen.
Gonzalo Fernández de Oviedo incluyó esta información en su Historia, debió de haberla conocido, bien sea por haber obtenido una copia o traslado de ella del mismo fraile Bobadilla con el que convivió en Nicaragua, o bien porque, de un modo o de otro, le fue proporcionada durante alguna de sus varias estancias en España. Le fue posible incorporar así esos importantes testimonios con los materiales que, por cuenta propia, había recogido él entre los nicaraos.
Saliendo de la Villa de León, donde se encontraba, se dirigió a la tierra de los nicaraos para comenzar su trabajo en el pueblo indígena de Teoca, jurisdicción de la Villa de Granada. Consigo llevó a los intérpretes Luis Dávila, Francisco Ortiz y Francisco de Arcos, así como al escribano público Bartolomé Pérez, los cuales, previamente juramentados, se dispusieron a auxiliar en su tarea a Bobadilla. En su visita que consistió en proponer una serie de preguntas a un buen número de caciques y anciano notara desde un principio, a propósito de las lenguas que allí se hablaban, que "la principal es la que llaman de Nicaragua y es la mesma que hablan en México o en la Nueva España .
Los diálogos entre Fray Francisco de Bobadilla y algunos indios ordenados por Pedrarias Dávila con el objeto de averiguar cuántos cristianos habían antes de su llegada (y qué pensaban y sentían de Dios y la inmortalidad del alma) y adquirir una información, si no completa, al menos veraz de las creencias, titos y ceremonias de nuestros indios.
El primer entrevistado por el padre mercedario fue el cacique Chicayatonal* a quien bautizó y llamó Alonso de Herrera Luego interrogó a Miseyboy, cacique a quien antes le habían echado agua en la cabeza, pero olvidaba su nombre Después conversó con el cacique Avagoaltegoan, llamado Francisco; con Tacoteyda, sacerdote de sesenta años; y Coyevet, indio viejo de ochenta años A estas preguntas, que duraron diez días, estuvieron presentes el clérigo Diego de Escobal, el capitán Johan Gil de Montenegro y Alonso de Herrera Dávila, además de los intérpretes El misionero, posteriormente, cambió de táctica en su encuesta: reunió a trece caciques y sacerdotes e hizo sus preguntas que fueron ampliamente contestadas Oviedo cuenta que, recién llegado el padre Bobadilla, llovió cinco días seguidos en la provincia, lo que impresionó a los indios, pues venían sufriendo una sequía.
Los Nicaraos Tenían sus casas de oración a quien llaman Orchilobos, como en la Nueva España ... " y asimismo la respuesta del grupo nicarao de "trece caciques e principales e padres o sacerdotes de aquellos infernales templos'' a los que preguntó fray Francisco de Bobadilla "si eran naturales de aquella tierra de Nicaragua o de dónde venían".
"No somos naturales de aquesta tierra -dijeron los nicaraos ha mucho tiempo que nuestros predecesores vinieron a ella, e no se nos acuerda qué tanto ha, porque no fue en nuestro tiempo.
La tierra de donde vinieron nuestros progenitores se dice Ticomega
e Maguatega, y es hacia donde se pone el sol: e viniéronse porque
en aquella tierra tenían amos a quien servían, e los tractaban
mal."
Miguel León-Portilla
Religión de los nicaraos
Análisis y comparación de tradiciones
culturales nahua
México
Universidad Nacional Autónoma de México
Instituto de Investigaciones Históricas
1972
120 p.
Los Testimonios y los orígenes Nicaraos.
Arellano, Jorge Eduardo
Panorama de la Literatura nicaragüense
(época Anterior a Darío)1967
WILLIAM V. WELLS EN SU VISITA A RIVAS
A principios de 1854 salí de San Francisco, California, para visitar Centro América con el propósito de obtener ciertas concesiones mineras y comerciales del Gobierno de Honduras.
Nos transportamos con nuestros equipajes de San Juan del sur a Rivas a razón de Cuatro dólares por mula utilizada nuestros ponchos, seguimos adelante, pensando con ansiosa esperanza en nuestra llegada a Rivas.
Fue con orgullo de norteamericanos que vimos la carretera macadamizada que en una distancia de treinta millas cruza una tupida selva, contrastando el aspecto selvático del país con la evidencia de la civilización y el resultado de una industria activa desplegada en los puentes y excavaciones a lo largo de la rula. Este trabajo era uno de los muchos ejemplos fuera de los límites de los Estados Unidos, donde el genio y el espíritu de empresa de nuestros compatriotas están venciendo los errores de los climas tropicales.
Por !;ahí, a la mitad del camino llegamos a un lugar elevado desde el cual, a través del bosque abierto hacia el Oriente, dimos un vistazo al Volcán Ometepe, situado en la isla de ese mismo nombre, al Este de la Bahía de la Virgen. Al mediodía la atmósfera perfectamente clara, los rayos del sol caíAn produciendo el extraordinario color añil descrito en varias obras sobre Centro América como característico de las montañas distantes del país. Esto era la primera vista que tenía de la gran cadena de volcanes que se extiende de parte a parte de Nicaragua, y no fue sino hasta entonces que empecé a darme cuenta de que estaba en medio del paisaje y del verdor florido de los trópicos, en una tierra cuya historia, prolongada hacia atrás al descubrimiento del continente, era abundante en interés y en romance.
Poco después del mediodía llegamos a la pequeña población denominada Bahía de la Virgen, detuvimos nuestras cabalgaduras en la casa del Juez Cushing en este tiempo Agente interino de la Compañía de Tránsito Fuimos invitados gentilmente a desmontarnos; y cuando al entrar en el fresco e imponente salón del agente, fui presentado a un viejo y valioso amigo (últimamente Encargado de Negocios en Ecuador), me sentí bien pagado del abrasador viaje desde San Juan del Sur.
Desde la ventana, abierta hacia el lago, obtenía yo una bella vista de esta notable extensión de agua. Una brisa suave y fresca llegaba al cuarto. desde allá. Lejos, por el Sureste, el chubasco diurno o borrasca vespertina de la estación lluviosa se estaba formando, y sombras espesas lanzadas por las encastilladas nubes deslizándose gradualmente hacia arriba hasta que todo el horizonte del Sur quedó en plena obscuridad y los picos elevados del Ometepe y del Madera se envolvieron en nubes impenetrables. Los vivos relámpagos y los truenos retumbantes anunciaron pronto la inminente tormenta, y un minuto después se cerró del iodo por una cortina de agua que, al pasar por la ciudad, se evaporaba de los calientes tejados, con un efecto curioso.
El Juez Cushing nos aseguró que ésta no era ni remotamente igual a las tormentas propias de la estación. Fue, no obstante, de corta duración, y habiendo aclarado el cielo ahí por las dos de la tarde, nos preparamos para continuar nuestro viaje hacia Rivas, distante como diez millas.
El camino de la Bahía de la Virgen a Rivas va por las orillas del lago cerca de cuatro millas, y el resto por campos bien cultivados, en grandes y pequeños secciones, con cacao y otras plantaciones A nuestra izquierda se extendía un impenetrable bosque de ceibas, Guanacaste y otros árboles cuyo obscuro follaje parecía desconocido y abandonado como cuando los viejos conquistadores españoles pisaron por primera vez este suelo prolífico.
A nuestra derecha, el gran lago, impresionando nuestros sentidos con su inmensidad, y en donde, contra un cielo de ensoñación, una goleta acortaba su ruta hacia Granada.
Esta fue la única señal de actividad comercial. Las tormentas recientes habían puesto las aguas revueltas, y el fuerte oleaje se rompía en la playa, mojando frecuentemente las patas de nuestras mulas y, a veces, se estrellaba atrevidamente contra un promontorio, para bordear el cual nos veíamos obligados a entrar en el lago. apresurar nuestros animales y hundirse hasta la altura de las cinchas. Allá lejos y asomado en los cielos claros, a la derecha y aparentemente surgiendo del agua estaban el Ometepe Concepción y el Madera; la isla en la cual se hallan situados desaparecía en el horizonte.
Estos volcanes son mojones en todo el país.
Hay varias leyendas sobre el volcán Ometepe, que se estima de seis mil pies de altura, aunque no tenga noticias de que se haya medido su elevación alguna vez. Hay en la isla varias familias de indios, que se ganan la vida fácilmente cultivando legumbres, que venden en la Bahía de la Virgen, a donde van en bongos iodos los días.
Me informó Mr. Geer, caballero residente desde hace varios años en la Bahía de la Virgen y San Juan del Sur, que nadie, según se sabe, ha ascendido hasta su cúspide. El, en compañía de dos intrépidos amigos, intentó el ascenso hace tres años y habiendo salido de la base a las cinco de la mañana, llegó hasta pocos centenares de pies de la cima, diez horas después.
Aquí encontraron una elevada pendiente cubierta de cenizas, que les fue imposible subir, hasta que, exhaustos por los esfuerzos y deslizándose a cada momento, regresar, emprendiendo el descenso la misma tarde.
Un indio viejo sostiene haber alcanzado la cima hace muchos años y dice que existe un lago, que él describe como un extinto cráter . Mr. Geer trató de confirmar esta creencia. a la cual los viejos nativos se adhieren fuertemente, y se inclina a aceptarla porque al observar hacia arriba, contra el lado perpendicular de una roca, se ven sombras peculiares como las producidas por la reflexión de la luz solar sobre las olas contra un muro. Hay también una considerable corriente que sale del lado de la montaña, unos pocos centenares de pies sobre el nivel del lago, lo cual apenas podía formarse de otra manera que no fuera la de haber un lago en la parte superior.
Las constantes nubes alrededor de la cúspide parecieran indicar tal cuerpo de agua. Una investigación futura sin embargo, resolverá sin duda alguna el problema.
Las playas del Lago de Nicaragua difieren poco de las del océano y una persona extraña al lugar, en presencia de las marejadas que se levantan impulsadas por el fuerte viento, podría suponer fácilmente que se encuentra en las playas del mar.
CUANDO ME DETUVE EN UN PROMONTORIO O CABO SALIENTE DEL LAGO Y NOTE LA ESPLÉNDIDA EXIENSI6N DE AGUA ANTE MÍ -UN HORIZONTE DE OLAS, NAVEGABLE POR GRANDES VAPORES EN CASI TODAS SUS PARTES, RODEADA POR TIERRAS REBOSANTES DE UNA VEGETACIÓN ESPONTÁNEA Y JUSTAMENTE DENOMINADA "EL JARDÍN DEL MUNDO"- NO PUDE REPRIMIR UN SENTIMIENTO DE HONDA PENA DE QUE UN LUGAR AL QUE LA NATURALEZA PARECIERA HABER OTORGADO SUS REGALOS MÁS PRECIOSOS, FUERA DEL TEATRO DE SANGRIENTAS REVOLUCIONES E INFRUCTUOSAS GUERRAS; DONDE LA AGRICULTURA Y EL COMERCIO SÓLO EXISTEN DE NOMBRE, Y SU HISTORIA SEA UN BALDÓN PARA LOS DUEÑOS DE ESTE SUELO.
SEGURAMENTE QUE UN PAÍS TAN FELIZMENTE UBICADO, QUE DESCANSA A MEDIO CAMINO ENTRE LOS CINCO CONTINENTES, DEBIERA. DESDE HACE TIEMPO SER CAMPO DE INDUSTRIAS, YA BAJO LA GUÍA DE SUS PROPIOS HIJOS, YA EN LA DE MANOS EXTRAÑAS.
A lo largo de nuestra ruta encontramos bandadas de aves acuáticas, algunas de la especie de las garzotas. Pasábamos a pocas yardas de ellas antes que levantaran el vuelo con estridentes gritos y se posaran ahí no más a corla distancia. Evidentemente era que nunca se les molestaba o mataba.
Una variedad de excelentes peces puede ser extraídos del lago; no obstante. durante nuestra permanencia en sus vecindades jamás nos fueron ofrecidos en venia. Resultaba claro que los moradores son tan indolentes hasta para aprovecharse de este manjar.
Grandes tiburones se han capturado en el lago, y hace pocos meses una mujer de la Bahía de la Virgen, que se hallaba lavando ropa en sus orillas, fue atrapada y devorada por un cocodrilo.
Un alto farallón rocoso nos impidió continuar por la playa; tuvimos que seguir por un angosto pasillo hacia la izquierda que conducía directamente a los bosques y, después de hundirnos en un lodazal negro donde las mulas se iban hasta las rodillas a cada paso, salimos de nuevo al lago, en la boca de un río de cerca de cincuenta yardas de ancho, conocido como Río Lajas. Este río, sin agua durante la estación seca, era ahora de una profundidad formidable, y nuestros hombres nos informaron que era retiro de cocodrilos, que aquí se refugiaban entre las cañas y los arbustos para defenderse de los fuertes vientos.
Un canoa, hecha de un tronco de ceiba ahuecado, permanecía atada en un banco de arena. Dos barqueros semidesnudos o de arena. Dos barqueros, medio desnudos, estaban cocinando carne en un fuego hecho cerca de una choza de ramas y juncos, que les servía de morada. Nazario comenzó a desensillar nuestras mulas y a poner los arreos dentro de la canoa, mientras Chico, el sirviente del Doctor, hombrecillo vivaz, de Costa Rica. atendía el equipaje de su amo.
Mientras nos preparábamos para embarcarnos, nos llamaron la atención tres o cuatro grandes objetos negros a pocos cientos de yardas arriba del río que, según nos dijeron nuestros hombres, eran cocodrilos.
Nada grato era el desmañado y balanceante barco en que íbamos a maternos sopesé las oportunidades de un baño en las aguas lentas y la posibilidad de conceder una o ambas de mis piernas a los monstruos que, evidentemente, estaban atentos a nuestros movimientos.
Las mulas, después de recibir algún varazos y regaños se tiraron a la corriente hundiéndose hasta las narices se aprestaron con decisión a atravesarlas.
Estábamos a una milla de Rivas cuando salió la luna, haciendo nuestro camino más visible; y pronto el ladrido furioso de una manada de perros nos confirmó que entrabamos a los arrabales de la ciudad.
Las casas de paja y teja eran más frecuentes y el ruido de los perros atraían a su puerta a los perezosos campesinos, que nos escudriñaban con la mano puesta a modo de visera en la frente, mientras chapoteábamos, contestaban brevemente a nuestros saludos y nos observaban en silencio hasta que desaparecíamos en la obscuridad.
Al voltear una esquina formada por una línea de casas bajas de adobe y encaladas, atravesamos una calle medio empedrada, en un silencio de tumba, y cabalgando por ella llegamos a la gran Plaza de Rivas, que vimos a los rayos tenues de la luna, con su iglesia inconclusa y sus buenas residencias presentando un espectáculo más impresionante del que esperábamos y provocando esperanzas gratas para la mañana siguiente.
Seguimos al Doctor hasta la puerta r hasta la pueda de la casa más importante de la plaza. de donde salió un caballero que nos habló en inglés y se nos presentó como el Dr, Cole. Con característica hospitalidad fuimos invitados a apearnos se prepararon hamacas y camas para nuestro grupo, se envió un muchacho a encontrar a nuestros arrieros retrasados con las mulas de carga, y media hora después se nos dada una cena con café caliente, huevos y pan dulce, preparada por la propia señora de la casa, con quien nuestro anfitrión se había casado recientemente, siendo ella miembro de una de las primeras familias del Departamento.
Mientras se preparaba la cena dimos un paseo por la calle más cercana, ahora iluminada claramente por la luna, y pasando por las ruinas de la iglesia de San Felipe, destruida hacía algunos años por un terremoto, llegamos a un cuartel de madera y barro, con una tronera fuera de la cual emergía la boca de un pequeño cañón. La voz fuerte y de alarma que nos gritó: "Quién vive nos persuadió de que estábamos en una ciudad acuartelada. "La Patria", contestamos. "Qué gente?". "Nicaragua”
La noche era ya bastante avanzada cuando, disponiendo de la hospitalidad amable de nuestro anfitrión, nos refiramos a descansar y dormimos profundamente, a pesar del balido de un cabrito y de las picadas de esos indispensables artículos caseros: las pulgas.
Se cree que la actual ciudad de Rivas se halla ubicada en el sitio donde estuvo una ciudad más antigua, por haber rastros de calles viejas que van en dirección contraria las actuales. Habiendo sido el Departamento Meridional, del cual es la capital, víctima de más terremotos catastróficos que las secciones norteñas del país, se cree que tales ruinas son de una ciudad que fue destruida hace un siglo. No existe, sin embargo, una fuente segura para tal aseveración.
La ciudad se asienta en el centro de un extenso llano, superpoblado de exuberante vegetación entremezclada con plantaciones de cacao. café, caña de azúcar y añil, consideradas entre las más valiosas del país. Se encuentra situada como a tres millas del lago y está rodeada de varias pequeñas poblaciones que son propiamente arrabales de Rivas, pero cada una lleva su nombre particular.
La ciudad con sus alrededores es sin duda la tercera en población de Nicaragua, aunque el follaje que ofrecen las numerosas y pequeñas haciendas y el espacio para jardín que se reserva cada residencia, esconden sus verdaderas proporciones. Hacia el lago y sirviendo como un embarcadero de la ciudad, está la aldea de San Jorge, que comúnmente se considera como parte de Rivas.
Los habitantes del Departamento Meridional son en su mayoría "mestizos". AL TIEMPO DE MI VISITA CASI TODOS LOS HOMBRES HABÍAN HUIDO HACIA LOS LUGARES MÁS APARTADOS DEL PAÍS, PARA EVADIR SU ENGANCHE EN EL EJÉRCITO, NO HABIENDO RESPETO HACIA NADIE CUANDO EL GOBIERNO NECESITA SOLDADOS ESTO DEJÓ A LOS DEPARTAMENTOS, ESPECIALMENTE A AQUELLOS DEDICADOS AL CULTIVO DEL CACAO, ENTERAMENTE SIN TRABAJADORES, Y EN MUCHOS CASOS EL RESULTADO DE AÑOS DE PACIENTE LABOR SE PERDÍA POR EL RECLUTAMIENTO FORZOSO DE LOS TRABAJADORES DE LAS PLANTACIONES. CON TALES MÉTODOS, NO PODÍA HABER MUCHO INCENTIVO.
PARA LA INDUSTRIA AGRÍCOLA. EN VERDAD, FUI VERAZMENTE INFORMADO POR MR. SFANISBURY, CASADO CON UNA RIVENSE, QUE LA PROPORCIÓN ENTRE MUJERES Y HOMBRES ERA DE CUATRO A DOS EN AQUEL TIEMPO, DEBIDO AL ÉXODO DE LOS HABITANTES MASCULINOS.
La mayoría de las haciendas se comunican con el camino real por veredas casi ocultas que se extienden por millas hacia el interior y que no podían ser localizadas, a no ser por ojos experimentados.
Estas haciendas se hallan situadas en parajes remotos y tan lejos como es posible del teatro de las frecuentes revoluciones que devastan el país anulando la labor de los cultivadores. Los nativos iban ocasionalmente a la ciudad con legumbres y frutas, pero en tiempo de revolución con el constante temor a ser reclutados.
Las casas en las fincas del país, como también en las pequeñas poblaciones, son por lo general toscas cabañas construidas con cañas y en fechadas con hojas secas de palma, las que. convenientemente colocadas, son impermeables a la lluvia. No hay chimeneas y la puerta sirve de escape para el humo, y a menudo la preparación de los alimentos se lleva a cabo al aire libre y la familia se sienta haciendo rueda frente al fuego en las horas de comida. En ninguna época del año el clima es tan severo como para exigir que las casas sean de mayor solidez. En las ciudades más grandes, no obstante, las habitaciones son de adobe limpias y hasta bellamente construidas, 'regularmente blanqueadas con cal y sus techos entejados.
El café y el cacao que se cultivan en las vecindades de Rivas se cotizan a precios más altos que los de cualesquiera de los otros Departamentos.
Pero el cacao poco se exporta, siendo la mayor parte aprovechada en el país donde es articulo universal en la alimentación en la forma de una bebida espesa, pero sumamente agradable, llamada tiste, que se consume por todas las clases sociales.
La ciudad de Rivas tiene cerca de cinco mil habitantes y es el centro comercial del Departamento. Sus calles están frazadas con regularidad, empedradas y con una anchura uniforme. Las casas son de una sola planta, con techos de teja, puertas sólidas de cedro y con un portón de entrada también entejado. Una casa de habitación corriente, incluye un cuadro vacío que es el patio, al que dan las puertas de los cuartos inferiores y alrededor del cual se extiende el corredor.
Este sirve para acomodar mercaderías, provisiones, equipaje de los viajeros, sillas de montar y todas las cosas comunes del mobiliario familiar. Las casas constan de un locutorio familiar llamado sala y de varios dormitorios. El mobiliario se halla parcamente colocado por todos lados de la sala y por lo general consiste en unas pocas sillas pesadas y de respaldar recio, un armario guardarropa y una o dos mesas pequeñas.
A la mañana siguiente de nuestro arribo Desplegamos gran actividad desde muy temprano, y habiendo hecho nuestra ablución en una vieja tina en el patio, comenzamos con nuestro anfitrión a visitar la ciudad.
Durante nuestra permanencia de una semana, hicimos frecuentes excursiones al campo a fin de inspeccionar las haciendas de los alrededores y observar el método de cultivo del cacao y de la caña. Una finca de cacao tiene de seiscientos a cinco mil acres de tierra.
La de "Santa Úrsula", a dos millas de la ciudad, más o menos, y propiedad del Señor Lacayo, es una de las mejor cultivadas de la vecindad y consta de alrededor de dos mil árboles.
La hacienda del Señor Argüello es también una de las más grandes y más valiosas en el Departamento. Estas, como otras en esta sección del país, están decayendo rápidamente.
Sólo tres hombres vivían en la finca, y el triste silencio era inviolado, salvo por el crujido de los maderos negros y de los plátanos que, con los cactus, forman una sombra protectora de los árboles jóvenes hasta que ganan suficiente fuerza para resistir los fieros rayos del sol.
El mayordomo nos recibió a la entrada; gentilmente nos invitó a pasar, y con entusiasmo contestaba a nuestras preguntas, lisonjeado por nuestra admiración, pronto se volvió locuaz y nos describió el método de cultivo
Muy poco personal se necesita para cuidar una plantación no más grande que ésta de "Santa Úrsula"; la mayor parte de la labor corresponde al tiempo de la cosecha. Se deja que las hojas caídas se pudran en el suelo; las raíces de los árboles, sin embargo, se mantienen cuidadosamente limpias y cada día los niños del mayordomo o los de los trabajadores van de un lado a atro de la plantación destruyendo los insectos que, si se les dejara, serían fatales a los árboles. El terreno de Toda la finca.
Nada puede exceder a la quieta belleza de uno de estos fundos. Tanto como puede alcanzar la mirada aparece el follaje esfumándose en la distancia y la perspectiva rodeada de una umbrosa verdura. El suelo esta perfectamente nivelado, espesamente cubierto con hojas secas caídas a tierra a causa de las lluvias, a través de las cuales millares de delicados pimpollos y de bellos boiones revientan embalsamando el ambiente con grafos aromas. Las cerezas rojas de los cafetos, el color dorado del cacao y de las frutas en racimo de los plátanos, las naranjas y las limas ofrecían un agradable contraste con la esmeralda profunda de la fronda.
Arriba, en medio de las hojas protectoras de los palos negros, se agitaban bandadas de loros dándose prisa, con su parloteo ruidoso, de árbol en árbol, mientras a intervalos el grito áspero de las guacamayas partía el silencio, apenas visibles allá en las ramas más alias de un distante Guanacaste. La única señal de la presencia humana era la voz de nuestro cicerone cuando señalaba algún curioso arbusto explicándonos sus propiedades o dirigía nuestra atención hacia la exuberancia de las brillantes flores tropicales
.
AQUÍ EN VERDAD, PARECÍA LA REGIÓN DE LA ETERNA FLORESCENCIA, EN DONDE RÚSTICAMENTE Y SIN NINGUNA ATENCIÓN, LAS PLANTAS MÁS RARAS Y LAS FLORES MÁS BELLAS EMITEN SU FRAGANCIA SINGULAR SATURANDO EL AIRE DE RICOS BÁLSAMOS,
¡APACIBLE "SANTA URSULA"! ¡PASARÁN MUCHOS, MUCHOS AÑOS, ANTES QUE TU SOLEMNE BELLEZA PUEDA BORRARSE DE MI CORAZÓN!
Cuando regresábamos, a la entrada de la hacienda nos paramos a charlar con una muchacha de rostro bonito y pulcramente vestida, hija de propietario, que nos invitó a pasar adelante, a la vieja casa de adobe. Al hacerlo, media docena de perros bravos, excitados por nuestra apariencia extraña, salieron del corredor a ladrarnos, pero regresaron sobre sus pasos al reproche de su ama.
Una sonriente y sencilla indita, sirvienta de nuestra amiga, se hallaba cómodamente cosiendo un vestido de fantasía para una fiesta próxima.
Levantó sus bellos ojos negros hacia nosotros mientras nos acercábamos, y prontamente reasumió su labor; y a una pregunta casual que le hice, sólo vio a su ama y se puso a reír. A diferencia de las mujeres de la clase humilde que yo había visto; esta usaba zapatos y medias, artículos de lujo a los cuales evidentemente no estaba acostumbrada, dada la pesadez en su andar cuando se levantó y nos trajo bananos. Casi todas las mujeres de Rivas usan collares, anillos y aretes baratos que compran al buhonero ambulante, tipo familiar en todo el Sur de Nicaragua desde la apertura de la Ruta del Tránsito.
El ministro Norte Americano George Ephrain Squier cumple uno de sus principales objetivos en el territorio de Nicaragua, la visita al istmo de Rivas.
fui recibido en la finca de Cacao que pertenecía al señor hurtado uno de los senadores del estado, y por cuya invitación me encontraba entonces en esa zona de la república. La casa está en lo alto y en el amplio corredor que ocupa todo el frente, el señor Hurtado y su familia disfrutaban, con toda comodidad.
Al día siguiente visita municipios como el Obraje, Potosí, San Jorge, El valle de Brito y haciendas productoras de añil.
Asuntos urgentes que tuvo que atender en la capital de león y que lo obligaron a retornar, interrumpieron su periplo y principal mente una excursión a la isla de Ometepe.
Squier,Efraín George , Nicaragua, sus gentes y paisaje
UN VIAJE DE ENRIQUE GUZMAN A RIVAS
En el 500 Aniversario según los Historiadores "EL DIALOGO CON QUE SE INICIA NUESTRA HISTORIA"-
tal es el titulo al cambio de impresiones que sostuvieron el cacique
Nicaragua —que dio su nombre a la provincia— y Gil González el
5 de Abril de 1523,
el Español les alzó dos cruces una bajo el techo del templo y otra al raso, en una alta mole hecha de ladrillo Refiere Cereceda que, cuando llevaban a poner la cruz, iban delante pomposamente los sacerdotes y detrás Gil, acompañado del cacique y sus súbditos Mientras la estaban filando, comenzaron a tocar las trompetas y atabales; y cuando la hubieron asegurado por los eslabones que pusieron subió primero a la base Gil, con la cabeza descubierta, y arrodillándose, hizo allí la oración en silencio, y al acabar, abrazándose al pie de la cruz y la besó.
El cacique, y a ejemplo suyo todos los demás, hizo lo mismo Así los dejó imbuidos de nuestros ritos Ante tal cantidad de preguntas inteligentes, que provocaron pláticas y disputas entre Gil González y los religiosos con el viejo Nicaragua no hay otro remedio que concluir que nuestro cacique ' 'agudo era y sabio en ritos y antigüedades" "Gil González y todos los suyos agrega Gómara— estuvieron atentos y maravillados oyendo las preguntas y palabas a un hombre medio desnudo, bárbaro y sin letras, y ciertamente fue un admirable el razonamiento el de Nicaragua, y nunca indio alguno, a lo que alcanzó, habló como él a nuestros españoles" Por eso Pablo Antonio Cuadra comenta que el cacique Nicaragua tenía un conjunto de mitos elaborados por la antiquísima cultura nahualt, que eran las repuestas ya formuladas con las cuales podía quedar satisfecha una mentalidad primitiva estética el con inquietud crítica, buscaba ' 'conocer la causa de todas las cosas . esa feliz meta del alma contemplativa o filosófica cantada por Virgilio que en su geórgica "'Elogio de la Vida del Campo" hace parecidas preguntas, dignas de un interesante y significativo paralelo.
Arellano, Eduardo, 1967-Panorama de La literatura Nicaragüense, época antes de Darío.
ÚLTIMA VISITA DEL POETA A SU PUEBLO
Cerca del puerto de San Jorge,
el viento del lago llega como el aliento de Cumbita
después de chupar un mango.
Echan a temblar los cocoteros con oropéndolas.
Ríen los limoneros y naranjos plantados al descuido.
Se inunda el aire con el aroma de este pueblo pequeño de
[Buenos Aires,
en donde nací y viví hasta los quince años;
donde he visto labrar las mejores jícaras de América;
y donde se alzan veinte casas decentes y una notable que es la mía
Sin ser un doctor, hoy camino con dirección a este pueblo
[de iglesia pulcra y blanca,construida junto a un parquecillo
de lilas y de brujas, serenos [y geranios,que las muchachas
nombran para cortar su flor "Jardín del
[Compromiso"
En frente, se abre la plaza municipal donde se lidian buenos toros,
entonces con tres palos de mamón y uno de almendro.
Y en la esquina noroeste, hallábase la piedra colonial del lugar,
mojón de su aristocracia provinciana, émula de Rivas durante
[el siglo XIX.
Porque en Buenos Aires se vivió una breve existencia de gran mundo.
Por esta Calle Real en que la hierba crece casi sin ser hollada,
había un ir y venir de carruajes,
y un movimiento de almacenes cuando las damas solían
[comprar sus corsets y sus encantos de Malinas.
Hoy todo esto se escucha como leyenda.
Porque los cerdos gruñen y revuelcan su molicie sobre el polvo
y apenas un cercano ingenio de azúcar da las doce.
Es hora ya de que me pregunte:
¿En dónde están los Quij anos?
¿Dónde los Chamorros, los Segovias y Arburolas?
Nadie sabrá contestarme.
Un cura. Un panteonero. Un sacristán. Un sastre.
No podrán siquiera decir lo más reciente.
¿Qué se hicieron los Hurtados?
¿Qué se hizo mi familia entera?
Ay, ¡mi madre está muerta!
Duerme ya en su tumba del cementerio mas ingrimo y agreste.
Duerme, mientras yo hablo a estas muchachas
vestidas con humildad y con ensueño:
Berta, Juana, Julia, Mercedes, Lourdes.
Porque si yo pregunto por mi madre,
¿quién sabría contestarme en Buenos Aires?
¿Quién sabrá contestarme, si este pueblo naufraga hacia el cielo,
surge entre platanares y cae allá arriba de los altos cocoteros
[canturreantes?
Es absolutamente cierto que se va con el aroma de su jardín
[de lirios y de brujas;
con el perfume que hay en el alma de sus muchachas buenas y sencillas,
tiernas como el aliento de Cumbita, mi única novia en el pueblo
después de chupar un mango,
cerca, muy cerca de San Jorge.
Alberto Ordóñez Argüello
(Buenos Aires, departamento de Rivas: 16 de mayo 1914
San José, Costa Rica, 24 de agosto de 1991)









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